El resonante precedente del “Caso Sargiotti”

Por Juan Pérez Castellano (*)

[dc]A[/dc]l poco tiempo en que el principal imputado cumplía prisión por el asesinato de Mario Sargiotti, en uno de los pabellones de la Penitenciaría de barrio San Martín, fui a visitarlo. No para cubrir una nota periodística, sino por curiosidad personal, pues lo conocía de la época en que integraba la División Drogas Peligrosas de la Policía de la Provincia de Córdoba, cuando esa dependencia funcionaba en el primer piso de la Central de Policía. Vamos a evitar el nombre: la pena ya cumplida y el tiempo transcurrido merecen un manto de piedad.
En su habitación donde pasó tantas horas privado de su libertad (fue el principal acusado), lo encontré con buen estado de ánimo y de salud. No hablamos en profundidad de aquel conmocionante suceso en épocas en que gobernaba la provincia Eduardo Angeloz y era jefe de Policía el comisario general Pedro Griggioni. Por entonces, el 12 de diciembre de 1990, ingresó Sargiotti detenido a la Jefatura, tras ser detenido en la zona de barrio Ameghino, donde su padre poseía un conocido almacén. La acusación era tenencia y distribución de estupefacientes.
Córdoba se conmocionó cuando, al día siguiente los medios comenzaron a informar sobre el hallazgo de un cuerpo flotando sobre el Suquía. Un llamado anónimo consignando el hallazgo ingresó a las 15.00 al 101 de la Central de Policía. Lo realizó un hombre que sólo se identificó como vecino del lugar, informando sobre el hallazgo de un cuerpo de sexo masculino, vestido y con esposas sujetando sus manos. Estaba semi sumergido en el lecho del rio -allí no existe ni existía canalización de hormigón- a metros del vado que solía unir (aún quedan algunos vestigios) los barrios San Vicente y la calle Uruguay, en barrio Juniors.
Concurrieron al lugar el oficial Marcelo Saggio y el suboficial José Nazar (fallecido hace pocos meses), quienes se encontraban de patrullaje por la zona al integrar una Brigada Especial que había sido creada para contrarrestar la actividad ilícita en la capital provincial.
Los policías se comunicaron de inmediato con su jefe superior, por entonces el comisario “Gringo” Marzoratti (fallecido hace unos años)) y dieron la novedad. “Jefe, el cuerpo está esposado y con las dos manos para arriba, como si hubiese estado colgado”, le dijo Saggio a su superior.

La investigación de crimen
A partir de allí de ese momento aparecieron versiones de todo tipo, entre ellas la de Jesús Zabaleta, otro preso que, por casualidad, estuvo en el mismo lugar y hora en que Sargiotti estaba privado de su libertad en el primer piso de jefatura. Y el ocasional testigo aseveró: “Anoche estuvo Sargiotti aquí. Lo conocía como ‘El Indio’”.

Submarino cruel
Después la investigación judicial estableció de que Mario Sargiotti había sido sometido a un “interrogatorio cruel”, lo que en la juerga se conoce como “submarino”: se sumerge la cabeza a un depósito con agua hasta que resistiera, y al retirarlo a la superficie, se le exigía que hablara. Esta fue la técnica de interrogación que se utilizó contra Sargiotti, que no resistió y sufrió un paro cardíaco. Así terminó la vida de un hombre joven, a quien se lo sindicó como “traficante de droga” pero que, con su muerte, nadie pudo probar.
Finalmente la Justicia dispuso condenas, todas efectivas. Todos los imputados y sentenciados gozan hoy de libertad. Cumplieron con el castigo impuesto por la Justicia. ¿Para que más?. Por eso, 20 años después, es preferible omitir sus identidades y hasta sus iniciales: sus familiares también terminan siendo víctimizadas sin tener culpas.

(*)Ex periodista de La Voz del Interior