Cae la generación de empleos de calidad

Por Javier Giordano
(Investigador de Idesa)

El estancamiento de la producción ocurrida en los últimos meses en combinación con las instituciones laborales vigentes ha desencadenado dos fenómenos. Por un lado, el más visible y posiblemente resonante son las suspensiones y despidos en algunos sectores de la economía, principalmente la industria y la construcción. El segundo, más subterráneo y por ello no tan evidente, pero que surgen de procesar las estadísticas oficiales, es que a la desaceleración en la generación de empleo se agrega que también se deteriora la calidad.
De acuerdo a las encuestas permanentes de hogares (EPH) del INDEC, se detecta que entre los años 2004 y 2008 la generación de empleo era de unos 250 mil puestos de trabajo por año donde casi la totalidad eran empleos registrados del sector privado. Esto estuvo impulsado fundamentalmente por la licuación de costos laborales producida por la mega devaluación del año 2002 y los crecientes precios internacionales. Con la recuperación del salario real, entre los años 2008 y 2012 la generación de empleo se reciente. En este lapso la creación de empleo pasó a ser de 140 mil puestos por año y, a diferencia de lo ocurrido en el anterior periodo, solo la mitad de los puestos de trabajo fueron empleos de calidad, o sea empleos privados registrados en el sector privado. Pero en el año 2013, la generación de empleo fue aún menor. Se crearon solo 100 mil puestos de trabajo de los cuales solo 1 de cada 4 fue como asalariado en el sector privado registrado. El 75% restante estuvo integrado por empleos redundantes en el sector público, privados no registrados y cuentapropistas.
Que en tiempos donde se estanca la creación de empleos asalariados registrados en el sector privado aflore como alternativa estos otros tipos de inserción que en la mayoría de los casos son informales y de baja productividad se explica por la ausencia de una red de protección social que proteja al trabajador en el desempleo y políticas que promuevan su rápida reinserción en el mercado laboral privado formal. Si bien existe un seguro de desempleo, su monto esta desactualizado (tiene un tope de $400), lo que obliga al trabajador a buscar alternativas de supervivencia en el empleo público o la informalidad.
Las instituciones laborales vigentes, por burocracia, alta litigiosidad y los altos impuestos al trabajo se castiga a los empleadores privados que generan trabajo registrado. A pesar de la severidad del problema, el debate político gira en torno a medidas desenfocadas, como la actualización del mínimo no imponible de ganancias, o que solo aportarían cambios marginales como el nuevo proyecto de ley para promover el empleo registrado con tímidas y transitorias reducciones de los impuestos al trabajo.