Estilo Mascherano para los holdouts

Por Gonzalo Neidal

2014-07-23THOMASGRIESA_webEl tiempo ha comenzado a correr más rápido. Las definiciones están próximas. El gobierno parece haber decidido desobedecer el fallo del juez Thomas Griesa y atenerse a las consecuencias, cualquiera sean éstas.
Pero siempre hay tiempo para rectificar. A último momento el gobierno puede dar un giro que evite un nuevo default y dejar a la Argentina dentro del sistema. Y puede hacerlo aún gritando hasta la afonía que la razón está de su lado.
Pero hasta hoy, todo indica que Cristina va rumbo a la confrontación. Elije mantener un discurso “patriótico”, contra “los poderes mundiales”, antes que aceptar calladamente el fallo de la justicia estadounidense y afrontar el pago a los holdouts que ganaron el combate judicial.
La presidenta ha hecho un cálculo. Con o sin default, la economía va cuesta abajo: inflación, caída en el nivel de actividad, deterioro salarial, suspensiones, despidos… un escenario que ya conocemos. El relato K está siendo derrotado por la realidad, la mera realidad. El paraíso prometido –se está percibiendo- no existe. Vamos rumbo a una de las clásicas crisis que demandará un ajuste. Y los ajustes siempre son recesivos. Y esto ocurrirá aceptemos o rechacemos el fallo de Griesa.
Si se acepta el fallo, si hacemos buena letra, si nos portamos bien, seremos elegibles para inversiones y préstamos. Es cierto. Pero nada de eso llegará a tiempo para frenar o al menos paliar la crisis en marcha. Aceptar el fallo podrá ser bueno para el país pero este gobierno no recibirá una muestra generosa que compense el sacrificio ideológico que hará.
Si el gobierno acepta el fallo y paga, esa circunstancia no mejorará su frente interno. Al menos, no de un modo decisivo ni inmediato. Deja al país mejor parado en el concierto internacional pero este beneficio se irá materializando a lo largo del tiempo, en los próximos meses y años. La ganancia para Cristina será exigua. Porque –digamos las cosas como son- el único parámetro que al gobierno le interesa es su propio posicionamiento en la política local, no la situación económica en que quede el país por su desplante a la justicia norteamericana.

Perdiendo el juicio
En el lenguaje coloquial, la frase “perder el juicio” alude a cometer una locura, perder la razón, perpetrar un acto inesperado y de graves consecuencias.
Argentina ya perdió el juicio en el plano jurídico. Griesa falló en contra de nuestro pedido, la apelación también fracasó y la Corte Suprema no tomó el caso. Perdimos el juicio. Pero ahora estamos hablando de la posibilidad de “perder el juicio” en el otro sentido. Y el gobierno parece encaminado en esa dirección.
Se intenta ‘malvinizar’ la disputa con los holdouts. Y el gobierno, imbuido de una suerte de ‘mascheranismo’ político, piensa que pegando cuatro gritos todo se podrá solucionar a nuestro favor.
La gran tentación del gobierno consiste en anotar en la cuenta de Griesa los problemas que ya tiene la economía argentina. “Queremos portarnos bien y no nos dejan”, dice Cristina. “Queremos pagar y lo impiden”, grita Kicillof. Pero lo que sucede es otra cosa: aceptamos someternos a un proceso judicial y el juez falló en nuestra contra. Apelamos, y volvimos a perder. Volvimos a apelar y la Corte nos dio la espalda. Además, el gobierno de los Estados Unidos no salió a defendernos. Hemos recogido nuestra siembra en materia de relaciones internacionales. Ahora, con el fallo en contra, sólo resta pagar. Hay distintos caminos pero todos incluyen el pago del total de la deuda. Pedir que los holdouts acepten recibir la cifra menor, similar a la que percibieron los que entraron en los canjes de 2005 y 2010, es ridículo. Es una petición pour la galerie.
La otra línea argumental del gobierno, también es débil. La cláusula RUFO (la igualación a los bonistas que entraron en el canje de las mejores condiciones ofrecidas a los holdouts) no correría para el caso que el pago sea consecuencia de una sentencia judicial. Los 500.000 millones de deuda que se agregarían a la existente, según el argumento de Capitanich, es una cifra estrafalaria, que nada tiene que ver con la realidad. Este argumento cumple un objetivo: dejar al gobierno nacional como un bravío guerrero en la lucha por el interés nacional.
Por otra parte, el gobierno no puede alegar indigencia como argumento para no pagar. No puede hacerlo porque se ha cansado de decir que estamos en una “década ganada”, que la economía ha crecido como nunca lo ha hecho en los últimos 200 años. Y una economía tan próspera como la nuestra… ¡cómo no va a poder pagar 1.500 millones de dólares!
Como están las cosas, el mejor negocio para Cristina (aunque pésimo para el país) sería sostener su discurso contra viento y marea, no acatar el fallo y coquetear con la cesación de pagos. Incluso, caer en default y echar la culpa de esa situación a la persecución que ejerce contra el país la justicia de los Estados Unidos, las grandes potencias, las corporaciones internacionales y la Asociación de Malos del Mundo.
Faltan muy pocos días para la hora de la verdad.
Veremos qué camino decide tomar el gobierno: el de la razón o el de la locura.