Ideas infantiles

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

ilustra lalala[dc]L[/dc]a niñez, esa edad que suele ser idealizada como una especie de paraíso perdido, es un recurso al que la industria musical ha apelado no pocas veces en busca de consagrar un éxito. De hecho, cuando Paul McCartney escribe “Yesterday” tenía apenas 23 años y se podría pensar que el “ayer” al que se refiere es muy cercano a la infancia, una etapa en la que “todos los problemas parecían lejanos” y en la que “el amor era un juego”.
En ciertas ocasiones, para expresar esa ingenuidad propia de los chicos se recurrió a ellos mismos como vocalistas y el efecto de ternura y emoción que provocaban en el público se reflejó en lo que se recaudaba por las ventas de discos y entradas para los conciertos. De hecho, este fenómeno dio pie al conocido chiste de Les Luthiers, cuando en un sketch en el que anunciaban la actuación de Los Niños Cantores del Tirol, recomendaban: “¡Véalos antes de que crezcan!”.
A esta altura del siglo veintiuno, cuando estamos convencidos de que ya no queda nada por inventar, se podría pensar que remitirse a los infantes para gestar una novedad musical ya no corre más. Y sin embargo, como siempre, el mercado discográfico vuelve a sorprendernos con niños cantantes. Y no solo eso, también se nutre del imaginario de los cuentos infantiles para estampar un hit que por estos días es furor en el hemisferio norte.
En mayo de este año, el productor inglés Naughty Boy lanzó como anticipo de su álbum debut una canción muy pegadiza titulada (así de simple) “La la la”. En el tema destaca la interpretación del cantautor invitado Sam Smith. Pero, por sobre todo, lo que impacta es la vocecita de un niño que se limita a entonar el “la la la” del título como un obsesivo estribillo que ingresa en nuestro sistema auditivo para ya nunca abandonarlo.
El single fue acompañado por un muy pertinente video. Allí vemos a un pequeño de rasgos incaicos que, a la vez que canta el persistente “la la la”, representa una leyenda boliviana sobre un niño sordo, con muchas similitudes con la historia de “El mago de Oz”. Rodado por Ian Pons Jewell en La Paz, Potosí y el salar de Uyuni, el clip le aporta un mensaje social a una canción que –sin esas imágenes- solo poseía como argumentos de éxito un ritmo bailable y un “la la la” imposible de olvidar.
El experimento funcionó casi a la perfección. “La la la” escaló hasta lo más alto del chart de ventas británico y es, hasta el momento, el single más vendido de lo que va del año en el Reino Unido. Mientras tanto, el disco “Hotel Cabana” de Naughty Boy, que incluye la canción, debutó en el segundo lugar del ranking hace poco menos de un mes, seguramente ayudado por la popularidad que alcanzó ese “la la la” tan naíf como efectivo.
Pero esa apelación a la niñez no sería la única de esta temporada musical. Si algo faltaba para completar el panorama, eso era la absurdísima “The Fox”, una pieza firmada por Ylvis que lleva tres semanas en el Hot 100 de la revista estadounidense Billboard, donde ya se asoma al puesto número 13. Ylvis, en realidad, no es un proyecto estrictamente musical: se trata de un dúo de comediantes noruegos que lleva más de diez años de trajín en teatros, radioemisoras y canales de televisión.
A comienzos de septiembre, ellos subieron a Youtube el pintoresco video de “The Fox”, que no solo se viralizó (ya sobrepasó los 75 millones de visitas) sino que además los insertó en el negocio de la música, con una potencia que quizá ni ellos se imaginaban. Sería algo así como si Capusotto o Yayo grabaran algunas de sus bizarras creaciones humorísticas y las impusieran como hits en las radios del norte de América.
¿Y de qué habla “The Fox”? Pues bien, la canción se mofa de ese viejo recurso de los adultos que les repiten a los niños los sonidos que emiten los animales (las ranas, cro-cro, los patos, cua-cua, los gatos, miau-miau), hasta que se pregunta “¿cómo hacen los zorros?”. La respuesta conforma la parte más insólita de este suceso que le ha dado una vuelta de tuerca al viejo truco de fabricar un hit gracias a ideas… infantiles.