El desconsuelo de Camille

Por Luis E. Altamira
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012-camille-claudel-and-auguste-rodin-theredlist[dc]C[/dc]amille Claudel llegó a París a los 18 años, con el propósito de ir más allá de las estupendas figuras de barro que hacía de Paul, su hermano y futuro poeta consagrado, y de Hélène, su sirvienta., en su Champagne natal. Entre otros. Ese año, 1883, conoció a Auguste Rodín, en cuyo taller comenzó a trabajar al año siguiente, posando y colaborando en la realización de esculturas. Al pie del mármol de “Huye el amor”, que hicieron juntos, el escultor la poseyó por primera vez.
El extraordinario talento de Camille con el martillo y el cincel no tardó en ser reconocido fuera del taller de Auguste, quien comenzó a frecuentar fiestas con ella y a llevarla en sus largos viajes. Pero, en su casa, continuaba inamovible Rose Beuret, una ex modista analfabeta que había rescatado del guardarropa del teatro Gobelins. Rose era la madre de sus hijos y algo así como una sumisa criada todo terreno (bien capaz de arrastrar a la Claudel de los pelos por el suelo del taller, cada vez que se iban a las manos por el escultor).
Quizás, si Camille le hubiera dado descendencia, Rodin se habría ido con ella (Auguste se comprometía por carta a casarse cada vez que la dejaba embarazada, pero las preñeces nunca llegaban a buen término). Todo esto devendría en una de las obras más importantes de la Claudel, “La edad madura”, en la que se esculpió a sí misma arrodillada, suplicándole a Rodin que no se vaya; mientras éste, dándole la espalda, es arrastrado por una Rose mitad ángel y mitad bruja.
En 1899, a sus 36 años, ya alejada del escultor, Camille inició una relación con Claude Debussy, casado por entonces con Rosalie Texler y amante de la cantante Emma Bardac. No le fue mejor. Cinco años más tarde, el músico abandonaba a su esposa para casarse con la cantante… Camille comenzó a padecer crisis nerviosas que se fueron agudizando con el tiempo (al punto de cargar contra sus esculturas. “Durante la inauguración de cualquier muestra –cuenta el escritor Manuel Vicent-, rodeada de admiradores, la emprendía a martillazos contra los mármoles que había esculpido con tanta sensibilidad y no cesaba de golpearlos hasta verlos reducidos a esquirlas”.
Lo único que aquietaba su rencor casi incontenible era el amor de su padre, quien se opuso reiteradamente a los intentos de su esposa y su otra hija de internarla. El 10 de marzo de 1913, siete días después de la muerte del progenitor, las siniestras mujeres recluyeron a Camille en Ville–Evrard. En julio la trasladaron al hospicio de Montdevergues, del que nunca saldría, pese a sus recuperaciones y sus desgarrados ruegos a su hermano Paul, el gran poeta…
Allí pasó los últimos treinta años de su vida. La familia prohibió que recibiera visitas y la abandonó. Falleció el 19 de octubre de 1943 y fue enterrada en una tumba sin nombre, con los números 1943-n392, en el pequeño cementerio de Montdevergues.
Tras la muerte de Paul Claudel en 1955, descendientes interesados en reivindicar a Camille escribieron al hospicio, solicitando la ubicación exacta de la tumba y la autorización para exhumar los restos para un posterior traslado. La institución les contestó que la tumba había desaparecido hacía tiempo, debido a que se habían empleado los terrenos del pequeño cementerio para efectuar una serie de ampliaciones.
Para finalizar, diremos que en 1988 se estrenó “Camille Claudel”, la película dirigida por Bruno Nuytten, en la que Isabelle Adjani y Gérard Depardieu interpretan a Camille Claudel y Auguste Rodin, respectivamente. Se la recomendamos.