Carta Abierta o las dificultades del populismo sin votos (primera parte)

Por Daniel V. González

Horacio González , director de la Biblioteca Nacional.
Horacio González , director de la Biblioteca Nacional.

[dc]E[/dc]ra esperable: a Carta Abierta se le van complicando las cosas a medida que se acerca el final del mandato de Cristina.
Es que resulta ha de resultar bastante incómodo hacer populismo con el 26% de los votos. Con el 54% era otra cosa. La mayoría absoluta tiene poder confirmatorio para todas las teorías, por vetustas y anquilosadas que parezcan. El 54% es un argumento por sí mismo que no admite discusión ni objeción alguna. El abuso de la estadística que mencionaba Borges. La mayoría absoluta alimenta la soberbia y releva de toda explicación. El 54% les permitía ser burlones y sarcásticos sobre las objeciones, observaciones y comentarios que el mundo no kirchnerista pudiera plantear sobre la política en curso.
El lenguaje de la carta número 14, dada a conocer, como es habitual, con la pompa y la gravedad gestual de una encíclica, no toma nota del cambio de circunstancia operado entre el lejano 54% y el módico 26%. Los números exiguos deberían llamar a la constricción y la modestia. O, cuanto menos, a la moderación y el tono contemporizador. Pero nada de eso ocurre: se apela a la verba épica y dramática. Los redactores se sienten como el eslabón de una cadena que proviene del fondo de la Civilización, se expresan como vástagos posmodernos de una línea que nace, probablemente, en Espartaco y atraviesa raudamente la historia mundial  rumbo a Néstor y Cristina, hitos felizmente argentinos de una larga marcha propia de Odiseo, que lleva hacia el destino final del… ¿socialismo? ¿chavismo?
El texto tampoco abandona el tono burlón y suficiente que caracterizó los pronunciamientos de los tiempos dorados del 54%. Por ejemplo, define al candidato bonaerense Sergio Massa como alguien “que ha convertido su nombre en un algoritmo y sonríe en las carreteras de entrada a la ciudad con la pinta entradora de vendedor de terrenitos a plazos, dispuesto a cualquier señuelo”.  Una descripción ciertamente despectiva que revela también un cierto desdén propio de quienes están acostumbrados a comprar propiedades al contado. Y con dinero público.
Otro de los párrafos que denota el malhumor que embarga a los redactores del documento es el que se refiere a “la volatilidad de políticos profesionales que migran como miserables oportunistas desde cargos importantes detentados en un gobierno que promovió un viraje profundo en la política argentina hacia opciones regresivas del pasado revertido”.  La índole del párrafo nos suena a la famosa queja de Juan Carlos Pugliese,l aquel ministro de economía de Raúl Alfonsín: “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. Es raro que los setentistas de Carta Abierta, impregnados de Marx y Gramsci, se quejen, con ceño y resentimiento de amante abandonada por vieja, por este desplazamiento de fuerzas que significa un portazo al Proyecto Nacional y Popular y una apertura hacia una difusa e indiscernible pero joven y lozana posibilidad. Nunca es tarde para volver a leer la colección de consejos que Machiavelli le prodigó a su amigo Lorenzo de Médici acerca del poder y sus caprichos.

