“Autoinculpación” de Oxandaburu deja a Petrone casi fuera del juicio

Por Gabriel Osman
gosman@diarioalfil.com.ar

Diego Oxandaburu (de frente) testimonió ayer ante el tribunal por decisión propia.
Diego Oxandaburu (de frente) testimonió ayer ante el tribunal por decisión propia.

[dc]D[/dc]iego Oxandaburo no es el más conocido de los seis imputados por la usurpación fallida -pero con estafa consumada- contra un valioso predio de 63 hectáreas a la vera de la autopista Córdoba-Carlos Paz, que fue propiedad de Susana Munist de Ruiz Orrico. Este juicio que se ventila desde hace varias semanas, después de un proceso de instrucción de casi diez años, tiene relieve público porque uno de los imputados es Jorge Petrone, el inversor inmobiliario más importante hoy en la ciudad de Córdoba, que maneja con holgura el 50% de la oferta de departamentos en el mercado local.
Ayer, Oxandaburu, por voluntad propia, decidió prestar testimonio. No por sus merecimientos como emprendedor –ya estuvo varios años en la cárcel- pero sí por su locuacidad y desenfado para hablar de sí mismo y de las circunstancias que rodearon la maniobra, los medios deberían otorgarle alguna notoriedad. Tal vez no la que alcanzó Victor Lustig por vender dos veces la Torre Eiffel como chatarra, pero tal vez algún pergamino de cabotaje.
El imputado no está obligado a declarar, ni ante requerimiento. Lo ampara el derecho y el principio jurídico de estar desobligado a testimoniar en su contra. Por esto y porque muchas sospechas lo colocan a Oxandaburu en el centro del ardid, sus declaraciones se transformaron en el acontecimiento de mayor importancia en lo que va del juicio, superando incluso los testimonios de la propietaria del terreno objeto de la maniobra y de su sobrino, Hermidas Adrogué, que en su momento habían asegurado ante el tribunal, la Cámara Décima del Crimen, que no conocían a Petrone y que tampoco éste había intentado con ellos compra alguna del predio.
El relato de Oxandaburu –hizo un largo parlamento y después respondió preguntas- fue con detalles y minuciosas circunstancias, que en muchos casos agregaron poco, aunque el denominador común de su narración tuvo el carácter histriónico que anteriormente apuntáramos. Esto, obvio, no resta importancia a algunos datos pequeños y a otros no tanto, ofrecidos por el declarante, que dejan la posibilidad de ser verificados documentalmente.
El relato pareció sacar casi del juicio a Petrone porque lo da como comprador de buena fe. Pero para quien mire con más escepticismo la posición del inversor inmobiliario, algo parece haber quedado rotundamente claro: si el testimonio de Oxandaburu no lo exculpó, sí lo dejó como víctima principal de la maniobra.
En su relato lleno de follaje y anécdotas, Oxandaburu utilizó palabras para describirse que entrañan alguna severidad para consigo, como aquellas dichas luego de admitir que era usurero: “No soy un garca, soy un comerciante que juega al límite”. Por supuesto, su “testimonio-confesión” incluyó reconocimientos como el que hizo al promediar su declaración: “He cometido acciones equivocadas”.
Para los que no han seguido y no tienen porqué seguir tan enredado proceso judicial, simplifiquemos la reconstrucción de los hechos que implicó el relato de Oxandaburu ante el paciente auditorio de camaristas, fiscales, abogados y muy pocos periodistas y público. Con la módica inversión de 90 mil dólares, Oxandaburu se “quedó” con la propiedad en cuestión por un boleto de compra venta firmado por Agustín Lapacó, quien a su vez habría comprado la propiedad a Munist de Ruiz Orrico. Esta fue una operación fraudulenta pero la maniobra siguió su curso y, según se desprende de los dichos de Oxandaburu, Petrone la adquiere después de buena fe por un millón de dólares.
En pocos meses, el rendimiento de los 90 mil dólares fue fabuloso, recibiendo Oxandaburu dinero en efectivo y departamentos de manos de Gama, la empresa de Petrone, coincidiendo casi puntualmente con los argumentos que hasta ahora había deslizado el abogado del empresario, el penalista Marcelo Brito. Claro que en el camino quedaron todos los otros intermediarios con las manos vacías.
¿Por qué pidió testimoniar Oxandaburu? ¿Para autoinculparse? En la audiencia nadie lo dijo. En los pasillos, después de cada cuarto intermedio, sí. La prueba que habría acumulado la defensa se estaría tornando muy pesada –ayer, incluso, testimonio una mujer que dijo haber sido estafada en 80 mil dólares por el locuaz imputado-, ante lo cual lo más aconsejable es colaborar con el tribunal para esclarecer los hechos y recibir a cambio una consideración más benigna.
Tras el largo parlamento de Oxandaburu, el tribunal abrió un round de preguntas. A la invitación se sumaron el fiscal, su propio abogado defensor y Brito. Sólo se abstuvo de interrogar el querellante de parte José Buteler. Se comprende. Este letrado exige una cuantiosa reparación civil para su clienta, Munist de Ruiz Orrico, que sólo podría solventar Petrone y en absoluto el verborrágico Oxandaburu.