Pobreza e inequidad, los desafíos de Latinoamérica

pobreza[1]En la última década Latinoamérica el continente americano disfrutó una fase de notable bonanza económica que tuvo su correlato en la mejoría de los indicadores sociales. Los progresos fueron particularmente notorios en el mercado laboral: la tasa de desempleo promedio de la región pasó de 11% en 2002 a 6,4% en 2012, con varios países alcanzando un virtual pleno empleo. Pese a esta mejoría sensible, la región sigue sufriendo penurias sociales y resolverlos es, precisamente, su mayor desafío.
El último reporte de la Cepal da cuenta de los altos niveles de pobreza e indigencia y de la enorme desigualdad distributiva que todavía caracterizan a Latinoamérica. En lo que respecta a la pobreza, hay que decir que, luego de las significativas mejorías alcanzadas en el primer quinquenio de la última década, los progresos se desaceleraron de manera notoria en los últimos años. Por caso, la indigencia parece haberse estancado por encima del 11% desde 2008.
El escenario social se vuelve más apremiante si se pone el foco en la situación de la infancia en la mayoría de los países latinos. Tanto en la medición por ingresos tradicional como en una novedosa multidimensional (tiene en cuenta condiciones de acceso a vivienda, servicios públicos, educación. etc) que propone Cepal, la tasa de pobreza infantil del continente supera el 40%; bien por encima del nivel general.
Un reporte de la consultora Muñoz y Asociados realiza una comparación de esos valores con el caso argentino. En 2011, la tasa de pobreza infantil por ingresos se ubicaba en 10%; en rigor, Cepal tomó de manera acrítica los números que le informa el Indec: Pero en la medición multidimensional que elabora la propia institución, la tasa argentina de pobreza infantil trepa al 24%. En general, en la mayoría de los países (salvo Perú), ambas mediciones tienden a coincidir, por lo que el reporte cepalino termina desnudando la manipulación estadística en nuestro país; en particular, en la medición oficial de la pobreza por ingresos.
El reporte de Cepal también da cuenta de progresos sensibles en la mayoría de los países de la región en materia de equidad distributiva. De todos modos, pese a las mejoras logradas en la última década, América Latina sigue siendo una de las regiones más inequitativas del globo. El coeficiente de Gini en la mayoría de los países aún se mantiene en niveles muy elevados y lejos de las economías desarrolladas: mientras en la región la media es de 0,45, en los países de la OCDE el promedio es inferior a 0,32.
Es decir que, si bien la bonanza económica de la última década permitió a América Latina lograr progresos significativos en los indicadores sociales (sobre todo en el campo del empleo), los desafíos pendientes en términos de pobreza remanente e inequidad siguen siendo significativos. Debe tenerse en cuenta que, en un contexto internacional bastante menos propicio como el que se avecina (con deterioro de términos de intercambio y condiciones financieras más restrictivas), no será sencillo lograr mejoras ulteriores en el campo social.

Lupa local
El economista Carlos Kesman señala que América latina importa 1 billón de dólares por año y el 85% viene de extrazona, del mundo desarrollado: “Es la medida del gran fracaso de integración en la región. Mientras no se consolide la integración intrazona sustituyendo como mercado ampliado las importaciones, ésta no va a estar blindada a las crisis internacional y tampoco logrará luchar con empleo de calidad y con producción la pobreza que es del 30% en la región; 200 millones viven en condiciones de pobreza”.
Por su lado, el politólogo Daniel Zovatto destaca que 70 millones de personas salieron de la pobreza en la última década en la región y se amplió la clase media, “pero aún así el continente es el más desigual del mundo”. En ese marco, plantea que hay que monitoreas hasta qué punto los cambios que se ven en el mundo impactarán en Latinoamérica, como son la desaceleración de China, los menores precios de lascomodities y la posible suba de tasa de interés de Estados Unidos.
Enrique García, titular de la CAF, señala que el desafío pasa por si la región puede iniciar la transformación productiva para “pasar de un modelo tradicional de ventajas comparativas basado en recursos naturales y salarios bajos a uno de ventajas competitivas con énfasis en la tecnología, innovación y creatividad”.