La salud de Cristina como imponderable

Por Rosendo Fraga
para nuevamayoría.com

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Seguramente esta semana el Congreso de la Nación dará sanción
definitiva al presupuesto y las leyes económicas con la aprobación del Senado, pero subsisten otros problemas que no serán resueltos tan fácilmente por el oficialismo.

[dc]E[/dc]l problema de salud de la Presidente Cristina Kirchner irrumpe como un imponderable en la política argentina y, como tal, puede alterar la situación existente. Se le llama imponderables a esos factores o situaciones imprevisibles que surgen sorpresivamente en política y que por ende no pueden ser previstos. Es lo que sucedió en el primer mandato de Cristina con el conflicto con el campo en 2008 y con la recesión precipitada por la crisis global al año siguiente: ambos determinaron la derrota del oficialismo en las elecciones legislativas de 2009. Seguidamente, otros dos imponderables permitieron su recuperación política: la muerte de Alfonsín, que complicó a la oposición desbaratando la candidatura de Julio Cobos, y la de Néstor Kirchner, que potenció la figura de su esposa y contribuyó a su reelección en 2011. En el segundo mandato de la Presidente, el imponderable de 2012 fue la irrupción de las protestas convocadas desde las redes sociales, que deterioraron al gobierno y tonificaron a la oposición, y este año lo fue la elección del Papa Francisco, que llevó al centro de la escena mundial a un crítico del gobierno argentino.
Ambos imponderables contribuyeron a la derrota electoral del oficialismo en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 11 de agosto. La salud de la Presidente es un nuevo imponderable que ha surgido a tres semanas de las elecciones legislativas y podría beneficiar al gobierno en momentos que se encamina a una derrota similar o aun peor que la de agosto. Pero el hecho de que una figura del oficialismo desprestigiada, como es el Vicepresidente Amado Boudou, asuma la Presidencia por la operación de la Presidente, puede jugar también en contra del oficialismo.
Es que, en principio, la enfermedad de la Presidente tiene más posibilidades de beneficiarla que de perjudicarla, pero que el Vicepresidente Boudou la reemplace es un punto débil para el FPV. Lo primero es lo que en general sucede con los líderes políticos cuando sufren una desgracia o pérdida personal: concretamente es lo que sucedió con ella a partir del 27 de octubre de 2010, cuando murió su esposo Néstor Kirchner. Pero ello es relativo. También en el verano del año pasado ella fue internada tras anunciarse que sufría un cáncer y eso la llevó a delegar el gobierno durante tres semanas. Luego se informó que el diagnóstico había sido un “falso positivo” -un error- y ello disminuyó el beneficio político que había comenzado a dar la enfermedad. Ahora, el oficialismo parece haberse movido con gran velocidad. La Presidenta se internó para realizarse estudios al mediodía del sábado 5 de octubre y esa misma noche se informó del problema neurológico por el cual debía guardar reposo durante un mes, es decir hasta diez días después de las elecciones legislativas. Ese mismo día los medios gráficos -incluidos los opositores- publicaron una publicidad de página entera anunciando que se adelantaba para ese mismo día a las 20 horas el reportaje de la Presidenta con el periodista Jorge Rial, cuya segunda parte estaba programada para el domingo 6. Esta irrupción del problema de salud tiene lugar tres días después de que el intendente oficialista de La Matanza (Espinoza) dijera públicamente que si él hubiera hecho campaña criticando a la Presidenta, hubiera obtenido 60% de los votos, 20 puntos más que los obtenidos. De ahora en más, en la gestión diaria de gobierno seguramente el Secretario General de la Presidencia (Zaninni) jugará un rol clave en la comunicación y control del poder, relegando al Vicepresidente (Boudou) en la toma de decisiones. Quien quizás expresó con más realismo lo que ha sucedido fue el diputado nacional Jorge Landau, apoderado nacional del FPV, quien dijo que el problema de salud de la Presidenta es una “conmoción personal e institucional”, que su malestar pudo generarse por “tantas tensiones descargadas sobre sí misma tenían que producir alguna complicación” y que “es un tema emocionalmente muy delicado”.
