Buscan homologar Malvinas a barrio Ituzaingó Anexo

Raúl Montenegro
Raúl Montenegro

[dc]L[/dc]as discusiones que enfrentan ambientalismo con sistema productivo suelen derivar en argumentos de distracción que pretenden justificar, de un lado o del otro, una posición tomada previamente por conveniencia.
En ese contexto, la manipulación de datos es un recurso simple y efectivo para las partes en conflicto: la mayoría de la población y de los comunicadores desconocen cuestiones técnicas y estadísticas propias de las ciencias agropecuarias, de las ciencias médicas, de la estadística, de la biología, de la toxicología.
Así fue con barrio ituzaingó Anexo. Así es con Malvinas Argentinas.
Todo parte de premisas que resultan casi inobjetable, políticamente correctas para el gran público. “Es necesario cuidar el medio ambiente y las personas”; “Es necesario darle de comer a tanta población”. ¿Quién puede no estar de acuerdo con ambas cosas?
La conciliación entre ambas máximas, la ambientalista y la mercantilista respectivamente, se intentó con el famoso término “sustentabilidad”.
Por supuesto que ahora ambas parte usan el vocablo para sus fines. Ahora todo debe ser sustentable. El fanatismo verde se esconde tras la “sustentabilidad”, la voracidad mercantilista se escondes tras la “sustentabilidad”.
Vamos a detenernos en una de esas manipulaciones. Esta vez, por parte del lado ambientalista.
El último viernes la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam) y la cátedra de Psicología Evolutiva de la Facultad de Psicología de la UNC dieron a conocer un estudio efectuado a 10 personas de Malvinas Argentinas, localidad que actualmente es centro de las miradas por la intención de la multinacional Monsanto de asentarse.
Los resultados arrojaron que en el 70% de las muestras se encontraron resto de sustancias tóxicas vinculadas al agro. La licenciada Vanesa Sartori, participante de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida explicó: “Se detectó la presencia de los residuos de plaguicidas clorados Aldrin, Dieldrin, Gamma HCH, pp’ DDT, op’ DDT y pp’ DDE. Todos estos plaguicidas están prohibidos y ya no se utilizan, pero persisten en el ambiente y las personas. Los transfieren a sus hijas e hijos las madres embarazadas a través de la placenta primero (embriones y fetos), y durante la lactancia después, e ingresan durante toda la vida de un individuo por inhalación de partículas de suelo y la ingesta de agua y alimentos contaminados. Las muestras, debidamente acondicionadas y transportadas, fueron analizadas por el Centro de Asesoramiento Toxicológico Analítico (Cenatoxa) y la Cátedra de Toxicología y Química Legal, ambos de la Universidad de Buenos Aires”.
Lo que siguió, fue un alegato contra Monsanto. “Está claro además que la localización de Monsanto en un lugar ya contaminado y con personas contaminadas es inaceptable”, la asambleísta, asentida por Funam.
El sofismo verde sale a flote: si Monsanto perjudicará a la población con su actividad o no, ¿que tiene ver con la preexistencia de tóxicos en sangre?
Pero la cuestión no termina allí. Hay algo más grave en este tipo de argumentaciones y es presentar algo ordinario como extraordinario para argumentar una posición tomada previamente. Es que los químicos encontrados, según toxicólogos, serían hallados en casi todo ser humano que se analice.
Así lo explicó el especialista Fernando Manera, fundador de la Asociación de Bromatología, Zoonosis y Medio Ambiente de Córdoba y autor del libro “Una Amenaza Visible” que trata sobre los riesgos toxicológicos a los que el ser humano está expuesto a diario: “Los compuestos químicos encontrados en la muestra contienen cloro en su formulación, y provienen de agentes prohibidos en Argentina hace unos 20 años, que son altamente persistentes y se transmiten de una generación a otra. Estuvieron en los alimentos a nivel mundial, y por eso es altamente probable que cualquier persona de aquí o de otro país presente las mismas sustancias”.
Manera, quien actualmente se desempeña como director de Bromatología de Colonia Caroya, se refirió más ampliamente a la cuestión de los tóxicos en la vida actual “Hay grandes contrasentidos, y los intereses tantos del ecologismo como del sistema productivo suelen esconderse en las argumentaciones. Quiero decir que, si bien hay pesticidas y sustancias ya prohibidas en el país, hay mucho para trabajar en materia legislativa y en materia de control porque aun existen en todo nuestro estilo de vida agentes sumamente perjudiciales para la salud. Por ejemplo en piojicidas y en artículos de limpieza. Hay que ahondar en la difusión de estudios científicos al respecto para cambiar la forma de producción. Y en eso el rol del Estado es fundamental”.