Los sueños de Juez: mega alianza contra el PJ

Por Gabriel Osman
gosman @diarioalfil.com.ar

Luis-Juez COLOR[dc]L[/dc]uis Juez es un cruzado contra el peronismo. Su insistencia por desalojarlo del poder provincial y, más recientemente, su llamamiento a una mega alianza que involucra a casi todo el arco político opositor de Córdoba, aparece en la superficie de sus palabras. En diarios nacionales y locales, y ayer desde Cadena 3, ha invitado públicamente a casi todos, a excepción del PJ (obvio) y del FIT (no tanto).
Acostumbrados como estamos los cordobeses a escucharlo verbalizar más rápido que bien, suponemos que sus palabras preceden a un previo diseño intelectual. Es seguramente un preconcepto.
Juez piensa sus pasos y muchas veces lo ha hecho con puntería. De la nada barrió – como nadie del ’83 a la fecha- en las municipales de 2003 y casi se queda con la Gobernación cuatro años después.
Su cógito es de perfección cartesiana: piensa y luego habla, por más que las apariencias y estudiada espontaneidad llamen a engaño. Este llamamiento a una alianza que mezcla el agua con el aceite, entre otras recetas agridulces, tiene apenas el defecto formal del toque discepoliano de la Biblia y el calefón. Por lo demás, es el discurso de moda. Es una manera de presentarse como políticamente correcto. Si se quiere, un amaneramiento que imponen las circunstancias que este presunto transgresor asume con realismo.
Todos se muestran generosos y dispuestos a las convocatorias amplias. Está de moda y el tiene derecho. Además, está visto que sólo cada vez le alcanza para menos. También deja la puerta abierta para los sucesos que se van a definir recién dentro de un año, mucho tiempo como para que leuden las mezclas más atrevidas. Todo esto, sin contar la opacidad ideológica, ahora funcional, de este personaje político que, hay que reconocerlo, en este rubro ha sido un auténtico adelantado. Ahora, este touché posmoderno hace su discurso perfectamente contemporáneo.
El observa las legislativas de octubre –también las encuestas- y saca dos conclusiones básicas: tienen el defecto que él no está en la foto (a su favor) y que el sistema político que insinúa es muy distinto al del 2003, al del 2007 e, incluso, al del 2011 (en su contra). Hacia el macrismo migraron muchos de sus votos, también hacia el kirchnerismo tardío que encabezó Carolina Scotto y probablemente también a la izquierda. Y él ni nadie puede presuponer que regresarán. En el mejor de los escenarios, la dispersión ha virado de un esquema de tres partidos a uno de cinco, sin contar al propio Juez (no al juecismo, que está visto que sin él no existe) y a una izquierda que arañó una banca en esas elecciones.
Es probable y comprensible que vea un escenario muy incierto y deje abierta todas las puertas. Pero, además, Juez sabe que para hacer masa crítica necesaria para derrotar el PJ, ninguno es socio prescindible o, incluso, imprescindible, valga la contradicción. Antes sabía que si lograba un acuerdo con el radicalismo era probable derrotar al peronismo. Inversamente, la UCR también se da cuenta que una alianza con el macrismo, por ejemplo, tal vez le alcance a Ramón Mestre para intentar la Gobernación o retener la Municipalidad. Con una ventaja adicional: Macri no tiene –tampoco puede- que estar y Juez sí.
Es seguro que más de un radical, al pensar una sociedad política con Juez, sueña el mejor escenario posible: Mestre encabezando la fórmula y Juez de vicegobernador. Pero rápidamente este sueño puede transformarse en pesadilla. Juez tiene que estar en la fórmula, caso contrario sería un juego de suma cero. Lo demuestra el 3% de Ernesto Martínez. Y ahí empieza el sudor frío de estos estados oníricos: el senador conduciría la Legislatura y, obviamente, retendría varias bancas para sí, perdiendo el radicalismo el control de la Unicameral.
Pero, recuperada la vigilia, los cálculos en el radicalismo deben inevitablemente ser más fríos. Con todo el respeto que merece la trayectoria de Eduardo Angeloz, la suerte del radicalismo está inexorablemente atada a la de Ramón Mestre en la Municipalidad y, accesoriamente, a acuerdos razonables con fuerzas políticas emergentes y con disposición para desprendimientos en las disputas locales porque sus propósitos son más empinados.