Libros para la paz

Por J.C. Maraddón
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ilustra casa libroEl 1 de agosto de 1914, cuando la Alemania imperial le declaraba la guerra a la Rusia zarista, se inauguraba oficialmente la Primera Guerra Mundial, un hecho que según historiadores como Eric Hobsbawn marcaba también el inicio del “corto siglo veinte”. No es que hasta ese entonces el mundo hubiese vivido en paz y armonía, pero las atrocidades a las que asistiría la humanidad a partir de ese momento carecían de antecedentes desde el comienzo de los tiempos.
Y es que los avances tecnológicos no encontrarían límites morales en sus usos; de la misma manera que podían ser utilizados para mejorar la calidad de vida de la gente, también podían ser empleados –por ejemplo- para el exterminio de poblaciones enteras. Sólo se necesitaba que aparecieran insólitas justificaciones para hacerlo. Y que la clase dirigente de naciones poderosas decidiera ampararse en esos oscuros motivos para tomar la decisión de arrasar con la dignidad ajena. Cuando estos dos elementos confluyeron, las consecuencias fueron catastróficas.
Lo grave es que cien años después, aquella tendencia inaugurada en 1914 no se ha agotado ni mucho menos. El planeta asiste por estos días a conflictos entre naciones y pueblos que se resuelven por la vía armada y producen escaladas que desembocan en tragedias. Tras un holocausto que hace 70 años tuvo como víctimas principales a los judíos, hoy es el estado de Israel el que ataca a la población civil palestina. Cambian los protagonistas pero persiste una metodología aberrante.
Sin embargo, revisar la historia únicamente desde esa perspectiva sería parcializar la mirada y no contemplar otros aspectos que han sido francamente positivos. Porque a pesar de que las bombas no dejan de estallar, existen colectivos de personas que carecían de derechos y que gracias a su lucha y a la justicia de sus reclamos, han conseguido el acceso a un reconocimiento general del que antes carecían. Tampoco es que su situación haya pasado a ser la óptima, pero ha mejorado con respecto a las prácticas discriminatorias que eran comunes hasta no mucho tiempo atrás.
Entre esos aspectos positivos que presenta un balance a vuelo de pájaro de la última centuria, no pocos se asientan en los logros artísticos. No solo porque se han desarrollado nuevos géneros que alcanzaron estatura universal, como el cine, sino porque además las formas tradicionales de expresión han atravesado momentos de fiebre innovadora (sobre todo, en el periodo entre guerras y en los años sesenta) y etapas de asentamiento que han dado nacimiento a obras monumentales.
Esa paradoja trazada entre el instinto de muerte (tánatos) que lleva a conflictos bélicos tremebundos y el instinto de vida (Eros) que desemboca, por ejemplo, en gestas culturales memorables, será el eje sobre el que girará la cuarta edición del Festival Internacional de Literatura de Córdoba (Filic), que se extenderá desde hoy hasta el domingo. Y como punto de partida de su reflexión, el evento señala una curiosa coincidencia. En ese 1914 que significó el inicio de la primera Guerra Mundial, también nacieron celebridades literarias como Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, Nicanor Parra y Marguerite Duras.
Con sede principal en el Museo de las Mujeres, de Rivera Indarte 55, el festival reúne en su grilla de actividades a visitantes como el español Antonio Jiménez Morato, la peruana Claudia Salazar Jiménez, el colombiano Juan Cárdenas, y el francés Karim Miské, con los anfitriones Luciano Lamberti, María Teresa Andruetto y Sergio Gaiteri. Ellos, junto a organizadores y público, serán los encargados de reivindicar el poder de la imaginación creativa frente a la fuerza supuestamente imbatible que se obstina en destruir y violentar con saña asesina.