De la Sota, ¿el aliado-adversario ideal de Massa?

Por Pablo Esteban Dávila

ilustra hinchada argentinaEl año pasado, el inefable exsecretario de Comercio Guillermo Moreno supo diseñar una especie de fórmula algebraica con la intención de descalificar al ascendiente Sergio Massa. La ecuación adoptó la siguiente expresión: “+a=b”, en donde la “b” adquiría el inequívoco significado que se le atribuye a esta letra al ser adosada una determinada persona. Si bien aquel esfuerzo de mercadotecnia K no dio muchos resultados (quizá todo lo contrario), la idea permite jugar con otras posibles formulaciones. Por caso, la alternativa “+a=dls” (en donde se sugiere que Massa se potencia si en la igualdad aparece De la Sota) parece tener una resolución favorable en la difícil matemática electoral.
En realidad, quedan pocas dudas sobre que José Manuel de la Sota se dispone a jugar con Massa de cara a las próximas elecciones. Sus declaraciones de ayer, en el sentido que “existe la posibilidad” de competir con el diputado nacional en las PASO del año venidero, son bastante elocuentes. Si se toman en cuenta sus gestos y actitudes en semanas recientes, puede inferirse que la integración del gobernador al Frente Renovador es, por lo tanto, una cuestión de tiempo.
Para Massa, el hecho de contar con el cordobés dentro de su espacio es una noticia alentadora. Aunque ya cuenta con peronistas de peso entre sus filas –Carlos Reutemann, Mario Das Neves y Juan Carlos Romero, entre otros– ninguno de ellos parece dispuesto a desafiar su, hasta ahora, indisputada candidatura presidencial. Con De la Sota dentro de la ecuación, esta pax electoral podría verse alterada, toda vez que el gobernador no aceptaría ser su segundo sin, previamente, haber consultado con las urnas. Una disputa ente ambos en el marco de las internas abiertas permitiría que el Frente Renovador se mostrase como una fuerza importante, capaz de seleccionar democráticamente a sus candidatos y luchando por preeminencia en todo el territorio nacional.
Ayuda a comprender esta dialéctica el aceptar el hecho que, sin De la Sota, Massa está rengo. Todo presidenciable que se precie de tal necesita un sparring, de un contendiente con el que pueda competir sin que ello signifique un cisma. Y, en su caso, que viene de derrotar al gobierno nacional dentro de la provincia de Buenos Aires –un territorio al que los K consideran como propio– este adversario no puede ser una figura simplemente escenográfica. Tiene que ser alguien con gravitación propia, que trate de superarlo genuinamente y que desee el poder tanto como él lo anhela. Claramente, el gobernador de Córdoba es ideal para ocupar este espacio.
De la Sota, por su parte, imagina que éste es, precisamente, el rol que Massa podría tenerle asignado. En otras circunstancias, tal vez no se sentiría cómodo con tal papel pero, dado su actual posicionamiento nacional, al menos es algo. Ser el partenaire del exintendente de Tigre hoy cotiza en alza, especialmente cuando las encuestas siguen sin registrar las aspiraciones del cordobés. Además, no se trata solamente de legitimar una candidatura que tal vez no sea la propia, sino de convencer al electorado que él es la mejor alternativa para el 2015 en un marco de alteridad. En este sentido, las PASO constituyen una oportunidad inmejorable para comprobar que tan lejos ha llegado en la consideración pública tras, al menos, dos intentos frustrados por acceder a la Casa Rosada. El primero en 1988, acompañando a Antonio Cafiero; el segundo en 2001, cuando quiso –y no pudo– convencer al entonces presidente Duhalde de que él era su mejor alternativa dentro del peronismo post Congreso de Lanús.
Existe otro factor que impulsa estructuralmente al entendimiento entre Massa y De la Sota. En el interior del país, el diputado nacional todavía es un dirigente poco conocido. A diferencia de Daniel Scioli, vigente en la política argentina desde los ’90, Massa cobró fama en fechas recientes, al amparo de encuestas que le vaticinaban un triunfo rutilante en Buenos Aires, pero esto no le garantizó el armado de una estructura territorial que le sirva de apoyo nacional. Su orfandad en este sentido es tan preocupante que, incluso en provincias grandes como Córdoba o Mendoza, es difícil encontrar massistas de fuste.
También en este punto la presencia del gobernador en el Frente Renovador puede ayudarle. De la Sota mantiene aceitados contactos con peronistas de todo el país y, de seguro, muchos ven en él a un interlocutor confiable en los que a materias del peronismo respecta. No se dice nada nuevo al afirmar que, para ser presidente, hace falta tanto carisma como estructura y, en este último aspecto, es un hecho que el justicialismo es la fuerza con mayor capilaridad que en la Argentina. Si el cordobés acertara en lograr apoyos territoriales allí donde Massa tiene insuficiente penetración, su aporte a la causa sería significativo, aun si tal clase de dirigentes inicialmente jugaran, como sería lógico, para una candidatura delasotista.
Quién seguramente observa con preocupación estos realineamientos es Scioli. Si la entente entre Massa y De la Sota se confirma y ambos coinciden en disputar el liderazgo renovador en las PASO, esta dinámica maximizará el daño sobre sus propias aspiraciones. Basta pensar sobre el origen de los votos que podría obtener De la Sota para comprender la inquietud del bonaerense. Un voto de más para el cordobés es un voto de menos para Scioli, una ecuación perversamente peronista y que no necesariamente se verifica con Massa. Pero Scioli está atado de manos en lo que a posibilidades de seducción respecta. Ya De la Sota adelantó no jugará con él, y sus recientes críticas al Congreso Nacional Justicialista hacen pensar que no cambiará fácilmente de opinión. Tampoco lo ayuda (como en general sucede siempre) el gobierno de Cristina Fernández, que continúa en su política de extrañamiento respecto de las necesidades de la provincia de Córdoba. Es frustrante para un candidato con su amabilidad tener que representar a un oficialismo que se ha caracterizado por su extrema destemplanza, un atributo que conspira en sus necesidades por sumar nuevos aliados.
+a=dls… ¿es la fórmula del éxito? Aún es prematuro decirlo, y hacen falta muchos experimentos para comprobar su validez. Pero, de seguro, tiene mejor pronóstico científico que el fracasado intento de Moreno que le dio origen.