La UNC, jugada por el bronce para Scotto

Por Gabriel Osman
gosman@diarioalfil.com.ar

Francisco Tamarit y Carolina Scotto.
Francisco Tamarit y Carolina Scotto.

[dc]L[/dc]a distancia del tiempo siempre mejora la perspectiva. El auténtico fenómeno que fueron los dos triunfos electorales de Carolina Scotto en la UNC (2007 y 2010) deslumbró. La primera vez mejoró el resultado histórico de la elección de Luis Rébora en 1986, tras la recuperación de la autonomía (dejó a su rival Manuel Velazco con una treintena de votos) y la segunda fue directamente sin candidato de la oposición.
En Córdoba y fuera de la UNC, en una escala parecida, sólo Luis Juez en 2003. Y la referencia no sólo vale salvando la escala. El hoy senador nacional contó en su fulgurante debut electoral (58%) con la muerte de Ramón Mestre (p) y la decisión del hoy desaparecido Rubén Martí de abdicar.
Por supuesto que también hubo méritos propios del fundador del Partido Nuevo. Tan cierto como cierto que después despilfarró lo que logró con su talento chispeante –y sin límites- y el excepcional alineamiento de los astros.
A Scotto en 2007 no se le suicidó nadie y, además, se había preparado pacientemente para esperar su oportunidad. Pero ésta se le dio con el suicidio público de la Cooperativa, estructura que fue poder en la UNC durante nueve años. A los efectos prácticos, fue equivalente a la doble y excepcional vacante de la UCR: una alineación impar da planetas, que no malversó tres años después y que ahora ha convertido en un activo político que la pone a las puertas del Congreso de la Nación.
Es, si se quiere, un episodio más de las emergencias aluvionales habituales en el país, aunque en el recoleto marco de la política universitaria que, trasladada a la del Estado, apenas moverá las agujas con sólo una banca, en el mejor de los casos, en la Cámara Baja.
Para este intento ha puesto tras de sí al gobierno de la UNC, comandado por su ex marido, Francisco Tamarit. Roto el vínculo afectivo, el político está intacto entre ambos, y el rector colabora. Al punto, incluso, de dejar planchada la política dentro de la Universidad. A seis meses de haber asumido, aún no ha completado su gabinete (está vacante la Secretaría de Extensión) y no se han realizado prácticamente reuniones de gabinete, una elemental rutina de gobierno. El premio es llevar al podio electoral a la ex rectora, que en las PASO defeccionó con un gris cuarto puesto detrás del ex árbitro (encima del PRO) Héctor Baldassi.
Puede alegar en su favor que su estructura de alianzas no es la que tuvo Scotto, lo que se refleja en algunas derrotas en debates recientes en el Consejo Superior, y con apenas tres como propias de las treces Facultades: Filosofía, Famaf y Artes. Cuenta sí con dos “allegadas”, como Médicas y Odontología, pero lo demás es un escenario abierto.
Esta categoría difusa incluye hasta la propia Facultad de Lenguas (que puso en la urna votos en blancos en la elección de la vicerrectora Silvia Barei), con tensiones internas que provienen desde el mismo momento que Tamarit ungió candidata a su entonces decana. Tal vez Pedro Yanzi Ferreira se haya ganado el derecho a reclamar una categoría sólo para él. Después de todo, el ex decano de Derecho desde hace tiempo ha resuelto jugar en la zaga del sistema político de la UNC y en posición de líbero.
Otro factor que puede ayudar a explicar porqué la UNC está planchada, es que haya habido una sobrevaloración política de Tamarit. Dejando al margen su indiscutida capacidad para la rosca y los acuerdos, no queda tan en claro que esas habilidades pueden hacerse extensivas a una presunta capacidad de gestión.
Es muy poco lo que puede mostrar Tamarit, más allá del ruido para disimular que pueden haber producido los presuntos proyectos de dos nuevas Facultades y de una reforma política atrevida con sistema de elección directa para cargos de rector y vice. Ni hablar que las comisiones que se crearían para debatir una reforma a la Ley de Educación Superior, no serán en ningún caso mucho más que peñas o tertulias. Ese es un asunto del Congreso de la Nación, manejado durante diez años por el kirchnerismo, que nunca incluyó tal tema en su agenda.
Finalmente, en algún momento deberá reconsiderarse lo que en su momento se presentó como un exabrupto pero que los hechos parece demostrar que –más allá de los excesos- son un asunto serio: los serios problemas de salud del rector, que probablemente le restan la energía y el tiempo que demanda un cargo tan importante.