Sólo se trata de aguantar

Por Gabriela Origlia

DYN69.JPG[dc]L[/dc]a presidenta Cristina Fernández realizó en la última semana la úndecima cadena nacional de lo que va del año para anunciar un aumento del 40% en la Asignación Universal por Hijo (AUH) y subas escalonadas del salario familiar. La medida es de innegable justicia en virtud del efecto que la inflación tiene sobre el poder adquisitivo. Es decir, el Gobierno –que a regañadientes acepta la existencia de la suba de precios e insiste en su “desaceleración”- no tiene otro camino que tomar medidas para frenar el deterioro en el poder adquisitivo.
La medida implica volcar al mercado $15 mil millones, una cifra que el oficialismo espera aliente el consumo que cerró un mal primer cuatrimestre con datos negativos en prácticamente todos los frentes. En verdad se trata de una suma ínfima teniendo en cuenta las caídas en los distintos sectores de la economía. Es cierto que a este aporte se agregará el efecto de las paritarias cerradas; es decir, ya estarán conviviendo precios 2014 con salarios 2014.
Es cierto también que la inflación se desacelera –sea que se tomen las mediciones del Indec o de las consultoras privadas- como también lo es que con un 2% mensual de acá a diciembre el año cerrará con una suba de precios de entre el 30 y el 32 por ciento. Altísimo. La desaceleración, lamentablemente, va acompañada de un estancamiento de la actividad económica con su consecuente impacto en el mercado laboral y en las expectativas de consumidores y empresarios.
En el mismo discurso en que anunció la mejor de la AUH la Presidenta cerró la puerta a cambios en Ganancias. Lo hizo explicando que si cae la recaudación no habría fondos para sostener estos planes sociales. Es difícil de creer que el año pueda terminar sin cambios al impuesto sobre los salarios; tal vez en unas semanas se anuncien algunos que estén por debajo de los que se manejaban. Se hablaba de elevar el piso de Ganancias a $19 mil; es probable que la modificación sea mínima. Pero –vale la pena reiterarlo- más allá del piso sino se cambian las escalas las distorsiones siguen sumándose y el que tribute, cada vez tributará más cuando su poder adquisitivo no variará en la misma proporción. Ni hablar de la inequidad existente para los trabajadores independientes.
En la semana que terminó surgió otra novedad y habrá que esperar a ver si la tendencia se consolida. El Banco Central empezó a mover el dólar que se recuperó varios centavos en pocos días. Desde la devaluación de enero el oficial se venía usando como ancla de la inflación y mientras todos los economistas aseguraban que con la evolución de los precios nuevamente se venía acumulando atraso cambiario, desde el oficialismo aseguran que no habrá nuevo salto devaluatorio.
Para no dejar dudas, el ministro Axel Kiciloff directamente enfrentó al banquero Jorge Brito (otrora cercano al Gobierno) para volver a hablar de un mercado que quiere obligar a tomar medidas. Más allá de las lecturas del oficialismo, los hechos hablan por sí solos. Hay paz cambiaria porque están entrando los dólares de una cosecha récord, pero agosto permanece en el almanaque y todos quieren saber cómo seguirá la historia. Kiciloff le asegura a la Presidenta que mientras haya ingreso de divisas no hay problemas y plantea que después de la cosecha vendrá el acuerdo con el Club de París y probablemente un canje del Boden 2015 para que sea el que sigue el que se haga cargo. La colocación de deuda voluntaria parece bastante más lejana; depende –por lo menos- de que salga el fallo de la Corte de Estados Unidos. El plan parece resumirse en “aguantar” y llegar al final del mandato.