Irregular epílogo del juicio contra Petrone

_MG_7480[dc]E[/dc]l proceso de instrucción contra Jorge Petrone y otros cinco acusados, por la presunta usurpación de un predio de 63 hectáreas a la vera de la autopista a Carlos Paz, duró ocho años y medio, y la audiencia pública del debate final, casi cuatro meses. En todo ese tiempo varios de los imputados, entre ellos el dueño de Gama, sobrellevaron el proceso en libertad. Pero a horas de la sentencia –probablemente hoy- la Cámara Décima del Crimen presidida por Juan José Rojas Moresi, resolvió detener al empresario ante el pedido de los fiscales acusadores –primero Enrique Gavier y luego Pablo Sironi- de una condena de prisión efectiva de cinco años y seis meses.

No fue lo único llamativo de la audiencia de los alegatos finales, que comenzó el miércoles a las 9.00 y finalizó a las 7.20 de ayer. Petrone es el principal emprendedor inmobiliario de la ciudad y está al frente de una empresa que, por ponerle dos números, tiene 2.500 empleados y sólo en construcción más de 600.000 metros cuadrados. Sustraerse a la acción de la justicia dejando a la deriva un verdadero imperio no suena ni siquiera verosímil. Más aún quedando la incógnita abierta sobre la sentencia final de la Cámara Décima del Crimen.

Pero es cierto que el tribunal ha dado algunos indicios de que le aplicaría una pena de prisión efectiva (debe ser de más de tres años), como quedó insinuado en el larguísimo debate: la misma detención probablemente innecesaria y la chance que le dio a Gavier de remendar su acusación luego de que el defensor de Petrone, Marcelo Brito, conmoviera el recinto al iniciar su largo alegato aduciendo que el fiscal no había presentado la prueba y que la acusación, por lo tanto, era “nula de nulidad insalvable”.

Brito le dijo que en su alegato se había limitado casi a tipificar los dos delitos (falsedad ideológica reiterada y usurpación) y remitirlo al Código Penal, pidiendo, eso sí, máximo rigor: la pena prevista para este caso admite una escala que va de uno a seis años, y Gavier solicitó nada menos que cinco años y seis meses.

De las destinadas a Gavier, fueron las palabras más sobrias de Brito. “Sentí terror al escuchar hoy al fiscal Gavier, (…) cometió un yerro inimaginable, insuperable e insalvable”, dijo al sostener que el funcionario no había  expuesto una razón, más allá de su consistencia o fragilidad, que validara el pedido. Más adelante el tribunal encontró una manera de “salvar” a la acusación y al acusador, que mientras habló Brito lució shockeado y atornillado a su asiento. Tanto que debió ser el otro fiscal, Sironi, el que debió leer dos carillas de acusación tras el largo cuarto intermedio de dos horas (una carilla por hora), que se extendió entre las 2.30 y las 4.30 de la madrugada.

Fue un triunfo de Brito porque con esta merced concedida a Gavier y Sironi, la Cámara  convalidaba y los fiscales aceptaban que la acusación había sido, por lo menos, incompleta. Incluso, los enérgicos acusadores corrigieron el pedido de pena, no a Petrone pero si a Oscar García, tesorero de Gama al momento del episodio que originó la causa, en 2005. Habían pedido inicialmente tres años y medio y lo bajaron a tres, quedando en el umbral de una sanción de ejecución condicional.

Brito seguramente preparará un pedido de Jury contra el fiscal Gavier. Al menos se desprende de las gruesas calificaciones que le disparó al funcionario. Razonó el penalista con la elocuencia que se lo conoce, que al no existir prueba en el alegato del fiscal, se le estaba conculcando a su cliente el derecho de defensa: sin acusación, la refutación se transformaba en un ejercicio abstracto. Sólido razonamiento, hasta para un lego. “Ha dejado a este defensor inerme”, sentenció Brito.

Es probable que la comprensión de este comportamiento de los fiscales deba sustraerse a finas cuestiones jurídicas y remitirse a asuntos más vulgares. Aún con la jerarquía que tienen, se trata de empleados públicos en donde campea, por lo general, la línea del menor esfuerzo. Pero esta vez se plantearon dos problemas inusuales: el abogado defensor era Brito y, el otro, que toda (toda) la audiencia fue filmada por la Cámara y por la defensa. Es muy fácil verificar si Gavier expuso la prueba o no.

Aunque pareciera verse la pata de la sota de la decisión final de la Cámara, aún queda la última palabra a la que pueden hacer uso cada uno de los acusados (algo totalmente ritual y sin incidencia) y la sentencia del tribunal. Parte del sistema mediático está plegado al relato fiscal y a la leyenda urbana de que Petrone es un empresario que anda por las orillas, contrapuesta a otra imagen que habla de un pionero, de un emprendedor de origen plebeyo que en el tramo de 40 años de su vida laboral se convirtió de camionero en el inversor inmobiliario más importante de Córdoba.