Excomulgados del rock

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

ilustra los miranda de fiestaEn determinado momento de la efervescencia rockera de los años sesenta, los artistas competían por ser cada vez más osados en su desafío de las reglas establecidas. De una incipiente rebeldía se pasó abiertamente a posturas que buscaban imponer cambios trascendentes en la sociedad, algo que se tradujo en las letras de las canciones, sobre todo a partir de la irrupción de Bob Dylan.
Esta premisa de destruir las estructuras para proponer nuevas pautas tuvo su pico de ebullición con el movimiento punk, que reivindicaba los estallidos sociales y cuestionaba incluso a las estrellas de rock que habían abandonado sus ideales para entregarse a una vida de lujos y placeres. Los punks agredían físicamente, pero también lo hacían con su música, su aspecto y sus consignas, en un combo difícil de digerir para la gente común.
Desde aquellos años, quedó impresa en el imaginario colectivo esa imagen del artista que basa su prestigio en combatir al sistema, en irritar a la industria, en proclamarse independiente y alternativo. Muchas fortunas se construyeron a partir de esa fórmula que sigue siendo efectiva: decir una cosa, insistir en esa cosa y embanderarse en esa cosa, aunque la estricta verdad indique que están haciendo otra cosa completamente distinta.
Cuando el nuevo milenio se despachó con la música de Miranda! y su disco debut titulado “Es mentira”, resultó complicado evaluar de qué estábamos hablando cuando hablábamos de ese grupo. ¿Era rock? ¿Era apenas un producto de marketing? ¿Era arte? En definitiva, ¿era mentira? Allí radicaba la audacia de la propuesta: al asumirse como una “mentira”, Miranda! dejaba sin argumentos a la acidez de los críticos, que se ensañaron con esas cancioncitas de pop electrónico y sus historias de amor contadas en primera persona.
Asumirse como una fantasía sin contacto necesario con referencias de la realidad, le valió a la banda situarse un paso más delante de aquellos que hacían cola para defenestrarlos. Y así fue como, al arrullo de las quejas de los puristas, Miranda! escaló hasta lo más alto en los índices de popularidad, sumando entre sus seguidores a jóvenes y niños del más heterogéneo origen.
Una vez consolidado entre los más vendedores del país, el grupo no detuvo su desacato y fue violando sistemáticamente el decálogo que había convertido al rock en el sonido de la furia. Quizá la mayor hazaña en ese sentido haya sido asociarse a los Pimpinela: el dúo de los hermanos Galán siempre provocó náuseas entre los rockeros y, al mostrarse junto a ellos, Miranda! les asestaba un mandoble a quienes se decían campeones de la tolerancia y la amplitud, aunque esas cualidades no abarcasen sus preferencias musicales.
Sucesivas deserciones en la formación fueron dejando solos a Ale Sergio y Juliana Gattas, los vocalistas, quienes expandieron su ámbito de figuración mucho más allá de la música. La aparición del dúo como jurado de un reality show fue otro cachetazo al concepto romántico del artista que reinaba en el rock nacional desde fines de los sesenta. Y cuando Sergi oficializó su romance con la vedette Andrea Rincón, parecía que ya no le quedaba nada por hacer a Miranda! para mejorar sus posibilidades de ser excomulgado del rock.
Sin embargo, la versión de su tema “Perfecta” en la que aparecen como invitados de Agapornis vuelve a mostrarlos en un destello de esa actitud kitsch que tanto irrita a cierta crítica bienpensante. Unirse en cuerpo y alma a los referentes de la “cumbia cheta” representa un nuevo peldaño en la escalada bizarra que Miranda! emprendió desde los primeros pasos de su carrera.
Mañana, a partir de las 20, el grupo se presentará con entrada gratuita en el Orfeo Superdomo, como parte del Personal Fest Verano Córdoba en el que también participará Airbag. Lejos ya de la polémica desatada por su irrupción en el panorama de la música argentina, Miranda! se ha inventado una categoría propia, en la que ningún otro artista estaría en condiciones de competirles.