Empatía PJ-UCR en homenaje ‘83 (juecismo crítico y narcisismo K)

Por Alejandro Moreno

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La sesión de homenaje reflejó la cordialidad que en estos 30 años aprendieron a demostrarse peronistas y radicales, más allá de que luchen cada uno por el poder del otro. Los discursos trataron de celebrar y no de herir, reservando las cuestiones más sensibles para una sesión ordinaria. La disonancia llegó desde el juecismo y desde el bloque kirchnerista.

[dc]L[/dc]a vieja Línea Córdoba de la UCR volvió ayer a ser mayoría en la Legislatura, en la sesión especial de homenaje a los 30 años de la restauración de la democracia. En el palco sobresalieron las presencias del ex vicepresidente Víctor Martínez y del ex gobernador Eduardo Angeloz, y muchos otros legisladores de la UCR de los primeros Ochenta ocuparon las sillas para los invitados. Martínez y Angeloz se llevaron las mayores ovaciones, celebrados por los legisladores de todos los partidos políticos y por las dos barras que, muy respetuosamente, compartieron las gradas: la cegetista (dedicada especialmente a aupar a José Pihen) y la radical.
Los peronistas también llevaron algunos viejos legisladores, como José Rufeil u Oscar Valdez, quien presidía la Cámara de Diputados al momento del golpe de 1976. Desagradablemente, de los tres gobernadores que podían concurrir lo hizo uno solo (no estuvieron ni José Manuel de la Sota ni Juan Schiaretti) y dos de los seis ex vicegobernadores, Edgardo Grosso y Héctor Campana (faltaron Mario Negri, Luis Molinari Romero, Germán Kammerath, Juan Schiaretti).
También habría resaltado la sesión la presencia del intendente Ramón Mestre o de referentes de otros partidos políticos. Protocolo o desinterés, las ausencias fueron la bolilla negra del homenaje.
La sesión reflejó la cordialidad que en estos 30 años aprendieron a demostrarse peronistas y radicales, más allá de que luchen cada uno por el poder del otro. Los discursos trataron de celebrar y no de herir, reservando las cuestiones más sensibles para otro momento. La disonancia llegó desde el juecismo y desde el bloque kirchnerista. Los primeros insistieron con la agenda-narco (Santiago Clavijo denunciando; Ricardo Fonseca pontificando) y los otros con el TOC de referir todo a Néstor y a Cristina. No fue casual que una ex radical, la presidente del bloque del Frente Cívico, Liliana Montero, resulte la más cauta. Montero expuso sobre la necesidad de luchar contra el narcotráfico y la corrupción, pero barnizando sus advertencias con la algo diplomática expresión de que son “las deudas de todos, las deudas de la democracia”.
Como la vicegobernadora Alicia Pregno estaba a cargo de la Gobernación, por estar de viaje José Manuel de la Sota, el presidente provisorio, Carlos Alesandri, condujo la sesión. El peronista Alesandri tuvo gestos muy amables hacia los radicales homenajeados. Incluso, a Angeloz lo invitó a arriar la bandera del recinto junto a todos los presidentes de bloque, y a Grosso le cedió la palabra para que diga el clásico “queda levantada la sesión”.
La jornada comenzó con la impecable interpretación a capela del Himno Nacional que realizó Silvia Lallana (menos mal, si lo organizaban los radicales seguro que ponían el audio de la versión que canta Jairo y que es imposible de seguir). Interesante resultó luego la difusión del video que se distribuyó a todas las escuelas. Impecable técnicamente y sobrio en lo político, sin parcialidades (sólo podría reprocharse el mito, instalado por cierto hasta en los radicales, de que Eva Perón fue la impulsora del voto femenino).
Hubo demasiados discursos que resultaron algo previsibles. Pudo desearse más profundidad en ellos. Giró la mayoría sobre la versión romántica de la recuperación democrática como el “resultado de años de luchas y resistencias”, como dijo el peronista Sergio Busso. También el radical Eduardo Yuni agradeció a los “hombres y mujeres que hicieron posible que votemos” en 1983. La historia fue más gris: mal que pese a la conciencia nacional el Proceso tuvo en su inicio respaldo popular y se debilitó por la crisis económica que provocaron las malas gestiones y, como remate, por la derrota en la Guerra de Malvinas. Luego, en ésos y en otros discursos se escucharon demasiados clichés. El fervor ochentoso de los radicales (la alfonsinista tardía Olga Rista dijo que le había entusiasmado el candidato de la UCR en 1983 cuando hasta ahora se le conocía, por su propio relato, militancia en el Partido Intransigente de Oscar Alende) y la tradicional victimización peronista (José Pihen y la frase “desde 1930 a los muertos los pusieron siempre los trabajadores”).
El kirchnerista José De Lucca se ganó los únicos silbidos, aunque tibios, por su discurso hiper-k, en el que celebró la Ley de Medios, imaginó que ya no hay argentinos en la miseria, y afirmó que hay “dos grandes revoluciones” en la historia nacional: la de Juan Domingo Perón y la de Néstor y Cristina Kirchner. En el tono fundacional permanente que caracteriza a los K habló de la “democracia sustantiva” que habría creado el kirchnerismo; algo así como el contenido para la democracia formal de 1983.
Más a fondo, Liliana Montero planteó que la gran discusión en estos 30 años fue por el rol del Estado (social o mercado), destacó el rol de la política en la solución de los problemas y elogió el Paicor angelocista y el Boleto Educativo Gratuito delasotista. No se privó, de todos modos, de mencionar las “deudas” y, entre ellas, la lucha contra el narcotráfico.
Al concluir la sesión, los entusiasmados radicales, desde las gradas y desde las bancas, cantaron “volveremos a ser gobierno como en el ‘83”. Los fervorosos peronistas, desde las gradas y desde las bancas, contestaron con la Marcha. Ganaron la pulseada los peronistas. La sesión concluyó envuelta en el folklore político.