Money, money

Por Gabriela Origlia

cris_dilma_4_pascu_25042013_aa_66218Cristina Fernández participará de la cumbre de los Brics con la UNASUR en Brasil. Aunque hasta hace unas semanas se especulaba con que Argentina pudiera integrarse, Dilma Rousseff negó que el grupo planee discutir el ingreso de nuevos miembros; para completar los empresarios brasileños afirmaron que el país no ofrece seguridad jurídica como para sumarse. Más adelante se verá cómo termina este capítulo, pero por ahora la intención de la Presidenta es conseguir dólares y la estrategia incluye continuar el acercamiento con China. El fin de semana último ya hubo una reunión con Vladimir Putin, puesto que Rusia está interesada en Vaca Muerta.
En la Cumbre la Presidenta volverá a plantear la posición sobre la deuda y su lucha permanente ante los foros internacionales respecto a los fondos buitre. El auditorio es el apropiado ya que Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica buscan fijar los cimientos de una nueva arquitectura financiera mundial, alternativa al Banco Mundial y al FMI, dominados por Europa y Estados Unidos. También pondrán en marcha el Banco de Desarrollo y firmarán un Acuerdo de Reservas de Contingencia. Los discursos en estos foros no tienen más utilidad que la de una suerte de catarsis, ya que al igual que la ONU o la OEA, no tienen ninguna injerencia en la instancia judicial que se transita con los buitres en Nueva York.
La frutilla de la torta será la llegada el sábado de Xi Jinping, el presidente chino, quien viene declarando que busca una “relación estratégica” con la Argentina. No es la primera vez que los chinos lo dicen. Hace justo una década Hu Jintao le prometió lo mismo a Néstor Kirchner. El entonces mandamás local se entusiasmó y desde el Gobierno aseguraron que habría miles de millones de dólares (20 mil millones, para ser exactos) de inversiones. Todo quedó en nada; mejor explicado, el vínculo se limitó a continuar transitando sobre la soja. Los dineros que llegarían para viviendas populares, tecnología satelital, hidrocarburos y servicios ferroviarios siguen demorados.
En la década que transcurrió desde entonces China sigue comprando soja y Argentina importa valor agregado. Las operaciones aumentaron el 400% en el período, pero la balanza comercial bilateral está en rojo para los argentinos. Lo mismo que ocurre con Rusia. La apuesta es que absorban algo más que materia prima.
En esta oportunidad el objetivo oficialista es que China desembolse algunos millones. Espera que concrete el financiamiento de las represas hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic. Gerardo Ferreyra, de Electroingeniería (una de las empresas que ejecutará las obras) elogiaba el domingo que el Senado diera media sanción al proyecto de ley que la inmunidad de los fondos públicos extranjeros depositados en el Central. De paso, festejó que Jinping hinchara por la Argentina. Todo por Twitter. La otra inversión esperada es para la renovación del Belgrano Cargas.
A fines del año pasado, cuando las reservas menguaban a paso agigantado, el ministro Axel Kicillof intentó acordar el cambio de pesos por yuanes para fortalecer las reservas. El swap (como se llama técnicamente la operación) finalmente no se concretó. En 2009 el Central cerró con el Banco Central de China un plan de canje de monedas por US$ 10 mil millones, que ya venció; entonces se hizo para prevenir una eventual iliquidez producida por la crisis financiera internacional. Ahora podría volver a intentarse otra vez el esquema.