Cautela oficialista para evitar quiebres

Juan Pablo Carranza
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ilustra trejo votando[dc]C[/dc]omienza a madurar en la UNC una discusión de fondo postergada: la reforma política. Un debate de este calibre requiere una maceración especial. No es una contienda electoral, donde un voto marca la diferencia y listo. En este caso, los concesos necesariamente tienen que ser más amplios. El oficialismo camina con cautela este proceso para evitar quiebres que se traduzcan en la imposibilidad de concretarla.
Al tratarse de cambios estructurales que trascenderán a las gestiones, una mayoría simple no es suficiente para dejar conforme a la comunidad universitaria. Un paso en falso puede alimentar las tensiones que afloraron tras la última Asamblea Universitaria que depositó a Francisco Tamarit en el Rectorado. En este sentido, el oficialismo actuaría con mesura y no con el despliegue de marzo pasado, cuando lo importante era solamente ganar y no el cómo.
La elección directa de autoridades unipersonales es una demanda de la comunidad universitaria en pleno, que la última gestión que encabezó Carolina Scotto no pudo lograr a pesar de su promesa. Se trata de una deuda interna de la Universidad.
En tiempos de democracias de masas (con prácticas semidirectas en algunas oportunidades), que promueven la activa participación ciudadana, mantener una suerte de colegio electoral de 247 personas para una población que ronda los 150.000 es contradictorio, amén de la permeabilidad.
Las sospechas que tiñeron la última Asamblea -sobre la injerencia de agentes exógenos, tanto nacionales como provinciales, en su resultado- reavivaron la discusión sobre las falencias y debilidades del actual sistema de elección.
Tamarit y su gabinete parecen estar decididos a concretarla. El problema es conducirla. Es cierto que hasta el momento no hay ningún avance concreto, pero todos manifiestan su voluntad de avanzar sobre ella. Están midiendo las chances reales. Saben que no pueden lanzase a la pileta si no hay agua. Para el oficialismo sería añadir otra una derrota. Y no una menor. Luego de su asunción sólo consiguió reveses en el campo electoral. Eso sí, la concreción de la reforma será un logro mayúsculo en términos políticos.
Por esta razón, el Rectorado deberá apelar a una ingeniería superadora a la de los votos propios. Consenso prefieren llamar los universitarios a una construcción que tendría ciertas similitudes con aquella lejana transversalidad, que acuñara Néstor Kirchner luego de alcanzar la presidencia en 2003 para sostenerse en el poder. Vale esta analogía también para la UNC.
Todo indica que el radicalismo impondrá sus condiciones para la reforma política. Sus resultados entre el estudiantado y su activo rol opositor en el Consejo Superior le dan esa posición.
Una de las dicotomías centrales pasará por la ponderación. En principio habría una coincidencia en la ponderación por claustros, es decir que cada estamento conserve su cuota de poder actual. Pero hay otra que genera discusiones: aquella que es por Facultades.
A Franja Morada está última opción no le convence. Es en las unidades académicas más populosas donde reside su principal caudal y posiblemente busque hacerlo valer. Otros ejes de la discusión: la elección por fórmula y el sistema electoral (la posibilidad de un ballotage, por ejemplo).
El oficialismo procurará blindarse lo más posible de cometer errores. No ha sido un primer año fácil, más bien conflictivo. Mientras evalúa las posibilidades-ya mantuvo encuentros con Franja Morada, Sudestada, los referentes de la Facultades afines y algunos sectores del claustro de egresados-, el Rectorado busca garantes de la reforma. Quiere evitar que haya cambios de opinión de último momento una vez que esté convocada la Asamblea (sabe muy bien que esas cosas suceden). Hay tres Facultades que representa una incógnita para el oficialismo: Derecho, Ingeniería y Ciencias Económicas. En los próximos días buscarán despejarlas.

Presupuesto y facultarización.
Las otras dos discusiones que asoman jugosas hacia el fin del calendario son: el presupuesto y los pedidos de facultarización de Ciencias de la Información y Ciencias Sociales.