Desencanto y desconfianza en la política

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Argentina Violetta
De la Argentina, en Italia, se habla poco y nada. La nueva figura latinoamericana es el uruguayo José Mujica, quien genera curiosidad. Más allá del Papa Francisco, no hay argentinos presentes en la agenda de los medios italianos. La excepción es la cantante y actriz Violetta, quien se presentó en tres funciones durante el fin de semana último en Roma y movilizó a miles de chicas, que llenaron la ciudad de vinchas, bolsos y bufandas con el rostro de la argentina.
Martina Stoessel tuvo su lugar en la tapa de la mayoría de los diarios italianos –en las revistas ya era habitué- por los récord de convocatoria de su espectáculo. De hecho, fue una de las protagonistas de la transmisión de Año Nuevo de la RaiUno.

Por Gabriela Origlia
Especial desde Roma

[dc]A[/dc]lgo pasó –o, mejor dicho, mucho- que los italianos dejaron de interesarse en la política. Parece un mal generalizado que se ahonda con la crisis que atraviesa Europa. La mayoría quiere recuperar calidad de vida y poco le importa si es la derecha o la izquierda la que le aporta las soluciones. Por ahora, ninguna. Además los tiempos se acortan porque se acumulan meses de economía frenada e incertidumbre por el empleo. El premier Enrico Letta, si bien ha logrado salvar en dos oportunidades su gobierno y armó un pacto con diferentes fuerzas políticas, es consciente de que nada está dicho y de que las coaliciones de hoy son enfrentamientos de mañana.
Uno de los socios que le asegura la gobernabilidad al Partido Democrático (centro izquierda) es una fuerza fundada por Angelino Alfano, actual ministro del Interior y ex delfín de Silvio Berlusconi. Il Cavalieri, expulsado del Senado en noviembre tras su condena a cuatro años de cárcel por fraude fiscal, no abandonó la política. Se fue de la coalición con el PD y rearma Forza Italia a la vez que usa todos sus medios de comunicación para criticar al Gobierno. De los problemas que sufre Italia no asume ninguna responsabilidad; por el contrario cree que las desgracias se acrecentaron desde que dejó la administración. Su aspiración es encabezar la lista para las elecciones europeas del 25 de mayo próximo pese a que las leyes se lo impiden.
La izquierda enfrenta sus propias internas. Todavía hay sectores que lamentan haber apoyado hasta 15 días antes de las elecciones al tecnócrata y ex premier Mario Monti, un defensor de las políticas de ajustes predicadas por Alemania. También generó divisiones la posición a tomar ante la votación que expulsó a Berlusconi del Senado. El viceministro de Economía, Stefano Fassina –un opositor a los planes de “austeridad”- renunció hace pocos días explicitando las diferencias en el gabinete. Y la semana cerró con un enfrentamiento abierto entre Letta y el presidente de su partido, que no pierde oportunidad de criticarlo.
Para Sergio Gentili, político y ambientalista de la izquierda, no sólo hay una crisis en los partidos políticos. Advierte que todavía lo sorprenden los cambios en la sociedad: “En los últimos años se suceden los suicidios de emprendedores y desocupados. Años atrás se protestaba, se buscaba cambiar el modelo con participación y reclamos. Hoy triunfa la desolación”. Este fenómeno registró su pico entre 2010 y 2012, cuando hubo un aumento del 55% de los casos respecto a 2005. La zona geográfica más golpeada fue el Véneto, al norte, que fuera la “locomotora” industrial del país. En ese marco se creó el grupo de las “viudas de la recesión”, mujeres de los suicidados.
Gentili entiende que los descontentos no encuentran representación en ninguna fuerza política lo que explica porqué el cómico Bepe Grillo logró casi nueve millones de votos en las últimas elecciones. Sin propuestas, su campaña fue una crítica al resto de los partidos. Su anti-política también se está apagando y en pocos meses malgastó su capital ya que ni siquiera logró armar listas para comicios comunales. Cuando una senadora de su fuerza (Movimiento 5 Estrellas) criticó su liderazgo, directamente la expulsó. En pocos meses ya abandonaron el barco cuatro parlamentarios. La moledora de carne no tiene contemplaciones ideológicas.
Grillo, quien movilizó a millones de italianos en los meses previos a las elecciones, quedó afuera de la alianza entre centro derecha y centro izquierda para gobernar. Sus seguidores, pese a que la realidad sigue igual de crítica, no protestan más. Lo que parecía el vértice para obligar a un cambio a los gobernantes quedó en la nada.
“No es la primera vez que pasa”, dice Gentili. Para muestra vale recordar el Mani Pulite (Manos Limpias), aquel proceso judicial encabezado por el fiscal Antonio Di Pietro en los ’90 que reveló una extensa red de corrupción y sobornos que incluyó a políticos y empresarios. El escándalo desembocó en una nueva ley de partidos políticos y dejó fuerza de escena a dirigentes históricos como Bettino Craxi y Giulio Andreotti; hoy algunos de los protagonistas son jóvenes dirigentes de aquella época.
Letta, con 47 años, repite que el 2013 fue el año del cambio generacional en la política italiana: “Un cambio que necesitaba el país. Esta generación no puede fracasar. Vamos a aprovechar esta oportunidad, ya no tenemos excusas”. El tiempo dirá si además de juventud la dirigencia tiene nuevas ideas y logra sacar al país de la crisis.