Elecciones indirectas o directas: la letra chica decide

Por Gabriel Osman
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SIN CONCURSO – UNIVERSIDAD

Han pasado dos gestiones rectorales de Carolina Scotto y media de Francisco Tamarit (casi ocho años) con un rumor de fondo que nunca llegó a la Asamblea Universitaria: reformar el Estatuto de la UNC para que quienes lleguen a cargos unipersonales –rector y vice y decanos y vices- lo hagan a través de elecciones directas. Es probable que se trate un “relato” del progresismo universitario al estilo K. Esto es, verbalizar intenciones que se tocan con la realidad sólo en el infinito. Uno y otro, a su turno, han hablado de esta reforma electoral pero ésta nunca se ha concretado.
Probablemente se trate de un recurso político más universal que los artilugios de cabotaje, que consiste en poner el guiño a la izquierda y doblar a la derecha. O tal vez no, y en esta ocasión los rumores que se escuchan sean sinceros y anticipatorios de lo que vendrá. En cualquier caso, deberán contar no solamente con buena fe. También son requisitos obligados tener posibilidades objetivas –número en la Asamblea Universitaria- y habilidades para una ingeniería política muy compleja que incluye, entre otros problemas, un sofisticado sistema de ponderación del voto: por claustros y por Facultad.
Debe recordarse, primeramente, que la Ley de Educación Superior (24.521) le da prevalencia a los docentes (por lo menos el 50% de los cuerpos de conducción deben ser para ese claustro) y, también que sin la segunda ponderación quedaría licuada la importancia política de las Facultades pequeñas (significativamente, la de origen del rector, Famaf, es la más pequeña).
Como señalara hace pocos días La Voz del Interior, es cierto que la oposición entornada sobre el radicalismo universitario ya no objeta con el mismo fervor la implementación de la elección directa. Pero en cualquier caso, se trata una reacción a lo sucedido en la Asamblea Universitaria de marzo de 2013, cuando un golpe de muñeca del entonces candidato Tamarit y la decisiva apuesta del gobierno nacional, volcaron el resultado. Es decir, el temor de que desde extraña jurisdicción se decida la suerte política de un resultado ya se ha verificado aun con el sistema indirecto.
Además, es posible que exista como percepción que, con elecciones directas, el riesgo de que el sistema de poder interfiera en la UNC sea más grande para quienes hoy están en el Rectorado y menor para los que están en la oposición. Finalmente, los dos partidos políticos con más poder, organización y, por eso, con capacidad para interferir, son el peronismo y el radicalismo. Ambos con impecable sistema de relacionamiento institucional con el Rectorado pero ninguno dispuesto a brindarle cobertura a una administración o candidato K.
El oficialismo rectoral ha de tener muy presente, además, que con la actual elección indirecta, Scotto fue dos veces decana y otras tantas rectora, y que a Tamarit la suerte tampoco le fue esquiva con este sistema. Podría deducirse de esto que no hay un posicionamiento de principios sino, en todo caso, de naturaleza instrumental. Es decir, qué tan eficaz es para tal o cual objetivo un sistema u otro.
En este caso cobra relevancia la letra chica una eventual reforma electoral. Un resumen sumario debe incluir las previsiones para una votación de binomios; tal vez qué condiciones –o inhibiciones- deben reunir los candidatos, además de ser profesores titulares y por concurso; o limitaciones para la utilización de recursos y logística de cada postulante. La UNC cuenta con el tercer presupuesto de Córdoba, sólo detrás de la Provincia y el municipio capitalino, y un staff de 13 mil empleados, entre docentes y no docentes. Es resumen, es un bocado muy apetecible para cualquier político.
Estos “grandes detalles” pueden ser decisivos en la reforma que algunos alientan. Es muy difícil y de riesgo no tener atado este paquete antes de que se inicie el debate e, incluso, antes de que se convoque a un cuerpo como la Asamblea Universitaria, compuesto por 248 miembros, y propiamente cuadriculado por la diversidad de sus extracciones.
Esta letra chica puede ser decisiva para que la política universitaria no sea perforada por el sistema de poder ajeno a ella, como lo dispone la Reforma del 18. De lo contrario, las posibilidades de sobrevida de su micro clima político son remotas. Probablemente los que con más ideología alientan esta reforma sean los más perjudicados. Porque agrupaciones y siglas políticas que sólo existen en ese “nicho ecológico” difícilmente puedan resistir la parafernalia de recursos de los grandes sectores de poder formal y real de la sociedad, a los que un sistema electoral directo puede abrir una amplia avenida.