Si la inflación sigue, el dólar a $ 8 no aguanta

franklin vs roca 001[dc]E[/dc]n las últimas semanas el mercado cambiario goza de una estabilidad que abre el interrogante de hasta cuándo durará. La devaluación de enero redujo parcialmente el atraso cambiario, pero diversos indicadores –según economistas y empresarios- todavía marcan que la paridad está por debajo de un nivel de equilibrio. El otro gran problema es la inflación, fuente de las tensiones cambiarias. Si bien se moderó el ritmo de expansión monetaria, también está cayendo la demanda de dinero. Un trabajo de Gustavo Reyes, del Ieral de la Fundación Mediterránea, señala que ña experiencia argentina muestra que las políticas basadas en suba de tasas de interés no logran resultados duraderos en el mercado cambiario. La excepción se dio en 2002, pero luego de una “tremenda devaluación y de tasas de interés que llegaron a triplicar la inflación”.
De acuerdo a estimaciones del Ieral, el tipo de cambio real (poder adquisitivo del dólar) en diciembre estaba atrasado en más de un 30% respecto de su nivel de equilibrio de largo plazo. La devaluación de enero si bien redujo el desequilibrio, no fue suficiente para eliminarlo completamente. Similar conclusión se desprende de la comparación de precios en dólares entre Argentina y el resto del mundo. Un ejemplo surge de tomar el “Big Mac” de McDonald´s en distintas partes del planeta (en Argentina desde 2012 se utiliza el “Cuarto de Libra con Queso” cuyo precio en la mayoría de los lugares es igual al del “Big Mac”): en enero el precio del sándwich seguía demasiado elevado en Argentina cuando se mide en términos del dólar oficial respecto al promedio de la muestra de 56 países.
Si bien en las últimas semanas el dólar oficial está prácticamente “congelado” en un nivel muy cercano a los $ 8, no resulta muy probable que siga hacia fin de año. Para Reyes la explicación tiene que ver con que el problema subyacente a la inestabilidad del mercado cambiario no ha variado en los últimos meses: la inflación. “En la medida que la inflación continúe, si el tipo de cambio nominal no se modifica, su poder adquisitivo es erosionado y tarde o temprano vuelven a generarse tensiones en el mercado. De esta forma, eliminar definitivamente las expectativas de devaluación exige reducir fuertemente el proceso inflacionario”, dice el economista.
En este sentido, si bien el Central ha venido reduciendo el ritmo de expansión monetaria (y subiendo la tasa de interés), la inflación no baja porque la gente desea tener cada vez menos pesos en su poder (las expectativas inflacionarias siguen siendo elevadas ante la ausencia de un plan que ataque frontalmente la inflación) y este hecho genera tanta inflación como si el Central acelerase la tasa de emisión monetaria.
Reyes analiza situaciones similares a la actual en los últimos 40 años de la Argentina:
• Entre fines del año 1980 y principios de 1981, la tasa de interés se duplicó pero finalmente la devaluación terminó siendo cercana al 45% mensual haciendo estallar la conocida tablita de Martínez de Hoz.
• Entre 1984 y mediados de 1985, la tasa de interés aumentó un 150%, sin embargo, la tasa de devaluación que era cercana al 11% mensual terminó siendo superior al 30% mensual.
• Entre fines de 1988 y mediados de 1989, la tasa de interés se cuadruplicó y la tasa de devaluación mensual terminó siendo cercana al 180% mensual y la economía entró en hiper-inflación.
• Durante 2001, la tasa de interés se triplicó, sin embargo hacia finales del 2001 y principios de 2002, el tipo de cambio colapsó y en cuatro meses aumentó casi el 300%.
En todos estos episodios, la suba en la tasa de interés nunca pudo eliminar las expectativas de devaluación del tipo de cambio. En una economía inflacionaria como la actual, también es muy difícil eliminar las expectativas de devaluación ya que son alimentadas por la dinámica de los precios”, sintetiza el economista, quien subraya que las enseñanzas que dejaron las crisis anteriores es que, en la medida que no se contienen las expectativas inflacionarias, los ajustes necesarios para frenar las presiones cambiarias e inflacionarias pueden ser muy fuertes y con un alto costo social (caída en el poder adquisitivo del salario, del empleo, etc.).
La alternativa es instrumentar un plan que ataque frontalmente a la inflación y a sus causas (exceso de gasto público). La experiencia argentina, según Reyes, muestra numerosos ejemplos donde, a través de planes anti-inflacionarios concretos, no solamente se contuvieron las tensiones cambiarias sino se encauzó rápidamente a la economía hacia procesos expansivos (Plan Austral en 1985, Plan de Convertibilidad en 1991, etc.).
“Por ahora, el gobierno ha lanzado medidas aisladas y declaraciones todavía difusas de ajuste en las cuentas públicas (promesas de reducción de subsidios). En este contexto, es difícil que las expectativas inflacionarias bajen en forma significativa. Mientras tanto, la economía seguirá navegando entre la disyuntiva de nuevas tensiones cambiarias o una eventual profundización del proceso recesivo, como única arma de contención de la inflación”, enfatiza.