Advierten que la inflación podría acelerarse

2013-10-31ByN[dc]A[/dc]unque no pasó ni una semana de las elecciones legislativas, ya la dirigencia política, los economistas y los empresarios piensan en el 2015. El consenso generalizado es que el Gobierno seguirá privilegiando la dinámica de corto plazo, dejando a su sucesor las tareas pendientes para corregir los desequilibrios que van apareciendo y que –sin ser atacados- se van profundizando y, por lo tanto, requerirán de más fuerza para resolverlos.
El último informe de Gustavo Reyes, economista del Ieral, apunta que si el oficialismo se decidiera por una “mejor” estrategia para alcanzar las elecciones de 2015 y privilegiara el mediano plazo –lo que implicaría algunos ajustes y un salto devaluatorio-  el contexto se “endurecería” en el corto plazo, pero “permitirían morigerar los problemas del desbalance en las cuentas fiscales, la inflación y el atraso cambiario que son la clave del círculo vicioso que actualmente afecta a la macro”.
Reyes subraya que, sin dudas, el panorama es “complicado”. Advierte que mantener un escenario como el actual o virar a uno en el que, sin ajustes, se acelere la devaluación implicaría “grandes riesgos” para transitar los próximos dos años. En tanto que aplicar correcciones fuertes, si bien reducirían los problemas de mediano plazo, en el corto determinarían contextos nada fáciles de absorber para un Gobierno que probablemente reduzca su poder político después de las elecciones de octubre.
Ante estas encrucijadas, el economista señala que surge naturalmente un escenario intermedio con altas chances de instrumentación que se basaría en “continuar tapando lo más posible los crecientes desajustes  pero sin resolverlos. Es decir, algún pequeño ajuste tarifario que modere, pero que no resuelva el problema de los subsidios, algún salto cambiario para determinado/s sector/es  y para el resto se continúa con una tasa creciente de devaluación que trate de alcanzar el ritmo de la inflación”. En este caso –advierte- la inflación también podría terminar “acelerándose” debido a la p persistencia del problema fiscal y/o una eventual caída en la demanda de dinero.
Para intentar neutralizar ese efecto, las autoridades económicas (a través de bonos) o el Banco Central (a través de letras) podrían tratar de captar fondos privados para reducir la liquidez de la economía y atemperar las presiones inflacionarias y cambiarias. La consecuencia inmediata sería un alza más fuerte en la tasa de interés (debería superar a la inflación) con sus consecuencias sobre el nivel de actividad económica y el mantenimiento de “un clima de alta inestabilidad, porque no desaparecerían ni las tensiones cambiarias ni las inflacionarias, sólo intentarían ser contenidas a costa de un mayor endeudamiento de algún organismo público con el claro  límite que esto implica”.
Para Reyes la mejor opción pasa por mejorar las cuentas fiscales y hacer una corrección cambiaria que resulte creíble (“por única vez”), de modo de minimizar los costos de corto plazo.  En cambio, explica que como en los últimos meses ni el Banco Central ni Economía produjeron un salto devaluatorio -sólo una aceleración en la tasa de devaluación- ni ordenaron el frente fiscal, la inflación comenzó a acelerarse impidiendo una mejora del Tipo de Cambio Real a pesar de la mayor devaluación; la tasa de interés subió otro peldaño; la brecha cambiaria continuó ascendiendo y el nivel de actividad en general se mantuvo en niveles bajos salvo para unos  sectores, como el agro, la cosecha de soja y las finanzas. La pregunta clave es si después de octubre se mantendrá esta opción.