Carta Abierta, la rebeldía profesional y rentada (Segunda Parte)

Por Daniel V. González

Sin título-1[dc]Y[/dc]a hemos dicho que Carta Abierta, la crema de los intelectuales K, entra en zona de turbulencias a partir de la mengua de votos. ¿Cómo hacer “populismo” con el 26%? ¿Cómo explicar que el pueblo abandone, al momento de votar, al gobierno que tanto bien le está haciendo? Las explicaciones aluden, por supuesto, a la presión mediática, que manipula la conciencia y la voluntad de los pobres que, distraídamente, se dejan tentar por los cantos de sirena de la restauración neoliberal que, con engaños, los induce a votar en contra de sus propios intereses.
Es muy difícil preguntarse si, después de todo, no será que la mudanza del voto popular obedece a problemas propios del gobierno, a inconsistencias del modelo.

La inflación, una conspiración
También en este punto reina el desdén por las argumentaciones ajenas. La inflación es rechazada de plano como un problema propio. Además se la explica como un simple engranaje de la conspiración en marcha: “(los empresarios) no sólo aumentan los precios y provocan inflaciones que erosionan el ánimo popular, sino que conspiran por nuevas megadevaluaciones del peso para engrosar fortunas que reposan en negocios financieros internacionales luego de utilizar cuantas vías de fuga idean astutamente”.
Podría decirse que el texto no entusiasma por la solidez de sus explicaciones sobre la economía. Lo cual resulta curioso si tenemos en cuenta las preferencias marxistas de los integrantes del colectivo oficialista. Al parecer, la economía ha dejado de moverse por leyes objetivas. Ahora es la voluntad conspirativa de un puñado de empresarios lo que la mueve.
Pero aunque sea una ciencia social, la economía no carece de leyes “duras”. Reducir todo ha voluntades, ánimos y apuestas desestabilizadoras es cerrarse el paso a la comprensión de algunos fenómenos importantes como la inflación.
En consonancia con esta visión resultan las propuestas de los intelectuales. Dicen que “una política más efectiva para enfrentarla sería redoblar los controles, sistematizarlos, disciplinar a los empresarios, ampliar significativamente las formas y prácticas de comercialización estatal, provincial y municipal directa de bienes esenciales”. O sea, un empujón hacia la chavización lisa y llana del gobierno.
Pero hay algo que parecen no tener en cuenta: exactamente eso es lo que ha intentando Guillermo Moreno. Y no le ha ido bien. Los muchachos de La Cámpora con sus pecheras, han durado poco más de una semana tras el último intento. Los controles de precios siempre terminan en un fiasco colosal. Más tarde o más temprano. Por otra parte… eso de “ampliar la comercialización estatal”… ¿qué significa exactamente? ¿Multiplicar la cantidad de camiones con pescado y milanesas a bajo precio en las plazas de los barrios? ¿Eso es todo lo que pueden proponer los intelectuales del Parnaso K?
En cuanto a su terror a la “megadevaluación”, parecen haber olvidado su prédica de hace algunos años, cuando consideraban que el tipo de cambio subvaluado era uno de los pilares del modelo. Pues bien, ese tipo de cambio alto, que tanto contribuyó a los superávits mellizos, fue producto de una megadevaluación hecha durante el gobierno de Duhalde. Con el paso de los días y con la elevada inflación que padece el país por las políticas kirchneristas, la tensión entre los costos internos y el tipo de cambio oficial generará un problema devaluatorio, más tarde o más temprano, más allá de la voluntad de los empresarios y el gobierno. Intentar solucionar este grave desfasaje con camioncitos que vendan milanesas y pescado a los pobres es una muestra de que la desorientación y la vacuidad van dejando rastros inevitables en el discurso oficial.

