Revisionismo rockero

Por J.C. Maraddón
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ilustra al maestro al cariñoConocida es la leyenda sobre los orígenes marginales del rock nacional, su mito fundacional acerca de perdedores hermosos que pasaban veranos a pan y mate en Villa Gessell, e inviernos de pizza y vino en antros porteños como la Perla de Once. Mientras la dictadura de Onganía los llevaba a las seccionales para cortarles el pelo al ras, Galtieri iba a echar mano a su repertorio durante la Guerra de Malvinas para reemplazar a la música en inglés que difundían las radios.
Entre una situación y la otra, ese movimiento artístico constituyó un foco de resistencia pacífico, no solo contra la represión política, sino también contra las pautas impuestas por el mercado en cuanto a gustos y tendencias de la gente. Con la recuperación de la democracia en 1983, el género picó hacia arriba y se erigió en un faro para la industria discográfica local, con los obvios cuestionamientos éticos que este proceso desató hacia adentro y hacia afuera.
Cuando se aproxima la fecha del cincuentenario del surgimiento oficial del rock vernáculo- con la publicación del single “Rebelde” del grupo Los Beatniks en junio de 1966- y cuando ya han transcurrido más de tres décadas desde que este estilo se acreditó la consideración masiva, no resulta tan llamativo que su derrotero sea objeto de reflexiones retrospectivas en diversos formatos. Porque si bien los primeros libros que hablaban sobre sus orígenes se editaron hace muchísimo tiempo (el clásico “Cómo vino la mano”, de Miguel Grinberg, data de 1977), a esta altura de los acontecimientos se pueden proyectar análisis con una perspectiva más amplia sobre cuál ha sido la evolución de aquel embrión contestatario.
En esta semana, coinciden en Córdoba dos de esos enfoques que toman al rock nacional como objeto de investigación. Uno de ellos es el resultado de un seminario gestado desde la carrera de Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba, en tanto el otro consiste en un ciclo de documentales que se exhiben en el Cineclub Municipal Hugo del Carril. Ambos comparten la intención de tomarse muy en serio aquello que, en la época de su génesis, apenas si merecía el trato de una moda pasajera.
Ayer comenzaron en el subsuelo de Radio Nacional (Santa Rosa esquina Avda. General Paz) los encuentros semanales de “Música de la eternidad imaginaria. Una aproximación a la obra de Luis Alberto Spinetta”, que ya van por su segunda edición, siempre a cargo de los docentes Claudio Díaz, Federico Sammartino y Lucio Carnicer. Todos los miércoles de 19 a 22, se abordan uno por uno los discos editados por Spinetta a lo largo de su extensa carrera, con entrada libre y gratuita para el público en general.
En el Cineclub Municipal, mientras tanto, se proyectará entre hoy y el domingo una serie de rockumentales que se refieren a intérpretes como Pescado Rabioso, Pajarito Zaguri, Virus o Los Peyotes, a fenómenos como el movimiento rockero cordobés y a personajes como los plomos, entre otras temáticas. Bajo el título general de “La Pesada del DOC”, el ciclo alumbra zonas no demasiado exploradas por la historia oficial del rock argentino, plagada de lugares comunes a los que con cierto revisionismo pretende cuestionar.
A partir de esta actualidad en la que el panorama rockero del país se muestra bajo peligro de fosilización, repasar los “corsi e ricorsi” de su trayecto vital nos da acceso a un mangrullo desde donde se vuelve factible visualizar la fórmula para revivificar su savia. Y, de paso, reencauzar el rumbo que trazaron esos pioneros indiscutidos, quienes en su lucha cotidiana jamás podían imaginar la longevidad que tendría su invento.