Una campaña copiosa pero gris

Por Gonzalo Neidal

ilustra gran hermano2[dc]V[/dc]a finalizando una campaña electoral un tanto chata en Córdoba aunque haya contado con condimentos inesperados. Pobre en ideas e incluso en cruces verbales no ya ingeniosos o logrados sino al menos sustanciosos, plenos de conceptos o nutridos de cierta densidad imaginativa.
Ya no insistiremos en notificar que se trata de comicios para elegir diputados nacionales, gente que se sentará en una banca en Buenos Aires para deliberar, pensar y votar leyes nacionales. A nadie parece importarle eso. Los candidatos casi no se dedicaron a hacernos conocer sus inquietudes acerca de esos temas. No: hablaron sobre problemas diversos, con prescindencia de su ámbito o pertinencia. Quizá piensen que basta con tocarnos algún aspecto de nuestro humor, dar con algún Punto G de nuestro pensamiento para conquistar el voto.
¿Para qué, entonces, recordarles que se postulan como “representantes del pueblo de la Nación”, según reza la Constitución Nacional? O sea, que ni siquiera se les demanda defender a Córdoba pues están relevados de la representación federal, que ejercen los senadores. Ellos, los diputados, deben pensar en las leyes que harán bien a la Nación toda, pues representan a su pueblo. Pero la campaña nada tuvo que ver con eso. O poco. Al parecer, según nos apuntaba un antiguo observador de comicios nacionales, hablar de cualquier tema es algo que está permitido en una campaña electoral del nivel que fuere. Se apunta al ánimo de la gente, a sus fastidios momentáneos, a sus esperanzas.
Y se convoca su voto con cualquier pretexto aunque nada tenga que ver la campaña con el cargo para el cual el candidato se postule.

La honestidad ante todo
Será por eso que tenemos que aceptar que un candidato nos informe, y espera que lo votemos, porque tiene un solo auto y una sola casa. Se pretende que un patrimonio modesto o un moderado éxito profesional es una muestra irrefutable de un comportamiento distante de la corrupción. Un galardón increíble que se ostenta con tanto orgullo como para hacerlo encabezar una campaña electoral. ¿Qué pasaría si el candidato decide comprar otro auto? ¿Sería considerado una traición a su esmerado ideario electoral? ¿Y una moto… ya es corrupción? Nos hace pensar que en caso que el candidato no alcanzara la banca, para la próxima elección para la siguiente reforzará la publicidad movilizándose en un sulky o en monopatín. Por otra parte, siempre nos ha parecido que publicitarse como honesto siempre es sospechoso. Como lo sería una compañía de aviación que anunciara que sus aviones no se caen. Es algo que uno ya da por supuesto.

Obsesiones locales
Hay que reconocer que la publicidad “Juez es Martínez” es muy jugada. Sobre todo teniendo en cuenta el desfavorable resultado que las elecciones parecen tenerle reservado al Frente Cívico. Es de valorar que pese a esa fuerte presunción, Juez haya decidido poner su cara en los afiches. Claro que no tiene demasiadas alternativas. Para mantenerse en el candelero debe aparecer. Y si aparece, encuentra la evidencia del disfavor de los votantes. Situación complicada. Además, centró la campaña en Córdoba en la presunta corrupción del gobierno de la provincia, su gran obsesión. En su auxilio concurrió el episodio de las drogas en la Jefatura de Policía. Se ignora, de todos modos, qué podrá hacer desde la Cámara de Diputados de la Nación un diputado para combatir semejante flagelo.

Hablar de hablar
Todo indica que el Frente para la Victoria podrá consagrar a Carolina Scotto como diputada nacional. Al menos eso nos indican las PASO realizadas recientemente. Si esto ocurre, no será porque haya hecho una campaña electoral sólida o impactante. Scotto tuvo que cargar con un momento político en el que Cristina no suma sino resta votos. Al menos eso parece pensar el propio kirchnerismo de Córdoba, que no pegó afiches que mostraran a Scotto abrazando a la presidenta. Al revés: los carteles que aparecieron con imágenes de ambas mujeres y con la leyenda “Por diez años más” enojaron mucho a Scotto y fueron atribuidos a una picardía de Unión por Córdoba.
“Carolina habla de hablar” no ha sido una consigna feliz. O, cuanto menos, no es para multitudes. Cuenta con un cierto regodeo lacaniano, apto para entendidos, con posgrado aprobado. De todos modos, la intención es clara: ofrece a la candidata en un perfil dialoguista, contemporizador, para alejarla del ceño fruncido, la palabra dura y el hablar autoritario de la presidenta Cristina de Kirchner.
El kirchnerismo también eligió tomar distancia de las políticas nacionales. Propuso, casi rogando, que “hablemos de Córdoba”, consigna más propia para una candidata al ejecutivo provincial que a diputada nacional. La candidata parecía clamar que se hablara de Córdoba pues conversar sobre los asuntos nacionales no parecía aportarle demasiado sino más bien todo lo contrario. La invitación a “votar con el corazón” apunta probablemente a una voluntad de inserción en el discurso nacional, “el relato”, donde el peso de los valores tales como la pasión, la lucha y el combate épico –real o imaginario- tienen eficacia movilizante al menos en una franja de la clase media semi ilustrada.

