Octubre rojo

Por Ceferino Reato*

El general Menéndez y el interventor Lacabanne, en 1975.
El general Menéndez y el interventor Lacabanne, en 1975.

[dc]E[/dc]l lunes 6 de octubre de 1975 la Argentina seguía conmocionada por los veintiocho muertos que el día anterior había dejado el intento de copamiento de un regimiento en las afueras de la ciudad de Formosa. Un ataque cinematográfico de Montoneros, la guerrilla de origen peronista, conocido como “Operación Primicia”. Veinticuatro de esas víctimas cayeron en un combate que duró media hora en el Regimiento de Infantería de Monte Número 29, doce guerrilleros y doce defensores del cuartel.
La presidenta Isabel Perón estaba de licencia médica, en Ascochinga. Mientras en Buenos Aires el presidente interino Ítalo Luder convocaba a una urgente reunión de gabinete, en Córdoba, el jefe del Tercer Cuerpo, general Luciano Benjamín Menéndez enviaba al capitán Héctor Vergez a Formosa en un avión del Ejército para que le trajera un informe de primera mano sobre lo que había sucedido.
—Los Montoneros no pueden ser tan estúpidos de querer copar un regimiento del Ejército. ¡Si es un grupo que nació del nacionalismo! —le dijo Menéndez.
Expresaba así las dudas de muchos oficiales del Ejército, incluso de aquéllos que, como él, no eran peronistas pero creían que el verdadero enemigo era el Ejército Revolucionario del Pueblo, que eran marxistas, trotskistas y guevaristas, es decir representaban “la subversión apátrida y atea”. En cambio, en el Ejército veían en los montoneros a jóvenes nacionalistas y católicos que se habían hecho peronistas, y destacaban que varios de sus líderes habían egresado de liceos militares, por ejemplo del Liceo General Paz, como Emilio Maza e Ignacio Vélez, que habían protagonizado la toma de la localidad de La Calera en 1970, y Fernando Vaca Narvaja, entre otros.
Vergez volvió al día siguiente, el martes 7 de octubre, con un informe sobre el ataque.
—Pero nosotros, ¿somos tontos o qué? No podemos quedarnos de brazos cruzados. Capitán, ¿qué se le ocurre que podemos hacer? —le preguntó Menéndez.
—Mi general, copiemos a los franceses: deberíamos crear un grupo especial para operar y hacer un centro de reunión de detenidos; a partir de la información que les saquemos, vamos penetrando las organizaciones subversivas.
—¿Qué necesita para eso?
—Un lugar, que ya lo tengo: el Campo de La Ribera —contestó Vergez. Se refería a una cárcel militar ubicada en el barrio San Vicente, muy cerca del cementerio San Vicente.
—Concedido, ¿qué más necesita?
—Autos.
—Pero, ¿de dónde vamos a sacar autos?
—De los propios subversivos y, si no alcanzan, los levantamos de la calle; no se preocupe por eso. Y necesito gente; necesito que usted me deje elegir a veinte personas que yo conozco.
—Muy bien, concedido.
Ese fue el origen del Comando Libertadores de América, según un ex colaborador de Vergez que no quiere que su nombre trascienda. “El nombre se le ocurrió a Vergez: daba una idea de escarmiento al terrorismo”, asegura la fuente. “Los nombres iban cambiando para confundir al enemigo y aumentar el terror, pero era siempre el mismo grupo”, señala.
Desde principios de año, Vergez se desempeñaba como enlace entre el Destacamento de Inteligencia del Tercer Cuerpo y el Departamento Informaciones (D-2) de la Policía de Córdoba, que hasta octubre de 1975 ocupó el centro en la lucha contra las guerrillas.
Las primeras víctimas de este grupo fueron dos montoneros que habían participado en el ataque al cuartel en Formosa y que luego escaparon hacia Córdoba: Horacio Pietragalla, “Chacho” o “Ángel”, y Eduardo Jensen, “Añamen”.
Pietragalla había sido un dirigente de peso de la Juventud Peronista al punto que viajó en el charter que trajo de vuelta al general Juan Perón en su primer retorno del exilio, el 17 de noviembre de 1972; era “oficial primero” de Montoneros y el jefe de la Columna 26: tenía a su cargo el norte de Santa Fe, Chaco y Formosa; es decir, era el número dos de la Regional Nordeste. En tanto, Jensen era paraguayo y vivía en Corrientes. Era “oficial” en la Columna 27, es decir en Corrientes y Misiones.

Los organismos de derechos humanos hicieron una reconstrucción de lo que habría pasado con Pietragalla y Jensen:
• El 15 de octubre, fueron detenidos por la policía en un bar de la ciudad de Córdoba.
• El 8 de noviembre sus cuerpos fueron encontrados en la localidad de Malagueño, a veinticinco kilómetros de la capital; los cadáveres presentaban numerosas heridas de bala y estaban parcialmente quemados y cubiertos con tierra y ramas.
• El 27 de abril de 1976, ya durante la dictadura, ambos cuerpos fueron sepultados en una fosa común en el cementerio San Vicente junto con otras víctimas de la represión clandestina; antes, habían estado en la comisaría de Malagueño y en la morgue judicial.
• El 25 de septiembre de 2003, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó el cuerpo de Pietragalla, que es el padre del diputado nacional kirchnerista y nieto recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo Horacio Pietragalla.
• El 14 de marzo de 2007, el EAAF identificó el cuerpo de Jensen.
Según nuestra fuente, en aquel momento, el Comando Libertadores de América estaba “en plena formación y, por eso, trabajaron apurados; los fusilaron y los enterraron en el campo, muy bajito, a medio metro no más; era un terreno duro, pedregoso. Todavía no tenían armado La Ribera”.
Los listados actualizados del Nunca Más, el informe de Conadep, confirman un salto en la represión ilegal a partir de la creación de este grupo. Los números oficiales indican que desde 1969 hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 desaparecieron en Córdoba 83 personas; de ellas, 69 (el 83 por ciento) fueron secuestradas entre octubre de 1975 y marzo de 1976. Casi cinco veces más que los desaparecidos en esa provincia antes del 6 de octubre de 1975.

*Extraído del Capítulo 11 del libro ¡Viva la sangre!