Alemania es víctima de sus propias recetas

Por Gabriela Origlia
Especial desde Berlín

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Desde el 1 de enero último rige en la Eurozona la libre circulación de rumanos y búlgaros. La medida –que estaba programada hace tiempo- generó  alarma en los socios de la Unión, en especial donde la economía marcha un poco mejor, como Alemania. Medios de prensa y partidos de derecha comenzaron a hablar de una “invasión” de trabajadores que terminarían dejando sin trabajo a los nacionales, empeorarían las prestaciones públicas y, además, se aprovecharían del Estado de Bienestar.

El 2013 fue un año raquítico para el motor de la Unión Europea. Alemania apenas cre ció el 0,4%, el valor más bajo después de la recesión de 2009. Una de las claves es que las exportaciones –que constituyen el verdadero combustible de esta economía- se expandieron en el año el 0,6%; las importaciones lo hicieron el 1,3%. Los números revelan la situación de la Eurozona, marcada por la debilidad de la actividad de sus socios, a los que el gobierno germano les receta austeridad y más austeridad.
Las dos terceras partes de las exportaciones alemanas van al resto de Europa, por lo que si esas economías no levantan cabeza la luz amarilla podría transformarse en roja para la administración de Angela Merkel. Para este 2014 el Banco Central alemán es más optimista, prevé una mejora del PBI del 1,7% y del 2% para el 2015. En materia de inversiones tampoco hubo buenas noticias, estuvieron 2,2% por debajo del 2012 y el Estado registró un ligero déficit del 0,1% de su PBI. Las mejores perspectivas dependerán de cómo reaccione el resto de los socios de la Eurozona. Merkel se resiste a cambiar las recetas que reparte aún cuando los resultados no se ven y empiezan a afectar a su propio país.
La resistencia que los ciudadanos de la región –incluidos los alemanes- tienen al europeísmo no hacen impactan en la Presidenta. La sensación de muchos es que Europa unida no ha servido para mejorarles su vida; por el contrario, para la mayoría empeoró respecto a la etapa inicial, cuando no existía la moneda común. Los ajustes golpean la credibilidad y la confianza en la Eurozona de portugueses, españoles, griegos, italianos o irlandeses y –en paralelo- aumentan sus críticas a Alemania. Gastar menos para atraer inversiones y generar empleo no ha dado los resultados esperados. Es que la austeridad sola no sirve para nada. Hoy no sólo hay más pobreza sino que empeoró el reparto de la riqueza.
La pérdida de ingresos no sólo afecta a los “periféricos” –como llaman aquí a España, Grecia o Portugal- en la propia Alemania, según los últimos datos de Eurostat (instituto que maneja las estadísticas europeas) hay ocho millones de pobres, quienes viven con unos 450 euros al mes. Son los números de la pobreza de la nación “rica” y reflejan el  fin del Estado de Bienestar ya que la cobertura social de estos trabajos es inexistente. La flexibilización laboral profundizada por Merkel –que la propone al resto de la Unión como una manera de generar puestos laborales- deja este panorama.

Anti-inmigración
En este contexto en los últimos meses los democristianos de Baviera —socios del gobierno de Merkel y emplazados en el Estado más rico del país- empezaron a agitar ideas en contra de que los rumanos y búlgaros lleguen a buscar trabajo, una situación que puede producirse porque desde el arranque del 2014 se levantaron todas las restricciones. La punta de lanza es restringirles el acceso al sistema social germano. Según sus proyecciones, podrían llegar unas 200 mil personas en busca de permiso laboral y, así, tener derecho a cobrar los 185 euros por hijo que paga el Estado.
Horst Seehofer, titular del gobierno bávaro, directamente habló de “peligrosos turistas sociales” y avaló el reclamo de su partido de eliminar las prestaciones sociales en los primeros tres meses de estadía y expulsar a quienes engañen para conseguir un empleo. La posición causó un fuerte debate en la coalición partidaria que integran los democristianos de Baviera; el resto de los integrantes tomó distancia y el ministro de Relaciones Exteriores de Merkel salió directamente a defender la libertad de circulación en la Eurozona y acusó a la propuesta de de “dañar a Europa y a Alemania”.
La polémica tiene también como protagonista a un medio, el diario Bild quien azuza la idea de que los rumanos y búlgaros llegarán a buscar ayuda social (la pueden cobrar aún cuando sus hijos no vivan en Alemania con ellos). La reacción frente a la posibilidad abierta para rumanos y búlgaros –llamados “inmigrantes pobres”- no se limita a  este grupo, partidos de derecha y centro derecha de Holanda, Francia y Gran Bretaña siguieron los mismos pasos.