Mestre moderado: no iría por la Gobernación y buscaría ser reelecto

Por Gabriel Osman
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ilustra homenaje a ramon mestreLa práctica política ha desmentido muchas veces que segundas partes sean malas. Por el contrario, a menudo son mucho mejores que las primeras. El ejemplo más reciente y confirmatorio de esta afirmación parece ser hoy el segundo mandato de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires. Los comentarios que llegan desde la Capital Federal y los recientes resultados electorales así parecen indicarlo.
En Córdoba también hay ejemplos, pero menos recientes, como los segundos mandatos de Ramón Mestre (p) y Rubén Martí.
No sólo perfeccionaron lo hecho en el primer período sino que lo hicieron tan bien como para llegar a la Gobernación, el primero, y desistir sólo porque no quiso, el segundo. Adicionalmente, los hechos son inapelables y ellos dicen que con un solo mandato no se llega a la Gobernación, y a veces solo sirven para pasar al ostracismo político. Allí está el caso de Germán Kammerath, por no mencionar el futuro incierto de Luis Juez y Daniel Giacomino.
Por todo esto y por otras razones, las declaraciones de Ramón Mestre de ayer a Cadena 3, diciendo que improbablemente compita por la Gobernación en 2015 y que sí es posible que intente su reelección como intendente de Córdoba, son tan templadas como lo recomienda el manual de buenos modales del momento y el clima de moderación que parecen predominar en los gustos electorales, después de 10 años de crispación kirchnerista. (Además, para subir en las expectativas hay tiempo; lo contraindicado es bajarse).
“Estamos contentos con las legislativas”, le dijo ayer Mestre a Mario Pereyra, explicando lo que no tiene necesidad de explicación: “En toda legislativa los votos se atomizan mucho, pasa siempre, mientras que no es lo mismo cuando se eligen cargos ejecutivos”.
Por supuesto que pasó factura del desempeño electoral del radicalismo el pasado domingo, porque “en Capital el único partido que no ha perdido votos sino incrementado fue la UCR”. No fue un resultado para tirar manteca al techo, pero su partido y él personalmente lograron los dos objetivos de mínima: ser primeros en Capital y colocar tres diputados, entre ellos, su hermano Diego Mestre.
Cuando un político llega de golpe a un cargo importante primero debe enfrentar un curso acelerado de aprendizaje, que en el caso de Mestre fue vertiginoso: senador en 2009 e intendente en 2011. Aunque se tratase de una persona especialmente dotada, rasparse contra la rugosa superficie del Estado es inexorable, compensable por el conocimiento empírico y operativo que se obtiene. De estos sinsabores saben muchos exitosos que promueven de la actividad privada y después se estrellan en un cargo público.
Las ambigüedades sobre su futuro que el propio Mestre ha dejado sembradas están más relacionadas a una consigna lanzada hacia el interior del partido para incentivar y movilizar por el premio mayor. Es un recurso que le puede ser útil y también válido. Pero es seguro que entre lo aprendido en estos dos años, el intendente haya comprendido lo difícil que es formar un gabinete municipal de 300 o 400 funcionarios.
Para cubrir las exigencias de administrar el Estado provincial se requiere de una nomenklatura diez veces más grandes y veinte veces más compleja. Por estos días, Mestre todavía lucha para ordenar el municipio por el que pasó el vendaval de Luis Juez y mantenerse firme con un gremio como el Suoem, de 10.500 afiliados.
La Provincia, en cambio, tiene 70.00 docentes y un “sindicato armado” de 22.000 policías sobre los que todos los años debe resolver, con inevitables tensiones, pases a retiro y promociones, por mencionar sólo a dos del largo listado. Además, empresas como Epec, de complejidad extrema para un novel político de cuatro años en la función pública y sólo 41 años.