Las PASO no figuran en la agenda oficialista: aún es el turno de la ingeniería política

Por Alejandro Moreno
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MEDIO JUEGO LEGISLATURA
MEDIO JUEGO LEGISLATURA

La semana pasada los legisladores Rodrigo de Loredo (Unión Cívica Radical), Liliana Montero (Frente Cívico) y Javier Pretto (PRO) presentaron juntos en una conferencia de prensa proyectos de reforma electoral para incorporar en Córdoba las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Hubo en ellos un propósito político: despertar murmullos. Mejor aún, lograron que un medio porteño promocionara el encuentro como un acercamiento entre la UCR, el juecismo y el PRO, cuando el lanzamiento de FAU en el Teatro Broadway todavía resonaba en el escenario político nacional. Sucede que desde lejos no se perciben correctamente los matices. De Loredo es apenas una porción del radicalismo alejada del mestrismo, y Montero es una líbera dentro del Frente Cívico y no le corresponde el adjetivo de juecista. Pretto, en tanto, podrá fotografiarse con quien quiera, pero las decisiones del PRO se toman en el Obelisco.
La conferencia del trío, de todos modos, logró provocar comentarios en los pasillos de la política, aunque a los protagonistas les costó instalar el tema de las PASO porque la agenda mediática se colmó por la crisis municipal cordobesa.
¿Podrá ahora hablarse otra vez de las PASO?
Para que ocurra en la Legislatura deberán surgir más actores que los tres iniciales.
En el mestrismo no habría interés de marchar en la dirección propuesta por De Loredo. Analizan que las PASO sólo causan una inflación de candidatos porque muchos quieren aprovechar sus beneficios políticos y económicos. Recuerdan que en una PASO para diputados nacionales llegaron a participar seis listas, algunas de ellas insignificantes. Para De Loredo, que quiere ganarse un espacio por fuera del mestrismo, las internas abiertas podrían ofrecer una oportunidad para competir contra el aparato oficial del partido.
Orlando Arduh salió a cruzarlo a De Loredo advirtiendo que “varias de las iniciativas que se han presentado en este sentido, sólo buscan suplantar un supuesto sistema de estructuras por un método de candidatos, un sistema cada vez más personalista, apoyado en la imagen y el marketing empresarial sobre cualquier programa, idea o propuesta partidaria”.

La posición oficial
De todos modos, la incorporación de este sistema en la agenda legislativa depende de Unión por Córdoba, bloque dueño de la mayoría en el recinto.
José Manuel de la Sota, alguna vez, se manifestó a favor de las PASO, e incluso hay proyectos oficialistas en ese sentido; el primero, del 2002, firmado por espadas destacadas de ese momento, como Félix López Amaya, Francisco Fortuna o Carlos Massei y, curiosamente, por dos actuales legisladoras, como Amelia Chiófalo y Carmen Ceballos de Carbonetti.
Era natural que el delasotismo impulsara las PASO, porque están previstas en la Constitución Provincial sancionada en 2001 a instancias, precisamente, del PJ.
El artículo 104 establece las atribuciones de la Legislatura, y en el inciso 22, dice: “Dictar la legislación electoral y de partidos políticos que contemplen elecciones internas abiertas, simultáneas y obligatorias para la selección de candidatos de todos los partidos políticos.”
Las PASO deben, entonces, ser reglamentadas para cumplir con la Constitución, pero muchas veces, se sabe, del cálculo político depende la obediencia a la ley suprema.
El presidente del bloque Unión por Córdoba, Sergio Busso, opinó sobre la propuesta del trío De Loredo/Montero/Busso: “importan reformas kirchneristas de dudosa efectividad; la oposición en Córdoba nunca acompañó reformas políticas para mejorar”. “Los inspira el oportunismo político”, agregó. Puntualmente le dedicó a Montero que el juecismo nunca hizo una interna para elegir su candidato.
Otra fuente del delasotismo reconoció que las PASO fueron una iniciativa que impulsaron en los orígenes de los tiempos que siguieron a la crisis política y de representación del 2001. También, que hay proyectos legislativos propios. Pero los delasotistas no aceptarán que la oposición, o parte de ella, les marque la agenda. No descartan las PASO, pero no seguirán el ritmo de quienes ellos prefieren consideran simples oportunistas.
Ocurre también que en el peronismo no saben qué les conviene más, y la legislación electoral va siempre unida a la necesidad de quien quiere imponerla.
De la Sota ha dicho y repetido, incluso ayer, que no será candidato a gobernador por cuarta vez. Pero, ¿están todos seguros de que no lo hará? No es el mismo escenario con De la Sota o sin él. ¿Y si sus posibles reemplazos, Juan Schiaretti, Daniel Passerini y Martín Llaryora, no garantizan la victoria? Después de todo, el primero viene de una fea elección, y los otros dos son casi debutantes en las ligas mayores. ¿Y cómo recuperar a los rupturistas Eduardo Accastello y Olga Riutort, por ejemplo?
Siguen cavilando: en las PASO de 2013 Unión por Córdoba sacó más votos que en las generales. ¿Perjudicó el sistema a los candidatos del peronismo? ¿El plan de sumar disconformes en las internas a través de la canasta de Llaryora fracasó al momento de las elecciones definitivas? Ni siquiera pueden estar seguros de si la estrategia opositora será aliancista o no, ni cuánto podrían entorpecer el acuerdo con o sin PASO.
Mientras la ingeniería política no alumbre el camino, faltará para la ingeniería legislativa.