Las encuestas publicadas entre jueves y domingo mostraban una situación desfavorable para el oficialismo nacional para las legislativas del 27 de octubre. Un sondeo difundido por Hugo Haime sobre la elección presidencial de 2015 sostiene que hoy estaría votando por Massa 27,7%, por Scioli 24,5%, Binner está en el tercer lugar con 11,3% y empatan en el cuarto lugar Mauricio Macri y Julio Cobos, con 8,6 y 8,5% respectivamente. Respecto a la provincia de Buenos Aires, un sondeo de Management & Fit publicado en Clarín sobre la provincia de Buenos Aires da a Massa 39,3% frente a 28,7% de Insaurralde; en Córdoba el candidato de De la Sota (Schiaretti) obtendría el 30,8%, la lista de la UCR (con Aguad como primer candidato) sacaría el 22,4%, y el FPV, con Scotto, estaría en tercer lugar con 13,3%. Para Santa Fe, el socialista Binner mantiene el primer lugar con 40,4% y el segundo está en disputa entre el candidato del PRO (Del Sel) y el del FPV (Obeid), con 22% y 21,6% respectivamente. Respecto a la Capital, un sondeo de Poliarquía publicado en el diario La Nación y otro de Federico González en el diario Perfil, muestran una ventaja que supera los 10 puntos del PRO para senador (Michetti) y el segundo y tercer lugar disputado entre UNEN (Solanas) y el FPV (Filmus). En cambio, dan una elección mucho más pareja con UNEN para diputados nacionales, con la disputa entre las listas de Carrió y Bergman por el primer lugar y el FPV en el tercero con la lista encabezada por Cabandié. Un tercer sondeo sobre Ciudad de Buenos Aires de Management & Fit confirma la misma tendencia. La cuestión será ahora observar si la enfermedad de la Presidenta influye o no para cambiar la tendencia en los próximos días.
Mientras tanto, seguramente esta semana el Congreso dará sanción definitiva al presupuesto y las leyes económicas, pero subsisten otros problemas que no serán resueltos tan fácilmente por el oficialismo. A mediados de semana el Senado aprobaría dichos proyectos, con los cuales el Ejecutivo queda con las herramientas básicas de gobierno para prescindir del Congreso los próximos dos años. Pero el fallo de la Suprema Corte sobre la ley de medios sigue siendo el problema principal para el Cristinismo, que durante la semana pasada, con llamados directos de la Presidente y el Secretario General de la Presidencia a varios miembros de dicho tribunal para que adelanten el fallo y sea emitido antes de las elecciones, no habrían tenido el efecto buscado. El problema de la inseguridad sigue siendo central y los gendarmes desplegados en el Gran Buenos Aires no parecen haber dado el resultado esperado. Al mismo tiempo, la ocupación de terrenos en las afueras de Santa Cruz llevó a que sean utilizados por primera vez en 30 años efectivos militares para participar en la represión de un conflicto social, algo que vulnera el marco legal vigente y que la reglamentación de la ley de defensa nacional firmada por Cristina Kirchner hace aún más contradictorio. En política exterior, la negativa del gobierno iraní a que sean juzgados por jueces argentinos los acusados por el atentado de la AMIA, la posibilidad de que la Corte de los EEUU decida no tomar la causa que llevan adelante los llamados “fondos buitres” y el conflicto con Uruguay por las pasteras, son tres problemas inmediatos relevantes en la política exterior argentina.
En conclusión: el problema de salud de la Presidente irrumpe como un imponderable en la situación política que puede modificar los escenarios existentes; en principio, la nueva situación tiene más posibilidades de beneficiar que de perjudicar a Cristina Kirchner, aunque nada es seguro al respecto; los últimos sondeos mostraron tendencias desfavorables para el oficialismo tanto en el ámbito nacional como en Buenos Aires, Capital, Santa Fe y Córdoba: la cuestión es si pueden alterarse; mientras tanto, el oficialismo consolidará su avance en el Congreso pero difícilmente tenga éxito en sus presiones sobre la Suprema Corte por la ley de medios.