La parábola de Bianchi

Por Gonzalo Neidal

Conf_Bianchi_2_08082014_Amarelle_ddc_59287El conflicto con los fondos especulativos le vino como anillo al dedo al gobierno. Pasados los días puede verse con más claridad que el gobierno no tiene ningún ánimo de arreglo. Lo que desea es prolongar el conflicto todo lo posible y quedar como una víctima de la injusticia mundial. El gobierno quiere aparecer ante el país como el David que combate heroicamente, con armas precarias, por una causa justa contra tremendas fuerzas imperiales que buscan someter a la Patria.
La verdad, sin embargo, es clara: nos sometimos a tribunales que nos fallaron en contra. Y ahora nos empacamos y no queremos pagar.
Primero se pensó que estaba en marcha una estrategia dilatoria para lograr ventajas en la negociación o bien llegar al 1º de enero en que opera el vencimiento de la cláusula RUFO. Pero ahora todo indica que no hay plazos. Al contrario: el gobierno se siente muy cómodo en la nueva situación, librando batalla contra el Imperio, desafiando no sólo a la Justicia de Nueva York sino también al propio gobierno norteamericano.
La batalla del débil contra el fuerte genera siempre simpatías. Aunque el débil carezca de razones sólidas, su causa siempre genera adhesiones y mucho más aún si dice que lucha a favor de los pobres y en defensa del interés nacional. Ahí está Cristina, una mujer con la salud un tanto quebrantada, que ha perdido a su marido militante, acosada por problemas de todo tipo, atacada por la prensa… ¡desafiando a la primera potencia mundial! ¡Ya algún compositor ha de estar pensando en una ópera con su nombre!

Cruzando hacia el Luna Park
Ahí pone las fichas el gobierno. En el naufragio final, se abraza a un madero precario que, piensa, le permitirá flotar algún tiempo más y con suerte llegar indemne al puerto definitivo de 2015.
Ya que no podemos parar la inflación, mojémosle la oreja al Juez Griesa.
Ya que no podemos detener la recesión, peleemos contra los Estados Unidos.
Ya que no logramos parar de emitir, convoquemos a una lucha contra el imperialismo.
Parece elemental, pero es el esquema que está desarrollando el gobierno.
Por eso el acto de hoy en el Luna Park. “Patria o buitres”, reza la convocatoria. Una causa nacional. Como Malvinas. Como la lucha contra la pastera Botnia.
Al convocar para el Luna Park alguien tuvo el escaso tino de añadir, como objeto del encuentro, un desagravio para el vicepresidente Amado Boudou, a quien consideran injustamente atacado por la justicia argentina. Una pobre víctima de la saña de los poderosos.
El acto serviría también para pulsar la “onda” de la militancia peronista respecto del ministro Axel Kicillof, el gran amor político de la presidenta.
Estos dos personajes, puestos en la cresta de la ola política nacional, son un símbolo claro de la carencia de figuras robustas que exhibe el gobierno peronista. Muerto Néstor, la presidenta no quiere a su alrededor a nadie que pudiera hacerle sombra, nadie con criterio propio o inserción política en el partido justicialista. Los que tienen algún vuelo propio son tomados, más bien, como enemigos. Tal el caso de Daniel Scioli. Figuras como Boudou o Kicillof, en cambio, son puestas en la primera línea pues carecen de existencia si no son llevadas de la mano por la propia presidenta.
Forman parte de la generación de políticos K. Los jóvenes sin trayectoria militante, sin prosapia peronista que, de la nada, ascienden a encumbradas cimas por el sólo impulso del dedo presidencial. Es la épica de Puerto Madero.
Que la presidenta pretenda instalar al ministro Kicillof como candidato presidencial parece un hecho desopilante. Pero es la consecuencia de un poder organizado verticalmente, sin tamices, sin controles ni instancias de diálogo o discusión.
En ese contexto, con estos mecanismos, los caprichos de una persona –por arbitrarios y extravagantes que fueren- adquieren patente de sutil estrategia gracias a la inexistencia de voces que puedan advertir que el rey está desnudo.

La Gran Bianchi
Da la impresión que la nueva estrategia presidencial llega tarde. El modelo está haciendo agua por varios lados. El deterioro de la economía es evidente. En este punto, el gobierno hace esfuerzos dialécticos inmensos para demostrar, primero, que el país no está del todo mal si lo comparamos con otros; segundo, que lo que está fallando proviene de afuera (Brasil, Estados Unidos, el mundo exterior) y, finalmente, que los efectos en la Argentina no son tan graves gracias al programa económico en marcha.
“No estamos tan mal” dice la presidenta. Y es lo mismo que, domingo a domingo, masticando cada derrota, le dice Carlos Bianchi a la prensa y la hinchada de Boca.
Pero no es ese el paralelo más importante entre ambos. A medida que pasan las semanas, Bianchi, que años atrás era adorado por el público de Boca en razón de los abundantes triunfos que logró para los xeneixes, ahora es crecientemente abucheado por la misma gente que antes lo aplaudía.
Antes Carlos Bianchi tenía viento de cola: Riquelme joven, Palermo, Guillermo Barros Schelotto, Bermúdez, Abondanzieri, Córdoba, Bermúdez, Serna, Cagna y muchos más le permitieron alcanzar triunfos sin par. Varias Copas Libertadores de América y dos Intercontinentales. Esos tiempos parecen haber pasado. El plantel actual es mucho más modesto y los resultados obtenidos están a tono con esta nueva situación.
También la situación ha cambiado en el país. Ya comienzan a recibirse los efectos del propio programa en marcha, además del cambio en la situación general. Antes todo era fácil. Con el nuevo escenario, todo se ha complicado y la tribuna, que antes aplaudía, ahora comienza a silbar.
En una situación así, en el fútbol, sólo puede salvarnos ganarle a River en su cancha.
En política, el equivalente parece ser el desafío al Imperio y luego dar la vuelta olímpica como si hubiéramos ganado.