Estado centrismo

Por Gabriela Origlia

La posición del Gobierno argentino sobre el conflicto con los fondos buitres está suficientemente clara, como también lo está que –para los funcionarios- no hay default. Argentina puso la plata y que los bonistas no la reciban ya no es un problema de la administración, sino de un juez y de un mediador a quienes acusan de “jugar para los buitres”.  Mientras el oficialismo ve una conspiración internacional contra el país, encabezada por la Justicia estadounidense (a la que el kirchnerismo decidió someterse), insiste en desdramatizar las consecuencias para el país.
Es cierto que no hay comparación posible con el 2001 (ya lo hemos dicho varias veces en este mismo espacio) y también lo es que hubiera sido mejor no caer en el “limbo”, como dice Axel Kicillof. Los discursos desde el oficialismo son para la tribuna. Repiten frases que –saben de memoria- generan el aplauso de sus seguidores y hasta se complacen –como Kicillof- en mostrar despectivamente que no recuerda los nombres de los representantes de los buitres.
En paralelo la actividad privada sufre la incertidumbre. Y no la “patria financiera” a la que el kirchnerismo castiga permanentemente desde el discurso pero obtiene rentabilidades récord, sino el ciudadano de a pie que observa cómo en los últimos años cae su poder adquisitivo por efecto de la inflación o ve que cada vez debe trabajar más para sostener a un Estado que, en todas sus jurisdicciones, incrementa su gasto sin ningún parámetro de eficiencia.
Cuando Néstor Kirchner ganó la presidencia hubo  voces de alerta desde Río Gallegos; planteaban el manejo que se había hecho del Estado como si fuera propio. La política económica parecía reducirse al flujo de caja del Gobierno. Ese concepto se trasladó a la Nación, pero la dimensión es otra. La mirada “Estado céntrica” –como la denomina el economista Jorge Vasconcelos- es peligrosa. Además, en el último tramo se le acopló el cortoplacismo: llegar a diciembre de 2015.
El combo es riesgoso para los privados. Un país necesita de inversiones para generar empleo, requiere de compañías que –respetando reglas de juego rigurosas y claras- paguen impuestos para instrumentar políticas educativas  y sociales. El “Estado centrismo” puede resultar exitoso en Ecuador, donde la renta petrolera es el motor de toda la economía. Argentina tiene otra realidad; una composición de la actividad diferente.
El default o “limbo” tal vez no altere al Gobierno pero no es inocuo. Si lo fuera qué sentido tuvieron las negociaciones relatadas por los funcionarios y su interés en evitarlo. Otra es la historia si en el Gobierno domina la idea de que el país se reduce al Estado.