Nuevos expectables con votos prestados del juecismo

Por Gabriel Osman
gosman@diarioalfil.com.ar

p02-1[dc]P[/dc]ocas elecciones legislativas en Córdoba recientes han dejado tanto material de lectura e interpretación. Por la dispersión de los votos, por la casi desaparición del juecismo que desparramó votos hacia los cuatro puntos cardinales del espectro político (con la única excepción de Unión Por Córdoba) y la aparición en la constelación de expectables de Carolina Scotto, una candidata que probablemente quiso tener una distancia antiséptica con el kirchnerismo por razones no sólo tácticas sino también por abrigar un proyecto propio de poder, más allá de la suerte política del gobierno nacional, hoy con sombríos presagios.
Unión Por Córdoba sigue siendo la primera fuerza política en la provincia, pero con respecto a las PASO del 11 de agosto y a las expectativas propias, pierde una banca de diputados, quedando afuera precisamente Martín Llaryora, el conato de rebeldía que surgió sin salirse del seno del peronismo. Sin embargo, no deberían leerse señales de decaimiento en un partido que hace 14 años está en el poder y que, además, mejoró su representación legislativa. En 2009, colocó apenas dos diputados en el Congreso y ayer elevó su delegación al obtener tres bancas. Dentro de un resultado pálido, también es una buena noticia la aparentemente agónica performance de una fracción de UPC que sí fue escisión: el vecinalismo que lidera Olga Riutort, que retrocedió del 6,78% en las PASO al 4,61% ayer. Casi todos son votos hacia adentro de la avenida de circunvalación, porque en la ciudad (8,41%) casi dobló el porcentaje provincial (4,61% ).
La UCR ganó la Capital, como era su apuesta y su obligación por detentar el gobierno de la ciudad que es el segundo cargo político de la provincia. Adicionalmente, colocó tres diputados en el Congreso, disputado por décimas con el FIT. Fueron importantes esas décimas porque el que estaba en vilo era Diego Mestre, el hermano del jefe comunal. Aunque el 21% obtenido no es para enloquecer a nadie (1,5 menos que el promedio provincial), es suficiente para que el intendente haga recambios en su gabinete. Ordenar el municipio, aun en el caso que lo hubiera logrado, no alcanza para aspirar para mucho más en 2015.
La que tuvo más para festejar ayer fue Carolina Scotto y Martín Gill, los dos académicos que colocó como candidatos el FPV, aunque una de las diferencias decisivas que explican los cuatros puntos sumados sobre las PASO fuera el combustible aportado por el sindicalismo kirchnerista liderado por el capo del SRRBAC, Mauricio Saillén. La otra diferencia la aportó Scotto al lograr imponer, con la pasividad de peronistas y radicales, su eslogan “Hablemos de Córdoba”, cuando lo que se discutía era la integración de un poder del Estado nacional, el Legislativo, cuyo titular nato es nada menos que Amado Boudou. Hay otro factor que ha jugado pero que se diluye en la distancia. Surgió cuando el gobierno provincial creyó que la Asamblea Universitaria y la elección del rector de la UNC debía ser una actividad de extensión, aunque lo que se discutía en ese comicio realizado el 23 de marzo era también la conducción de los SRT, el segundo multimedio de Córdoba y pivot del “periodismo militante” K de donde surgieron sistemáticas denuncias contra la administración De la Sota.
El duelo voto a voto de Martín Gill con el FIT dejó finalmente a Liliana Olivero (izquierda sin camuflaje) fuera del Congreso. Resignó su banca a la representación del más logrado régimen cleptocrático que haya conocido el país que, eso sí, diseñó un eficiente disfraz que el público nac & pop compró convencido.
La implosión de la representación del juecismo en la Cámara de Diputados también surge del escrutinio, aunque sí sin ninguna sorpresa. Enrique Martínez se acercó algunas décimas pero igual quedó muy lejos de la conversación. Ahora, su delegación en la Cámara Baja pasa de cinco a dos diputados. Se van Gumersindo Alonso, Susana Mazzarella y Enrique Martínez, y les queda los electos en 2011, Graciela Villata y Jorge Valinotto. Claro que en el Senado siguen Luis Juez y Norma Morandini. Más bien, “Deportivo” Morandini, porque la senadora juecista es una libre pensadora, que en vez tener el codo sobre la rodilla, como “El pensador, de Rodín, lo tiene sobre una banca (y $ 70.000 pesos por mes). Se trata de la contracara de Martínez, el único de la representación con capacidad de articular políticas a nivel nacional. La suya es también, por esto, una pérdida cualitativa en la representación del Fr ente Cívico.
Aun con estos y otros detalles, algunos curiosos y otros sorprendentes, el resultado de ayer es absolutamente provisorio. Es que fue una elección sin Luis Juez, que tiene una virtud que también es su defecto: los votos de su Frente Cívico le pertenecen por entero y tiene nula posibilidad de testar en otro candidato. Si Juez no estuvo en la elección no corresponde extender un parte de defunción al Frente Cívico. Además, como señalaba ayer un conmilitón del senador nacional, sólo hay tres lugares donde los muertos resucitan: la Biblia, el cine y la política.
Sus votos partieron, muy posiblemente, hacia los cuatro puntos cardinales, aunque ninguno, con seguridad, fue a parar a Unión Por Córdoba. Que hayan ido a recalar FPV, al FIT o al PRO hablan de la sopa ideológica que lo contiene. Y si en el escrutinio de ayer hubo votos juecistas prestados, en algún momento deberán devolverse. Tal vez pueda resistir mejor Carolina Scotto, una “juecista ilustrada”, como se ha señalado desde estas páginas, que probablemente no sólo por táctica electoral quiso aparecer despegada de Cristina Kirchner y Amado Boudou. Tal vez ella misma abriga un proyecto propio de poder y, por eso, toma medidas profilácticas preventivas ante una posible debacle del kirchnerismo.