Scioli: ¿Chirolita a Chasman?

Por Gonzalo Neidal

KD9L0389El congreso justicialista de Parque Norte, el viernes de la semana pasada, aportó más confirmaciones que novedades. Pero hay veces en que las confirmaciones, por obvias que pudieran aparecer, tienen la fuerza de una novedad. Un modo esquemático de enumerarlas sería éste:

a) El Frente para la Victoria pasa a un segundo plano y el protagonismo principal será ocupado por el Partido Justicialista. El kirchnerismo finalmente parece aceptar la mengua de su presencia formal e importancia que significará el inevitable abandono del poder dentro de un año y medio. ¿Será esto así? Veremos.
b) Daniel Scioli, el terrible Scioli, apretado, desplazado, hostigado, despreciado, sospechado, desdeñado, abucheado, ninguneado, menoscabado, bombardeado, saboteado, insultado, señalado… será nomás el candidato-heredero del kirchnerismo. Es el hombre elegido por Cristina para ser presentado ante la sociedad como quien continuará con su magna obra. Y Scioli ha aceptado, al menos hasta ahora, esa condición. Y lo ha hecho sin dudas o medias palabras desafiantes.
Se podría decir que lo ha hecho incluso con un cierto grado de orgullo. Y firmeza, incluso.
c) Tener un heredero como Scioli, piensan en el kirchnerismo, no podría venirles mejor. Es el hombre indicado, piensan. No se trata de un kirchnerista paladar negro. Justamente por eso es el hombre justo para suceder a Cristina. Una apuesta de máxima, un resultado ideal, sería el siguiente: Cristina llega indemne al final de su mandato, sin grandes eclosiones económicas ni sociales. Luego viene Scioli y debido a las tensiones macroeconómicas acumuladas, debe hacer un ajuste. Que lo haga: mientras más duro, mejor. Entonces, luego de 4 años que pasan muy rápido, regresa Cristina diciendo: “¡Ay, chicos! No puedo dejarlos solos un rato que ya toman un rumbo neoliberal…”.
d) Además, si triunfa Scioli, queda blanqueado el relato. Los kirchneristas podrán decir: “Hasta tal punto la gente ha valorado como exitoso el gobierno de Cristina, que le ha ratificado la confianza a través del voto mayoritario a Daniel Scioli. En consecuencia, el gobierno de Cristina no ha sido tan malo como decían los cipayos y el poder concentrado”.
e) La misma apuesta incluye que sean kirchneristas los que permanezcan en puestos relevantes, en lugares claves. Y también que sea kirchnerista la mayoría de quienes integren las listas de diputados y senadores nacionales de 2015. Con ellos y con los que fueron elegidos en 2013, el cristinismo conservaría una cantidad estimable de diputados y senadores, que le permitiría tener una notable influencia en el poder y en las decisiones del nuevo presidente aún desde fuera del poder formal.
f) El congreso reciente muestra a Scioli como un indudable “primo entre pares” que no podrá evitar que los otros precandidatos del PJ (Urribarri, Aníbal Fernández, Randazzo y demás), se queden con algunos jirones de su futuro poder.
g) En tales condiciones, tal como lo prevé el kirchnerismo, Scioli, en caso de ser elegido presidente, no sería mucho más que un títere (voluntario o no, eso no importa) del poder K detrás del trono. Ya está todo pensado y el kirchnerismo está seguro de que esto será así y de ningún otro modo.

La atracción de la lapicera
Las cosas no suelen salir tal como uno las piensa. Sobre todo en política. Hoy, el kirchnerismo no puede pensar de otro modo que quien está en el poder. Desde esa posición, hoy todo parece posible. Pero son suposiciones “ceteris paribus”, es decir, que hacen abstracción de los cambios y movimientos en algunas circunstancias.
Lo primero que puede fallar es que Cristina no llegue demasiado entera a diciembre de 2015. Por diversos motivos. Uno, el deterioro de la situación económica. Éste problema sería el más previsible. Hoy mismo la situación económica dista de ser cómoda y holgada como al principio del kirchnerismo. El gobierno piensa que con la devaluación de enero y un par de ajustes en las tarifas de gas y agua, puede ir tirando. Pero la inflación sigue y la contracción económica ya está instalada. Bajan las ventas, baja el salario, las tasas de interés por las nubes, el crédito desaparece. El deterioro es evidente. La apuesta consiste en que todo siga así, sin cimbronazos más agudos. Eso obligaría al próximo gobierno (presuntamente el de Scioli) a acomodar las variables descarriadas. Y Cristina zafaría y siempre podría echar la culpa a la falta de pericia del que llega.
Otros de los problemas con que podría encontrarse el gobierno es que quien está pensado para ser Chirolita se transforme en Chasman, en el que maneja los hilos. La pretensión de manejar el poder desde afuera no es más que una ilusión. Ni siquiera Perón pudo hacerlo: tuvo que hacer renunciar a Cámpora por las malas. Y fue acusado de dar un golpe “de derecha”. Sí, Perón tuvo que forzar a Cámpora a irse porque, aunque los votos eran de Perón, Cámpora no se quería ir. Y Perón no estaba en Madrid sino en Buenos Aires, o sea en el teatro de operaciones.
Además, está el ejemplo de Eduardo Duhalde con el propio matrimonio Kirchner. Todos decían que Néstor Kirchner sería un muñeco obediente de quien le había allanado el camino hacia el poder. Todos sabemos lo que finalmente pasó.
En materia de poder manda el que maneja la lapicera. El que firma. Si el poder desgasta, estar en el llano desgasta mucho más. Una vez abandonados los atributos presidenciales, una vez que la banda, el bastón y la lapicera cambian de mano, creer que el se va puede seguir mandando, es pura ilusión. Los leales de otro tiempo ahora habitan la cercanía del nuevo soberano. Es el ABC de la política.
Otro escenario probable es que Scioli, en llegando a las elecciones, cuando avance el tiempo electoral, finalmente se vea en la necesidad de romper con Cristina porque ha arribado a la conclusión de que su amistad le resta votos. Que Cristina y su relato no son más que un salvavidas de plomo. Esta situación dependerá de muchas circunstancias. La principal: el grado de deterioro del gobierno y el impacto de ello en las encuestas.
En fin, puras especulaciones sobre el tiempo que está llegando.