FIT denunció un temerario fraude entre PJ-UCR-FPV

Por Alejandro Moreno
amoreno@diarioalfil.com.ar

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La suma de los votos no coincide con el total. En blanco los casilleros de Unión por Córdoba y del FIT.

[dc]L[/dc]os apretados cocientes del kirchnerista Martín Gill (8° con 148.224,5), del radical Diego Mestre (9° con 146.817,33) y de la izquierdista Liliana Olivero (10° con 145.238) fueron ayer el caldo de cultivo para la temeraria denuncia de “fraude” del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que aún espera ganar la novena banca cordobesa para la Cámara de Diputados. Parecida al Luis Juez de hace seis años, la troika formada por Liliana Olivero, Eduardo Salas y Hernán Puddu, acusó la existencia de una confabulación tramada por el delasotismo, el mestrismo y el kirchnerismo, junto al Poder Judicial, para impedir que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores de Córdoba llegue al Congreso de la Nación.
El conteo del escrutinio provisorio concluyó en la provincia de Córdoba con 7.762 mesas del total de 7.986, es decir que se sumó el 97,20 % de los telegramas. Los 224 telegramas restantes fueron directamente derivados a la Mesa de Incidencias, como siempre ocurre con algunos de ellos por tener impugnaciones.
Las mesas que faltan contar, algunos telegramas con irregularidades y el problema que se originó por la aparición de boletas usadas en las PASO, que afectó a varios partidos políticos, nutren la esperanza de los izquierdistas de dar el batacazo. La matemática les enciende una luz porque suman uno por cada voto que aparezca para Olivero (cociente #1 del FIT), mientras que Gill incrementa 0,50 (cociente #2 del Frente para la Victoria) y Mestre 0,33 (cociente #3 de la UCR). Pero la política la atenúa porque la UCR saca ventaja en todos los departamentos, en especial del interior, de donde son 150 de las mesas que falta escrutar.
Para Olivero, se trata de “un fraude que no nos vamos a bancar”, y Salas recalcó que “se esperó hasta último momento” de la noche del domingo para hacer trampa y colocar a Diego Mestre por encima de la candidata del FIT. Hoy, antes de que comience el escrutinio definitivo, la troika se reunirá con la Junta Electoral para notificarla de las observaciones realizadas.
Ayer por la tarde la militancia del FIT se convocó en la esquina de Colón y General Paz, frente al edificio del Correo, despertando un déjà vu juecista, para protestar en contra de lo que consideran un fraude.
¿Lo es?
La denuncia del FIT -alianza que lamentablemente no pudo reunir fiscales en todas las mesas pese a ser una agrupacióin muy movilizada- apunta contra la carga del escrutinio provisorio, al asegurar que las últimas 157 mesas llegaron con 14 mil votos para la Unión Cívica Radical, es decir con un promedio de 89 por telegrama. Con esa maniobra, dicen, se lo consagró diputado nacional a Diego Mestre en perjuicio de Liliana Olivero. Dejan pasar de largo en el FIT que el conteo del escrutinio provisorio no tiene ningún valor legal, y que el escrutinio definitivo se inicia de cero, acta por acta, por lo que de haber ocurrido lo que señalan habría sido sólo una torpe travesura sin impacto en el mundo real.
El seguimiento del conteo del domingo por la noche arrojó, cuando faltaban ingresar 600 mesas, que la UCR debía descontarle 6 mil votos al FIT para desplazar a Olivero; o sea un promedio de 10 votos por mesa de diferencia para la lista 3, algo muy probable, más aún teniendo en cuenta que 500 de los telegramas eran del interior provincial.
Otro aspecto que preocupa al FIT es la aparición de boletas de las PASO, lo que fue denunciado por varios partidos políticos hasta que la Junta Electoral dispuso que fueran válidas y no nulas. ¿Cuántos votos pudieron anularse al FIT hasta que llegó la orden judicial? Eso se preguntan razonablemente Olivero y compañía. Sin embargo, en algunas de las escuelas en que se detectó esa irregularidad los votos nulos fueron de un porcentaje menor al promedio. Puede apuntarse también un dato más: en las PASO de agosto, el más reciente antecedente electoral, los votos nulos fueron 48.863, el 2,44 % sobre el total de votantes. En las elecciones del domingo, los votos nulos son 35.520, el 1,77 %, notablemente menos, por lo que parece despejarse la posibilidad de una afectación masiva sobre el FIT o cualquier otro partido político. En otras palabras, el voto nulo no registra un comportamiento singular.
Los candidatos del FIT mostraron copias de telegramas en los que aparece el casillero de ellos sin votos en mesas de la Capital, lo que es indudablemente una irregularidad porque los resultados de esta alianza de izquierda fue muy bueno, hasta alcanzar el 12,24 % de los votos, y es impensable que en alguna mesa hayan quedado en cero.
Ayer Puddu mostraba en Colón y General Paz algunos de esos telegramas, unos 7 u 8, como pruebas del fraude.
La mesa 1.602 de la seccional Once, en efecto, registra cero votos para el FIT. De haberse cometido aquí un fraude, debieron participar de él el presidente de mesa, el suplente y los tres fiscales que firman el telegrama, como parte del pacto entre el delasotismo, el radicalismo, el kirchnerismo y el Poder Judicial. En esa mesa votaron 271 ciudadanos, y la suma de los votos de los partidos y de las alianzas, más los blancos y los nulos llega a 184. Faltan 87 votos. Pero la teoría del fraude se complica aquí porque el FIT no es la única agrupación afectada; también lo es la oficialista Unión por Córdoba, que cumpliría los roles simultáneos de verdugo y de víctima, entonces, de la trampa electoral.
El escrutinio definitivo, que comienza hoy, resolverá el enigma. Pero a la denuncia de la izquierda le queda floja la pata de la verosimilitud. ¿Podría el delasotismo urdir un fraude para que la banca que debía ir al FIT vaya a parar al mestrismo o al kirchnerismo? Es bueno mantener el pecho inflado por las convicciones, pero parece que el FIT sobrevalora la preocupación que le causa al gobernador José Manuel de la Sota.
¿Puede cambiar el dueño de la banca 9?
Los números están muy ajustados y el FIT hará muy bien en pelear cada voto desde hoy en el escrutinio definitivo. Hay antecedentes de bancas que cambiaron de dueño al realizarse el acto final de las elecciones.
Por ejemplo, en 2007 el radical Sergio Favot, número 3 de la lista, vio escurrirse la banca hacia Héctor del Campillo, de la alianza UNA. Menos dramáticamente, el radical Mario Negri, en 2011, quien aparecía tercero en el provisorio, pasó a ser segundo en el definitivo, superando al Frente Cívico y Social porque estaban mal contados sus votos. Esos episodios son parte del anecdotario electoral cordobés.
Lo grave son las denuncias de fraude. Por el fraude o por la denuncia.