Mirá qué loco
Todo dice que el ex juez de fútbol Héctor Baldassi va a confirmar su buen caudal de votos obtenido en las PASO. Incluso parece que accederá a una diputación nacional. Es el hombre de Macri en Córdoba y así ha sido presentado y promovido.
Y nada más.
Punto.
Quizá sea una estrategia electoral el no decir nada de nada. No pronunciarse sobre los grandes temas nacionales ni los que involucran a Córdoba en la política nacional. En ese caso, cabe advertir a los que diseñaron su campaña que muchos pueden confundir este deliberado camino con una completa ausencia de ideas.
Los que miran a Macri como un probable candidato para 2015 quizá puedan aspirar, razonablemente, a contar con algunas definiciones más certeras, a un discurso más interesante. Nada de eso se vislumbra en la campaña de Baldassi. Apenas propone “meter un cambio” porque los políticos de siempre deben ser reemplazados por… ¿un ex referee de fútbol?
Sí, nadie puede dudar de que se trata de una propuesta muy loca.

El país que viene
La campaña de la UCR tiene el mérito de la sobriedad aunque también es ese, quizá, su principal defecto. Desteñida, chirle, burocrática, tacaña, mesurada. Sin ambiciones. Sin nervio. Esa es la sensación que da. Dueño de un quinto o un cuarto de los votos, el radicalismo parece haber priorizado el cuidado de ese espacio importante pero limitado para un partido con aspiraciones. No es un objetivo criticable, claro. Quizá denota la propia conciencia de que más allá de esa franja ya dominada, la tierra es árida y demanda un duro esfuerzo para avanzar.
Y quizá no sea ahora el momento de un emprendimiento de tales proporciones y riesgos. Más vale repetir las bolillas fáciles.
Nada de complicaciones.
Después de todo, tres diputados no están mal.

Córdoba no para
Aún con la dispersión del voto que supone una elección legislativa, Unión por Córdoba, homogenizado por el peronismo local, se anuncia como el casi seguro ganador de los comicios aunque con una cantidad de votos que no lo hará sentirse excesivamente orgulloso.
Claro que siempre es más fácil hacer campaña desde el poder. Asegura un piso importante de votos por una suerte de inercia del electorado. Pero ya sea por inteligencia política o por necesidad, ha sido el partido de gobierno el que mejor ha centrado la campaña electoral.
En primer lugar, bajó el tono de la victimización en su relación con la Nación. Ya estaba fatigando con ese tema, más allá de la real gravedad que encierre.
Pero ha sido el peronismo el que ha tomado los grandes temas que forman parte del debate nacional del momento: las retenciones a los trabajadores del impuesto a las ganancias, la inflación, la puja por la financiación de la caja de jubilaciones de Córdoba, la relación entre la Nación y las provincias.
El ingenio del publicista ha logrado aprovechar la presencia de Blanca Rossi, que razonablemente bien pudo ser rechazada por una parte del electorado en razón de su condición de persona ajena al mundo de la política. La publicidad intentó, y quizá con éxito, utilizar esta debilidad con humor, poniendo en boca de la ex locutora los temas más densos, con un guiño irónico hacia su debilidad de origen: los micros fueron denominados “Las recetas de Blanquita”.
También en código de humor y con gran dosis de creatividad fue presentado Martín Llaryora, opositor en la interna, como un nuevo y renovador integrante de la lista: el spot entre Schiaretti, De la Sota y el propio Llaryora acerca de los nuevos y viejos políticos del peronismo de Córdoba es de lo mejor de una campaña bastante gris y obvia.
De todos modos, cuánto aportan las campañas al caudal de votos de cada candidato y cada partido es algo difícil de determinar y de discernir con algún grado de precisión. El humor popular es insondable.
Y, como siempre, la verdad será conocida en la noche del domingo, al momento de contar los votos.