FAU: ¿populismo con buenos modales?

Por Gonzalo Neidal

DYN30.JPGCon bombos y platillos se largó el FAU, Frente Amplio UNEN. Una coalición con ánimo de quebrar la hegemonía peronista en el poder.
Algunos de sus integrantes se autodefinen como de “centro izquierda”, como si esa denominación aclarara definitivamente las cosas. Es que, quizá, ellos pretendan que el peronismo es la “centro derecha” y de ese modo las cosas quedan claras.
Pero todo indica que las líneas divisorias del electorado argentino se han movido, ya no pasan por los lugares que solían hacerlo. Derecha e izquierda ya no dicen nada, si es que alguna vez significaron algo. Jorge Abelardo Ramos, político y pensador del siglo pasado, bromeaba diciendo que lo de izquierdas y derechas fue un invento de porteros. Y relataba el origen de la denominación, en la Revolución Francesa: el azar quiso que en el salón donde se desenvolvía la Asamblea, los partidarios del ancien régime, monárquicos y conservadores, se sentaran a la derecha y los jacobinos, los más decididos revolucionarios, a la izquierda.
Izquierda y derecha, son términos que demandan una redefinición, al menos luego de la caída del Muro de Berlín. Ya nadie propone revoluciones ni dictaduras del proletariado. Los obreros no se vislumbran como una mayoría abrumadora y miserable de la sociedad. La historia ha tomado un rumbo distinto al que fuera pensado en el siglo XIX. Ahora la izquierda tiene objetivos más módicos: una mayor preocupación por lo social, por una más igualitaria distribución del ingreso, por la extensión del rol del estado en la economía y, en política internacional, el alineamiento con quien fuere, contra los Estados Unidos.
El socialismo y el comunismo han deslizado hacia el populismo, su expresión actual, más tenue y diluida. Pero esta adscripción lleva al nuevo nucleamiento integrado por socialistas y radicales hacia posiciones económicas similares a las del gobierno actual. No en vano el socialismo (y un poco menos el radicalismo) han votado leyes fundamentales del kirchnerismo, tales como las estatizaciones de Aerolíneas Argentinas, YPF y las AFJP. Esa es una franja de coincidencias esencial entre el kirchnerismo y una amplia zona del FAU.
El socialismo, una parte del radicalismo y también algunos peronistas sueltos, como el caso de Luis Juez, fueron aliados importantes del gobierno durante muchos años, hasta que se desencantaron, no hace demasiado tiempo. Pero aún ya distanciados, comparten algunos puntos de vista esenciales en materia de economía. Ven con buenos ojos el rol empresario del estado y son propensos a un gasto público social amplio que luego lleva a situaciones como las actuales, de alta inflación donde lo que se otorga mediante subsidios es quitado a través del aumento generalizado de los precios.

Algunas diferencias
La diferencia más importante entre el FAU y el kirchnerismo parece alojarse en lo político. El FAU alienta, al menos en las palabras de todos sus integrantes, un nuevo estilo en materia institucional. Sus declaraciones apuntan a la libertad de prensa (pese a que algunos votaron con el gobierno la Ley de Medios) , la independencia de la Justicia y la eliminación de los gestos chabacanos a que nos tiene acostumbrado el gobierno (escraches, persecución fiscal, discrecionalidad, mentiras en los datos económicos, etc). Esta es su principal bandera, una suerte de restablecimiento de la república y de aspectos esenciales de la vida democrática. La vigencia de los buenos modales políticos, un valor ciertamente estimable.
Pero últimamente, han comenzado a surgir críticas más duras hacia el manejo económico en puntos cruciales. Lo notable es que, en otro tiempo, esta crítica podría haber sido considerada “ortodoxa” o incluso “liberal”. Hermes Binner, estos días ha mostrado su preocupación por la brecha fiscal y por la inflación, entre las que establece un vínculo. Y esto es algo que la izquierda casi nunca reconoce. Al contrario: siempre adjudica la inflación a la maldad de los empresarios o bien a razones estructurales, lo que posterga su solución para las calendas griegas.
Esta falta de coherencia ideológica queda más clara aún si uno escucha lo que dice Pino Solanas o lo que afirma, en el otro extremo, por ejemplo, Elisa Carrió. Esta última, más propensa a una alianza con Mauricio Macri, algo que rechazan con fuerza una parte del radicalismo (la más alfonsinista, la más “izquierdista”) y el socialismo, que miran a Macri con horror pues lo asocian a una economía más libre, sin tantas regulaciones ni actividades empresarias por parte del estado.
Esta amplia gama de posiciones y matices… ¿favorece o perjudica al FAU? Dependerá del tono de la conducción y de los candidatos del FAU que predominen al momento de las elecciones y también del clima político que exista en ese momento. Si el deterioro de la situación económica y social se continúa profundizando, deberán prevalecer las ideas más ortodoxas si es que quiere conservarse alguna chance electoral.
Si, por el contrario, el gobierno consigue llegar airoso al momento de los comicios, entonces habrá margen para que el FAU despliegue un poco su perfil populista y pueda hacer la diferencia en lo político, proponiendo una mayor prolijidad republicana y menos desbordes económicos.
¿Le conviene a Macri un acercamiento a esta nueva alianza? Es dudoso. Se desdibujaría su perfil político y abdicaría del espacio que acertada o equivocadamente hoy el electorado le adjudica: la franja liberal anti populista.
Como fuere, está claro que los realineamientos de fuerzas con vistas a las elecciones ya han comenzado.
Estamos en campaña electoral, casi.