Encuentro con Capitanich: dos posibles resultados

Por Gabriel Osman
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p10-1Hace mucho tiempo que la tercera administración de José Manuel de la Sota luce aletargada, sin reflejos, aun debitando de sus problemas el yugo económico que le coloca un gobierno central que, curiosamente, proviene de los confines de la Patagonia. Teniendo que la Nación victimiza y seguirá victimizando a Córdoba como a ninguna otra provincia, su gobierno debería maximizar las pocas oportunidades que se presentan. Pero, en cambio, lo que se está repitiendo con más frecuencia son los errores no forzados. En los episodios que acaban de terminar –aunque no sus epígonos- no parece haber existido ni una tibia alerta temprana sobre lo que estaba leudando en la Policía de la Provincia, pese a que el brazo gremial de la fuerza, los familiares, dio señales muchos antes de que se precipitaran los acontecimientos que el lunes terminaron explotando. De que el gobierno no disponía de información mínima sobre lo que venía, lo revela el viaje a Panamá de De la Sota horas antes del autoacuartelamiento de la Policía y su retorno presuroso cuando se enteró.


De la Sota ha conjurado el conflicto con un alto costo interno, compensado sólo con su posicionamiento en el centro de la escena política nacional. Igual, este beneficio residual o ganancioso, según se vea, no desmiente que la ministra encargada de conjurar el problema no pudo, entre otras razones porque es una experta en narcotráfico de opinables condiciones para ejercer liderazgo y autoridad en un gremio de 23 mil empleados, armados. Su presencia en el área que por años ocupó Alejo Paredes, se originó en denuncias de un programa televisivo, que terminó siendo su gran electoral. Está claro para cualquiera, y más para De la Sota, que esto es ir detrás de los acontecimientos.

El lunes y el martes la ciudad tembló y el sistema político también. El clima tuvo reminiscencias de 2001 –aquella vez con la policía en caja- aunque en este caso el caos llegó más lejos de los límites que se travesaron en Córdoba hace doce años. Esto pudo verificarse en las declaraciones medidas de la oposición política que seguramente recordó los dramáticos temblores de la caída de Fernando de la Rúa. Este aturdimiento inicial seguramente cederá en las próximas horas y podrá verse a la oposición en su papel habitual de maximizar beneficios de los problemas del oficialismo. Ya ayer a la noche se convocó a una concentración frente al Patio Olmos, fogoneada por el kirchnerismo cordobés, para pedir la cabeza del gobernador.

Córdoba, también el país, vive con frecuencia, cierto que menos dramáticamente, la falta de autoridad o el ejercicio sin límites de los derechos a reclamar y peticionar o de huelga. La de estos días fue una demostración in extremis de lo imprescindible que es el principio coactivo de la ley. Durante 48 horas Córdoba contó por miles a sus delincuentes, que seguramente mañana no lo serán y caminarán pacíficamente por sus calles, siempre y cuando la Policía no esté autoacuertelada.

Hasta ahora, las audiencias concedidas por Jorge Capitanich han sido hasta sencillas si se quiere. Mauricio Macri y Antonio Bonfatti son políticos de oposición con los que un gobierno peronista tiene un “conflicto natural”, muy distinto al que mantiene con De la Sota, de su mismo ADN. Después de la negativa del jefe de Gabinete a enviar a Córdoba efectivos de la Gendarmería Nacional, habrá que estar muy atentos a los resultados de ese encuentro, el martes. Al gobernador cordobés sólo le sirven dos resultados: que la Nación cancele al menos parte de la deuda que mantiene con la provincia o salir de la Casa Rosada con otro “no” que lo victimice.