El kirchnerismo en su laberinto

Por Gabriela Origlia

p13-1La economía se frenó. Datos oficiales y privados coinciden -décima más, décima menos- en que hay caídas en variables claves como producción automotriz, consumo (desde autos a propiedades pasando por alimentos), construcción, maquinaria agrícola y exportaciones. Sólo la soja sigue viento en popa, tanto en cosecha esperada como en nivel de precios. En este contexto desde el Gobierno nacional sigue sin haber señales de qué harán para revertir la situación o, al menos, no dejar que el freno se profundice. Sigue siendo el presidente del Central, Juan Carlos Fábrega, quien está al timón de las medidas para mantener la pax cambiaria.
El punto es que la sola aplicación de medidas monetarias –suba de tasas, colocación de Lebac- no alcanza para bajar la inflación y reconducir el resto de las variables macroeconómicas. De hecho, las tasas reflejan el nivel del problema inflacionario. En la última semana el verborrágico (aunque no diga nada) jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, advirtió que si los bancos seguían cobrando intereses de usura el Gobierno intervendría.
A su exposición, como ya es habitual, le faltó una pata: si el Central subió el precio del dinero para absorber el excedente monetario y termina tomando dinero del sector privado al 29% anual es lógico que el resto de las instituciones encarezcan sus tasas. Los funcionarios se quejan, pero mientras tanto siguen pasando la aspiradora para prestarle al Estado porque el déficit público es alto.
Las decisiones de Fábrega sirvieron para apagar el incendio de enero, pero hay brasas en el terreno. Además, el mix instrumentado por el Central termina generando una suba importante de su stock de deuda, que llegaría a los $180 mil millones, con lo que los intereses sumarían unos $60 mil millones. O sea, también crece el déficit cuasi-fiscal.
Los funcionarios insisten en que la inflación está bajando; es cierto. Con ese descenso se ubicaría en el 2% mensual. De mantenerse esa cifra hasta fin de año, el 2014 cerraría con una suba de precios anual de entre 30 y 32 por ciento. Nada para festejar. El dólar a $8 que en enero el Gobierno definió como “convergente” (sin explicar en base a qué) en dos meses volverá a estar atrasado.
En este escenario si el Central baja las tasas para tratar de impulsar la actividad económica y no hay medidas paralelas los pesos volverán a mirar al dólar. Sin una reducción del rojo fiscal los economistas estiman que el Central debería emitir unos $120 mil millones para financiar al Tesoro. ¿Cómo podría hacerlo sin provocar nuevos problemas? La respuesta –según coinciden los expertos- no pasa por seguir poniendo parches, sino por avanzar con una propuesta integral y creíble.
Las especulaciones apuntan a que después del Mundial –o en medio del campeonato- se vendrían los recortes a los subsidios eléctricos. También se espera que a fin de mes haya algún avance con el Club de París (aunque nada dice que, de inmediato, pueda haber colocación voluntaria de deuda). Los precios seguirían subiendo en torno al 2% mensual más por efecto del parate que de alguna medida oficial. Las expectativas de los consumidores están aletargadas hacia la baja. Son todas señales que no incentivan el clima de negocios.
Pretender modificar este esquema sólo con política monetaria es ilógico. Los funcionarios lo saben; llevan más de una década tildando de “ortodoxos” y “amigos del ajuste” a quienes lo predicaron y lo hicieron. Es el momento de mostrar en la cancha sus alternativas.