Un Juez ecléctico para las alianzas reportó a los legisladores del Frente Cívico

Por Alejandro Moreno
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MEDIO JUEGO LEGISLATURA
MEDIO JUEGO LEGISLATURA

Un Luis Juez distendido apareció por el departamento de Liliana Montero, ubicado frente al Parque Sarmiento, como invitado especial de la cena de legisladores del Frente Cívico, en la noche del martes. Juez acababa de cerrar el encuentro con los socios políticos de su UNEN (Partido Socialista, Libres del Sur y GEN) en el local partidario de calle Santa Rosa, a los que les dijo muchas cosas que luego repetiría delante de los legisladores del bloque que preside, justamente, la anfitriona Montero.
Los legisladores estuvieron casi todos, y los que faltaron (Ricardo Fonseca y Fernanda Leiva) tenían razonables cuestiones personales para justificarse.
La armonía del encuentro contrastó con otros momentos de tensión provocados por Juez en el pasado, cuando acostumbraba a retar a sus legisladores. Como su exreferente José Manuel de la Sota, el jefe del Frente Cívico parece que no quiere pelear por pelear.
La reunión puede haber servido también para amalgamar el grupo, que siempre está salpicado por rumores de nuevas fugas, muchas veces alimentados desde el radicalismo que desearía recuperar a Carlos Roffé y a Julio Agosti (aunque en este último caso ya hay un poco de hastío por las interminables dilaciones del exintendente de San Agustín).
Recibido con una picada y empanadas, Juez soltó la lengua y actualizó a los legisladores su punto de vista sobre la política.
Para el senador nacional es aún muy temprano para definir las alianzas electorales 2015. El Mundial de Fútbol es una bisagra que todos observan: después de concluido, los tiempos podrían acelerarse.
Juez se mostró receptivo a cualquier tipo de sociedad política. O, para mayor precisión, no descartó nada. Ni siquiera se lo escuchó despotricar contra Mauricio Macri ni Sergio Massa, dos que normalmente son blanco de sus hirientes comentarios. Para usar una expresión de época, no definió límites para formar alianzas. De Massa opinó que se viene cayendo después de las elecciones 2013 y que por sí solo no podrá sostenerse como candidato presidencial.
Lo mismo en Córdoba, aunque se resignó a que un acuerdo con la Unión Cívica Radical, gobernada por el mestrismo, es casi imposible.
Los legisladores escucharon de Juez el análisis de que Ramón Mestre seguirá con indicadores negativos propios y de gestión; no cree en un repunte del intendente de Córdoba. Y, además, aunque guiñe un ojo a otros dirigentes radicales, parece convencido de que ni Mario Negri ni Oscar Aguad vayan a provocar un quiebre en el partido (suena lógico).
El más beneficiado por la división opositora es, admitió, el gobernador De la Sota, a quien le adjudicó la voluntad de ir por un cuarto mandato el año que viene. No cree, en definitiva, que le alcance para pelear en el escenario nacional; entonces, trataría de conservar la provincia de Córdoba para el peronismo.
Él mismo reiteró lo que sostiene ante cualquier micrófono que se le ponga por delante: que va a competir por la Gobernación de Córdoba por tercera vez.
Para ello se planteó como exigencia llegar a 30 puntos de intención de voto a fin de año. Claro que podría pensarse que ese número lo dejaría a un paso de ganar la Intendencia de Córdoba, mientras que para pelear por el Panal tendría que crecer en el interior, territorio que jamás supo pisar.