Los votos idos
Todo el documento rezuma el fatigante estilo de Horacio González, amante de los alambiques, de la prosa pedregosa y el lenguaje elusivo. Él nos explica, por así decirlo, por qué fue que los votos partieron en búsqueda de nuevos horizontes:
“Lejos de las capturas ideológicas de largo aliento, más lejos aún de identidades fijas y permanentes, parte de la ciudadanía de esta época mediatizada no suele permanecer adherida a solidaridades cristalizadas. La fluidez, lo efímero, la fetichización del cambio y de la última novedad, la lógica de la sociedad de la mercancía y del espectáculo les exige a los lenguajes políticos y a la propia democracia que aprendan a lidiar con esa persistente fragilidad de las identidades contemporáneas. Nadie tiene la vaca atada. Cada día hay que renovar el vínculo y el contrato de origen. La fugacidad de lo vivido pende como una amenaza recurrente en el interior de una vida social que mide su satisfacción a cada instante y de acuerdo, la mayor parte de las veces, con la narrativa que de esa misma vida social se hace desde las grandes usinas comunicacionales que, en la actualidad, constituyen la avanzada de los poderes corporativos y el laboratorio desde el que se despliegan las nuevas formas hegemónicas que articulan el estado de las conciencias.”
¿Por qué Cristina fue abandonada por muchos votantes? Por un fenómeno de explicación tautológica: la gente no suele “permanecer adherida a solidaridades cristalizadas” en “esta época mediatizada”. Hay una “fragilidad” y una “fetichización del cambio y de la última novedad”. Un clima de “fugacidad”. ¿Por qué existe tanta volubilidad? Por culpa de las “usinas comunicacionales”. Bah, los medios de comunicación. Bah, Clarín. Son ellos los que “articulan el estado de las conciencias”. En otras palabras: si los votos mudan, no es porque la gente se pueda haber hartado del gobierno o porque se entusiasme con una mejor perspectiva. No: es debido a una manipulación de sus conciencias a mano de la maldita prensa.
Es un razonamiento propio del populismo y proviene de su ADN autoritario: si alguien no está de acuerdo con Cristina entonces es un representante de oscuros intereses o bien un pobre tipo manipulado a fuerza de leer Clarín y mirar TN. Porque conciencia crítica es algo que sólo poseen quienes forman parte del gobierno nacional y popular.
Sobre este punto del pueblo bobo y manipulado vuelven más adelante: (los votantes) “con toda honestidad asumen como propias, en ocasiones, las críticas más despiadadas e injustas que, construidas en el laboratorio de la derecha corporativa acaban convirtiéndose, sin que lo visualicen, en parte de su propio sentido común…”.  La derecha le dicta al oído al pueblo. Los votantes “no visualizan”.
Pero hay más: “Detrás, muchas veces, de retóricas seudoprogresistas buscan seducir a ciudadano que, de saberlo, no estarían dispuestos a acompañar su s estrategias reaccionarios”. Este párrafo es para los que se mudan hacia Binner. Ellos también están engañados y tampocol comprenden lo que hacen.

Épica y charlatanería
Carta Abierta siempre cocina su sopa progresista añadiéndole puñados de palabras vibrantes, apelaciones a la lucha, dramáticas convocatorias a batallas decisivas de las cuales depende el destino nacional y la marcha de la humanidad toda.
Se sienten los abanderados de una secuencia de jalones épicos que los entronca con la lucha por los pueblos originarios contra la incursión castellana, los combates de la independencia y los deposita en las luchas populares de América Latina hasta nuestros días. Se sienten compañeros de Chávez, Evo Morales, Lula da Silva (no mencionan a Dilma) y Rafael Correa. Omiten también a José Mujica y a Bachelet, a punto de retomar el poder en Chile.
Con otros nombres, repiten y machacan con un diagnóstico del mundo que estaba presente en sus años mozos pero que ya no existe. Hablan del Tercer Mundo (sic), categoría entrada en caducidad al momento de la caída del Muro de Berlín. Repiten a voz en cuello las mismas obsesiones de juventud… cuarenta años después.
La conocida frase de Goethe acerca de que “quien mantiene una idea firmemente, crea un mundo nuevo” no fue arrojada para exculpar el ocio de los intelectuales ni para apañar la vagancia de sedicentes pensadores. La construcción de un esquema fundado en la conspiración de los grandes poderes mundiales contra el ímpetu productivo argentino y latinoamericano, hace agua por donde se tome. Vivir con lo nuestro es un fórmula fatal que apenas sobrevive en algunas cabezas setentistas que, además, se cuidan muy bien de repetirla ante algún público calificado.
El discurso se torna artificioso y vacío. Se limita crecientemente a la repetición rutinaria –casi como una oración- de las antiguas frases de los años en que todos éramos jóvenes, hermosos e inmortales. Y que pensábamos que, probablemente, el socialismo era la fórmula exacta para suprimir toda injusticia. Pero han ocurrido cosas. Hemos podido ver que algo ha fallado. Que hay que repensar todas nuestras antiguas certezas pues ellas sólo generan espejismos que resultan insostenibles a lo largo del tiempo y, más tarde o más temprano, desembocan en una crisis complicada.
En tal sentido, los pensadores de Carta Abierta no han hecho los deberes. Se han enamorado, de un modo onanista, de sus propias frases y han renunciado a abrirse a cualquier posibilidad de revisión de sus antiguas creencias.
Probablemente sea porque los confortables sillones de los despachos públicos y los sueldos del escalafón presupuestario suelen tener un efecto persuasivo tan intenso que se termina transformado en un rebelde profesional.