¿Nace un nuevo ciclo político en América Latina?

Por Santiago Pérez
desde Rio de Janeiro
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2013-11-04BYNLa historia política y económica internacional puede ser estudiada por ciclos. Etapas que con sus particularidades y excepciones pueden marcar puntos de conexión en la vida de una región. América Latina es un excelente ejemplo de esta realidad. Durante los años 60 y 70 las naciones latinoamericanas recibieron los “coletazos” la Guerra Fría. El enfrentamiento ideológico y de alcance planetario entre los Estados Unidos y la Unión Soviética derivó en gobiernos militares, procesos autoritarios y movimientos guerrilleros que se cobraron decenas de miles de muertos. La disputa entre la dos mayores superpotencias de la historia del siglo XX alcanzó a todos los rincones del globo. Desde Europa Oriental y el emblemático Muro de Berlín, hasta el sudeste asiático y la trágica Guerra de Vietnam. En un suceso único para la historia política internacional, Washington y Moscú llevaron su pugna al espacio exterior. Dando forma a la carrera por la conquista del espacio primero y la guerra de las galaxias después. En ambas disputas los norteamericanos se alzaron con la victoria. Podría sostenerse que en 1969 triunfaron sobre los soviéticos al permitirle a Neil Armstrong caminar por la superficie lunar. Posteriormente, el plan de Ronald Reagan de instalar plataformas de lanzamiento de misiles nucleares en órbita marcó una victoria estratégica sobre la Unión Soviética. El Kremlin de alguna forma aceptó, quizás en forma tácita, que no disponía de los recursos financieros suficientes para equiparar el megaproyecto de la Casa Blanca. En otras palabras, la “guerra de las galaxias” fue ganada por abandono. La intensidad y envergadura de este conflicto alcanzó a todas las regiones del planeta y América Latina no fue la excepción. El ciclo político mundial marcó la vida de los latinoamericanos en forma determinante.
Con el declive de la URSS las democracias latinoamericanas volvieron a florecer, cada una con sus particularidades y a su debido tiempo. Los años 80’ llegaron de la mano de la inflación, o mejor dicho, de la “hiperinflación”. El fenómeno no fue potestad exclusiva de la Argentina, sino que sus vecinos experimentaron procesos con marcadas similitudes. Se trató en efecto de una “década perdida”, donde la economía simplemente no creció y se vio asfixiada por una galopante estanflación. Los años 90 trajeron estabilidad. El plan de convertibilidad en la Argentina (1991) y el Plan Real en Brasil (1994) ejemplifican el clico que por entonces atravesaba a la región. Los programas de estabilización lograron, cada uno a su manera, reducir la descontrolada alza de precios. Desafortunadamente para los argentinos, la convertibilidad terminó en tragedia. Mientras tanto el real, posiblemente gracias a su mayor flexibilidad, es aún uno de los pilares estructurales del modelo económico brasileño.
El siglo XXI nació con un boom en los precios de las materias primas que en líneas generales saneó las cuentas externas e impulsó un crecimiento económico regional inédito. Desde el punto de vista político, el nuevo período sentó las bases para el surgimiento de diversos gobiernos de izquierda o centro izquierda, con un discurso latinoamericanista y refundacional. Con sus matices y distintivos Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Rafael Correa, Luiz Inácio Lula da Silva, José Mujica y Evo Morales constituyen esta generación de presidentes. La integración regional (más política y discursiva que económica y comercial) es una demostración de este nuevo tiempo. La ampliación del Mercosur y el nacimiento de otros organismos supranacionales como la Unasur o la CELAC fueron posibles gracias al color de la corriente política que inundó la región.
Pero la historia es una película en constante movimiento. El presente ciclo ya lleva más de una década y no sería de extrañar que naturalmente y en forma paulatina comience a gestarse un corte, una división.
Nicolás Maduro no ha sido capaz de llenar el vacío dejado por Hugo Chávez. Venezuela se encuentra sumergida en una crisis económica de la que pareciera no poder encontrar salida. La victoria electoral de Maduro fue por un ápice y de persistir la actual situación, el mandatario difícilmente pueda sobrevivir a un eventual referéndum revocatorio de mitad de mandato. En la Argentina, el Frente para la Victoria se enfrenta también a un contexto delicado. La derrota en las elecciones legislativas elimina cualquier posibilidad de reforma constitucional, terminando con el ciclo político del kirchnerismo. En Brasil, el más influyente e inspirador de los gobiernos autodenominados progresistas, se encuentra en una posición por demás incómoda. Las masivas protestas callejeras y el escenario de tensión social que vive el país ubican al Partido de los Trabajadores ante su mayor desafío desde su llegada al poder en 2003. La economía brasileña ha visto también mermado su crecimiento, amplificando el grado de descontento del electorado. Las presidenciales de 2014 no serán fáciles para Dilma Rousseff. Ante este nuevo escenario los movimientos dentro de la oposición no se han hecho esperar. La reciente alianza entre el Gobernador de Pernambuco Eduardo Campos y la popular ex-Partido de los Trabajadores Marina Silva comienzan a darle forma a una reñida competencia electoral en 2014. ¿Podrá el PT conservar el poder? Un gran interrogante que sin dudas será un tema central en la agenda política latinoamericana del año próximo.
De todas formas vale aclarar que la política es una ciencia social y no una ciencia exacta. Otros gobiernos de izquierda o centro izquierda gozan de muy buena salud. Rafael Correa, José Mujica y Evo Morales mantienen una muy elevada popularidad, en casos en niveles récord desde el inicio de sus respectivas gestiones.
En definitiva. Si bien no se trata de períodos exactos, puede observarse el tímido nacimiento de un nuevo ciclo en la región. No sería de extrañar que de aquí a algunos años una generación de presidentes más cercana al centro ideológico comiencen a ocupar las distintas presidencias. Aunque la futurología no es una disciplina que dominen los mortales, los lentos desplazamientos sociales y políticos permiten de alguna forma “espiar” el futuro. El correr del tiempo se encargará por si solo de mostrar, en forma inequívoca, el nuevo curso de la política latinoamericana.