La hora de enumerar errores
El resto de la crítica opositora también es desdeñado. A la corrupción, apenas le destina un renglón: “… siempre resulta condenable, aunque el capitalismo suponga su existencia sistémica”. Y listo. Nada más. La corrupción es condenable. Además, el capitalismo es el responsable. Nos quedamos tranquilos.
A la inseguridad le dedica una sanata más elaborada: “La inseguridad, que los medios hegemónicos instalan y silencian en dosis que manejan a conveniencia del poder concentrado, constituye un problema estructural de las megalópolis ‘modernas’ nacidas del capitalismo anárquico, guiado por el paradigma del más crudo individualismo”. Y luego rechaza la detención de adolescentes y la “mano dura”. Cabe señalar que Venezuela es uno de los países donde la delincuencia y la inseguridad dominan la escena cotidiana. Sin embargo, el gobierno de ese país no se sentiría muy a gusto con el calificativo de “anárquico” y “crudo individualismo” para calificar su sistema económico llamado “socialista” por ellos mismos.
Pero llega el momento de la reflexión crítica. Preparémonos. Acá va: “Muchas veces el gobierno ha reaccionado con atraso”. ¡Bien ahí! Sigamos: “La política ferroviaria y la energética han transcurrido por caminos erróneos en una larga fase del proyecto nacional en curso. Las consecuencias fueron dolorosas y costosas”. Inmediatamente aclara que el rumbo ha sido rectificado para bien.
“Caminos erróneos” es un suave eufemismo para describir una política energética que ha llevado al país a una situación ruinosa que comprometerá por varios años la balanza comercial y de pagos. Este año probablemente tengamos que importar combustibles por 15.000 millones de dólares, con un saldo neto negativo en el rubro de unos 7 u 8.000 millones. El “camino erróneo” incluyó un grotesco negociado entre Néstor Kirchner y un empresario privado al que se intentó incluir como socio sin aporte de capital, llevando a Repsol a la ridícula necesidad de repartir dividendos por encima de sus ganancias y, de ese modo, descapitalizarse. En cuanto a los ferrocarriles, los resultados están a la vista, con muertos y todo.
Es probable que las “soluciones” que visualizan los intelectuales se refieran a las estatizaciones en ambos rubros. Ellos piensan, muy a tono con su propuesta, que las soluciones vienen de la mano del estado nacional, que con la gestión pública, todo está solucionado. Después de todo, no necesitamos inversión externa pues podemos “vivir con lo nuestro”. Y si, en algún momento la realidad nos demanda un poco más de capitales, podremos emitir sin problemas pues ello no tienen ninguna incidencia sobre la inflación que, como todos sabemos es provocada por los fogoneros de la restauración neoliberal.

Carta abierta, mentes selladas
Es peligroso para un intelectual pasar a depender del presupuesto nacional. No sólo porque el acostumbramiento a la condición de asalariado público puede influir en su independencia de criterio sino también porque, con el paso de los meses, la abulia propia de la burocracia estatal va haciendo estragos sobre el espíritu crítico y el deseo de investigar, recibir los nuevos datos de la realidad y abrirse a la posibilidad de nuevas interpretaciones.
El setentismo ha devenido de una mera condición cronológica que nos ubicaba en el tiempo y el espacio, en una ideología difusa que se avergüenza de asumirse como socialista y abomina del vocablo “populista” pues ha de sonarle, pese a Laclau, con matices despectivos.
El setentismo no ha tomado nota de la caída del Muro de Berlín y el fracaso estrepitoso de los sistemas fundados en la planificación estatal de la economía y la extensa proscripción de libertades individuales. De eso, no se habla. Tampoco parece haber advertido el destino del populismo en toda América Latina, incluida la Argentina. En Chile, Perú, Bolivia, Venezuela, todos los intentos han terminado siempre en un fiasco con graves lesiones para los sectores más pobres de la población. El populismo no es más que una ficción artificiosa que, salvo condiciones excepcionales, sucumbe ante la propia furia improductiva de su lógica y su dinámica.
En la Argentina hemos vivido largos años de un estado empecinado en gestionar empresas, regular la economía y demoler todo intento de cambio hacia un contexto de mayor libertad y productividad. El populismo busca el regreso a ese tiempo en que reinaba un chapoteo inconducente con una economía estancada y sin salida.
Las últimas décadas se pusieron cabeza abajo varios paradigmas económicos. Y lo que el populismo considera un éxito propio de su modelo no ha sido más que el coletazo local de un cambio mundial trascendente liderado por el impulso productivo de China y su incorporación creciente al mercado mundial. Los líderes del coloso asiático decidieron abrir un amplio espacio a la iniciativa privada. (Al parecer, no han leído todavía los pronunciamientos de Carta Abierta, que aconsejan lo contrario). A partir de ahí, esta demanda creciente hizo subir los precios de alimentos, minerales y combustibles a niveles nunca vistos. Los términos del intercambio pasaron a favorecernos. Llovieron dólares sobre el país, lo que permitió el lucimiento del “modelo”. Sin esta situación tan particular y beneficiosa, lo esencial de la política económica K, hubiera sido imposible (altos subsidios, expansión del gasto público, mayor nivel de actividad interna, superávits gemelos, etc., etc.).
Pero, ni aún así ha podido evitarse el arribo a una situación de pre-crisis de la cual no resultará sencillo salir. Es la estación a la que siempre arriba el populismo. Y siempre lo hace echando las culpas a supuestos conspiradores empeñados en impedirles hacer la revolución que soñaron cuando tenían veintipico, allá por los setenta.