De sospechosos a imprescindibles

Por Daniel Zen
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Hablemos de percepciones. Porque las percepciones son las que legitiman o deslegitiman las instituciones y los roles sociales. Percepción pos ADN TV: “Policía de Córdoba narco”. Crisis institucional. Descreimiento en la fuerza. Sensación de inseguridad. Miedo a toda persona uniformada.
Percepción facilista preexistente: “Policías, negros de mierda”. Trabajo para pobres. Bajo nivel de formación. Empleaduchos de los que comen bien todos los días. Denostación por toda persona uniformada.
La suma de ambas: “Policías delincuentes, negros de mierda”. ¿Va a decir usted que nunca escuchó esta fórmula?

Hablemos de cierta parte de realidad. Con números. Y sin números.
Régimen laboral de 24 seguidas con descanso 48 horas. 75% de los agentes efectuando 48 horas de “adicionales” por semana. Básico $5.500.
Trabajo de alto riesgo. Exposición a la violencia. Sometimiento a la autoridad (necesario elemento para la existencia de una fuerza de seguridad que representa el monopolio de la fuerza legal).

Consideraciones
Un trabajador con portación de arma, pobre, denostado por pobre, denostado por pertenecer a una institución percibida como delincuente ¿Qué pierde?
La dignidad. La paciencia. Probablemente también, la noción de lo que está bien y de lo que está mal.

Oportunidad de la huelga
Diez años de un mismo y férreo liderazgo (la estructura de poder del comisario mayor, ex jefe y ex ministro de Seguridad Alejo Paredes). La implosión de ese liderazgo. Los huecos de poder. La desvertebración de una fuerza por definición verticalista. Cierta crisis en el entorno gubernamental…
Un trabajador sin dignidad, sin paciencia, y en algunos casos, sin la noción de lo que está bien y de lo que está mal ¿Qué hace?
Probablemente se autoacuertela sin medir consecuencias.
Lo dicho, no viene a justificar de la decisión corporativa de dejar a Córdoba sin seguridad.

Qué supimos ayer
La percepción que arriba llamamos “Pos ADN TV” vino a complementar la percepción “Preexistente”; ambas, en conjunto, posibilitaron y extendieron en los últimos dos meses la idea de que una sociedad sin Policía era no solo plausible, sino mejor.
Noción particularmente comprada por sectores progresistas, amantes de florear discursos únicamente con lo “políticamente correcto” para sus conciencias imprácticas.
Pero los agentes hicieron huelga. Córdoba vivió una jornada sin Policías. Espontáneamente, la sociedad le robó a la sociedad. La gente le robó a la gente. Demostramos que la ley, democrática, la cumplimos si nos obligan. Y supimos que necesitamos a la Policía. A otra Policía. Imprescindiblemente.