Obama: “Los republicanos eligieron cerrar el gobierno federal”

obama_sirya_71216[dc]E[/dc]l presidente estadounidense, Barack Obama, aseguró que el cierre parcial de gobierno iniciado por falta de acuerdo en el Congreso “no tenía que pasar” y acusó a la oposición republicana de “mantener a toda la economía de rehén de demandas ideológicas”. El mandatario demócrata advirtió que “cuanto más largo sea el cierre, más efectos tendrá” en la economía y reiteró que no “cederá a demandas imprudentes” por parte de los republicanos, que se oponían a una parte clave de la reforma sanitaria de Obama que entró en vigor ayer.
“Mientras sea presidente, no cederé a demandas imprudentes por parte de algunos en el partido republicano de negar seguro de salud accesible a millones de trabajadores estadounidenses”, afirmó el presidente en un discurso desde la Casa Blanca. Obama afirmó que la entrada en vigor de la ley de Salud, aprobada sólo por los demócratas en el Congreso y firmada luego por él en 2010, no está en la mesa de negociación, y se refirió a la “ironía” con la que ahora tieObne que lidiar la oposición tras haber cerrado el gobierno para presionar con su objetivo de frenar la legislación pero sin haberlo finalmente logrado.
Las demandas de los republicanos “exceden todo lo esperado”, describió el presidente norteamericano en su primer discurso luego de que por primera vez en 17 años el gobierno no cuente con fondos suficientes para poder desarrollar sus actividades. “Los republicanos en el Congreso eligieron cerrar el gobierno federal”, sentenció. “Déjenme ser más específico: una facción de un partido en una cámara baja del Congreso en una parte del gobierno cerró las partes principales del gobierno”, prosiguió. “Todo porque no le gustó una ley. El cierre republicano no tiene que pasar”, reiteró Obama secundado por un grupo de estadounidenses que serán beneficiados por la nueva legislación sanitaria.
La última vez que el gobierno se vio forzado a cerrar fue a mediados de diciembre de 1995 y comienzos de 1996, bajo la administración del presidente demócrata Bill Clinton, por un período de 28 días en total. En esta oportunidad, se desconoce aún cuánto tiempo durará este estancamiento presupuestario, aunque demócratas y republicanos deberán retomar las negociaciones sobre el límite de la deuda que llegará a su tope el 17 de octubre, en medio de un clima de fuertes divisiones partidarias.
“El gobierno está cerrado por la irracionalidad de lo que está pasando en el otro lado del Capitolio”, sostuvo el líder de la mayoría demócrata en el senado, Harry Reid, en clara referencia a los republicanos. Por su parte, el presidente de la cámara baja, el republicano John Boehner, señaló a través de un comunicado la disposición de su partido para llegar a un acuerdo y culpó al oficialismo en la Senado de ser quien “cerró de un portazo la puerta para reabrir el gobierno federal, al negarse a hablar”.
Boehner se refirió así a la negativa de los demócratas a considerar su propuesta presentada el lunes a menos de dos horas de la medianoche para convocar a una reunión bicameral con el fin de negociar y destrabar el bloqueo legislativo. Para Reid, ese plan no era otra cosa que otra manera de “continuar jugando” con la situación y descartó así de lleno la posibilidad de hacer concesiones bajo la presión forzada de los republicanos.
La no reasignación de presupuesto para el nuevo año fiscal que inició ayer afectará a más de 800.000 empleados públicos. Al regresar a sus oficinas para juntar sus pertenencias hasta que sean destinadas nuevas partidas, estos empleados se encontraron con una carta de Obama donde les agradecía su trabajo y les solicitaba hicieran todo lo que estuviera a su alcance para retomar el ritmo normal de las actividades.
En el primer día del cierre del gobierno, los principales departamentos (ministerios) amanecieron con anuncios en sus páginas web sobre cómo serán llevadas adelante las gestiones bajo el escenario actual y alertando sobre la falta de información, actualización o seguimiento que podrían sufrir sus portales, tal como refleja la misma Casa Blanca en su sitio oficial. Además de significar la paralización de servicios habituales como museos, parques nacionales, recolección de basura o el funcionamiento de las oficinas para poder tramitar el pasaporte, la falta de presupuesto representará a las arcas del Estado un costo cercano a los 1.000 millones de dólares.