De Kenan a Cossar

Por Atila Ravanelli y Juan Carlos Jodar(*)

Ocho mil dieciocho son los días transcurridos bajo el sol desde que un intruso, en la geografía Argentina, habilitó un quórum parlamentario para forzar la sanción de una norma.
Rebuscando en los antecedentes hubo que remontarse hasta el 26 de Marzo de 1992, en el Congreso Nacional, para encontrar una situación análoga.
Juan Abraham Kenan, de 72 años, sin ser Diputado, entró en el recinto de sesiones tomó asiento en una banca otorgando quórum estricto al momento de votar la polémica privatización del gas. Este 5 de febrero en la patria más chica, nuestra Córdoba, el viceintendente, doctor Marcelo Cossar, invitó a tomar asiento en la banca a un Concejal Suplente sin que se hubiera acordado la licencia al Concejal Titular, todo ello sin mayores formalidades.
Automáticamente acrecentó de 15 a 17 la tropilla de ediles del Bloque de la Unión Cívica Radical, 16 presentes más un ausente, posibilitando así la suba del boleto del transporte urbano a $5,30 para todos los vecinos. Hasta ahí, es más o menos como si el doctor Cossar al momento de ser electo viceintendente hubiera abierto una urna y colocado 40.000 sufragios más para el partido de sus amores.
Kenan fue tristemente célebre como el “diputrucho”; ¿Con qué apelativo recordará la historia de la ciudad a su viceintendente?
La gravedad de toda esta situación excede en mucho la violencia institucional. Es que el recinto de sesiones estaba colmado de una nutrida concurrencia de las Juventudes Radicales. ¿Qué enseñanza, que legado se brindó a las generaciones futuras? ¿Acaso realizó de este modo algún ideal formado en las aulas? ¿Practicó algún principio usual en las naciones civilizadas que gozan de organización constitucional?
¡Qué costumbres!, ¡Qué destino!, Es que ¿estaba reservado a la Municipalidad de Córdoba el triste espectáculo de ese día? O tal vez la miopía de las ambiciones impacientes obnubiló la higiene del camino que se recorre.
Hubo un trance hipnótico que confundió a aquellos funcionarios, que encontraron razones protojurídicas para hacerle decir al Reglamento Interno del Concejo aquello que no dice, para permitir aquello que no se permite. Y peor aun: sin reparar en una norma de mayor jerarquía, la Carta Orgánica Municipal.
¿Acaso hay cosa más horrible que ver a un hombre elocuente cuando no dice la verdad? Llamó la atención de los cabildeantes la docilidad para sancionar con ligereza iniciativas inconcebibles, arranques caprichosos, perversión de ideas. Se ha suprimido la sana práctica política, reemplazándola por el abyecto abuso, el vicio y la arbitrariedad, defraudando la fe pública y enrareciendo el clima moral de la sociedad.
En el caso del Diputrucho el Congreso Nacional tuvo que realizar nuevamente la votación.
Una muestra de actitud política demanda acabar con la amarga circunstancia, recordar los sagrados juramentos, conservar el decoro del recinto y salvar la dignidad del Poder Legislativo Municipal.
En castellano antiguo, como dijera Miguel de Cervantes Saavedra en boca del Hidalgo manchego cuando algo no olía bien en los pantalones de su fiel escudero: “Sancho… peor es meneallo”

(*)Asesores legislativos Unión por Córdoba