Cadena de mentiras

Por Gabriela Origlia

Hoy el Indec –que intenta limpiar su imagen y borrar seis años de datos mentirosos con dos meses de una medición de inflación a tono con la realidad- difundirá cuánto creció la economía durante 2013. El hecho no es menor porque si el PBI subió por encima de 3,25% la Argentina debe cancelar unos u$s 3.500 millones a los acreedores que tienen bonos atados al Producto. Si la evolución es menor, no se paga. Todo indica que –aunque cambia la base de cálculo- el organismo difundirá un valor coherente con el Estimador de la Actividad Económica, que fue de 4,9%. En cualquier caso, lo que diga provocará una división de aguas y eso no es más que una consecuencia de las mentiras encadenadas que viene sosteniendo hace tiempo.
Los bloques legislativos de la oposición este martes señalaron que el PBI aumentó 2,9% en 2013; el cálculo es en base a estimaciones de consultoras privadas, las mismas que les proporcionan la inflación mensual. En ese marco, los diputados plantearon que el Gobierno no debe desembolsar los u$s 3.500 millones. De paso, señalaron –por ejemplo- que ese dinero equivale a tres veces el costo fiscal del aumento salarial ofrecido por el bonaerense Daniel Scioli a los docentes ($10 mil millones) y advirtieron que harían una denuncia penal contra los funcionarios por “defraudación”. De hecho, el ex presidente del Central Alfonso Prat Gay dio ese paso el año pasado por entender que la intervención del Indec determinó pagos extras por u$s 2.300 millones (siempre en referencia al cupón atado al PBI que se ofreció al momento del canje de la deuda).
Este debate que se suscita ahora no se produjo con otro bono que ingresó al canje, el atado al CER (un tecnicismo para denominar a la inflación). Con cada mentira del Indec sobre ese dato, los tenedores de esos papeles perdían dinero. La historia comenzó en 2007 y la incógnita es si terminó. En ese caso funcionarios del Gobierno acusaban a las consultoras de sobredimensionar la suba de precios para beneficiar a los bonistas. Si se aplica la misma regla, ellos hacen lo propio con otros inversores. Buena parte de los que cobrarían los u$s 3.500 millones son fondos buitres con los que hay una causa judicial pendiente en Estados Unidos y para la que el oficialismo anda solicitando avales por el mundo.
La intervención del Indec en 2007 fue nefasta por donde se la mire. Originó una cadena de mentiras difícil de desanudar. Cada dato que se difunde desde el organismo es sospechado, con razón y fundamento. En cualquier país las estadísticas son claves para planificar y diseñar políticas públicas. Argentina se quedó sin brújula porque el kirchnerismo decidió romper el termómetro porque no le gustaba tener fiebre. Sobre ese tablero amañado se construye un país que no tiene pobres ni indigentes, tiene salarios en negro que crecen por encima de los formales y un PBI que crece a tasas altas más allá de la realidad de las industrias.
Es el país que dibujó el Indec y sobre el que se definen estrategias. El desprecio por los datos no es una conducta propia de políticos que piensan a largo plazo; es difícil hacerlo sin base, sólo en función de dibujos. Puede que a una gestión le resuelva su ansia de mostrar logros, pero a una nación la deja en medio de la nada.