La planta no produce daño ambiental

Por Cristiano Casini*

[dc]L[/dc]a desinformación es un factor que no debe soslayarse al momento de analizar la polémica que abrió la construcción de una planta de Monsanto en la localidad de Malvinas Argentinas. Los grupos ecologistas y sociales que bloquean el ingreso a los predios y, en consecuencia, impiden el desarrollo las obras, justifican su proceder en defensa de la estabilidad ambiental. Objetivo digno que olvida ciertos elementos técnicos, cuya clarificación podrían contribuir a despejar la nube de incertidumbre que genera el desembarco de la semillera multinacional a la provincia.
En primer lugar, es necesario advertir que las semillas que produce Monsanto nada las diferencia de otras que elabora la competencia. La producción de simientes hibridas y multiplicación de líneas no impactan negativamente en el medioambiente. Así lo demuestran innumerables estudios científicos de alta exhaustividad.
Decimos, no impacta negativamente porque la producción de semillas se realiza a través de un proceso físico (mecánico), no químico. En resumidas cuentas, la semilla seleccionada se cultiva, pasa por una máquina que las limpia y recién al final de proceso ocurre un curado húmedo (químico). En nuestro país, existen varias industrias que acuden a esta práctica como en Venado Tuerto y Pergamino. Funcionan desde hace décadas y hasta la fecha no hay evidencia de efectos nocivos para el ecosistema y las comunidades aledañas a estas instalaciones.
Lo dicho permite asegurar que el correspondiente control de cada evento en la producción de semillas y en la ingeniería genética (transgénesis) y los costosísimos estudios ambientales que aporta la comunidad científica nacional y mundial, son el factor central que debe atenderse para tranquilidad de productores y consumidores.
En otras palabras, el funcionamiento de una planta generadora de semillas con los correspondientes controles no debería generar problemas. Ocurre lo mismo con la producción de agroquímicos que podría compararse con la elaboración de medicamentos. Ambos ejemplos tienen ventajas y desventajas. Si se usa incorrectamente una aspirina, se generan las úlceras. Con este sencillo ejemplo, empieza a asomar la importancia del buen uso de la tecnología.
Pueden citarse otros. Sin dudas producen más contaminación los autos y camiones que pasan por las rutas de Malvinas Argentinas que Monsanto. Se debería prestar atención a los acopios de granos que funcionan a la vera de la Ruta 9 que liberan más partículas contaminantes.
Es en este marco donde jugará un rol central el informe de inocuidad ambiental que ratificará que no existe peligro frente a la instalación de Monsanto u otra semillera cualquiera.
Una vez que sea presentado quedará zanjada la polémica y no habrá elementos para impedir su instalación.
Despejadas estas variables centrales, no queda más que reafirmar la importancia de las semillas mejoradas para producir más y mejor en el campo. No sólo se originan variedades de mayor calidad, sino que también se reducen costos y se potencia la economía del país. Si se produjera orgánicamente, los alimentos deberían duplicar su valor, con todo lo que esto implicaría para la población.

*Ingeniero agrónomo. Exinvestigador del INTA y la UNC