Derrota en Capital opacó la recuperación de UCR en interior

Por Alejandro Moreno
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_MG_4674Al inicio de la campaña, la desunión del peronismo cordobés había alentado las expectativas de los radicales de reeditar aquella victoria del 2009, cuando el mismo candidato que exponen ahora, Oscar Aguad, se impuso en el tramo de diputados nacionales, y junto a Ramón Mestre, segundo para el Senado, dieron inicio a la recuperación partidaria.
El Partido Justicialista y sus satélites, por un lado, Olga Riutort, por otro, el saadismo con Domingo Cavallo, decenas de intendentes peronistas apoyando a la kirchnerista Carolina Scotto, y hasta tradicionales aliados, como la Ucedé, jugando con el macrista Héctor Baldassi, permitían suponer una baja en la caída de la cosecha de votos del oficialismo. Ello, en un escenario de una elección parlamentaria, en la que la dispersión del voto es mayor que en una ejecutiva.
La Unión Cívica Radical, además, enfrentaba su primera elección en más de una década asentada en un poder real, como lo es la Municipalidad de Córdoba, ganada en 2011 por Ramón Mestre, quien ilusiona a sus correligionarios con extenderse a la Gobernación dentro de dos años. Podía imaginarse, entonces, un progreso electoral respecto de las elecciones de diputados 2011, cuando en vez de Aguad, colocado al tope de la lista por Mestre, el candidato fue Mario Negri, vencedor del panmestrismo en las internas de ese año y luego casi solitario luchador por los votos radicales en las generales de octubre.
Las dos previsiones ocurrieron, pero la reducción de la brecha fue insuficiente como para satisfacer aquellas ilusiones.
En los últimos días, las encuestas, incluso las propias, le indicaban a los radicales que la derrota provincial era un hecho. Pero el resultado final promedió el cálculo de los peronistas (10 puntos porcentuales de diferencia) y de los radicales (5 p.p.), estabilizándose en unos 7,7 p.p. al cierre de esta edición, con más del 93 por ciento de los votos contados.
Anoche, los radicales miraban las planillas y no sabían si alegrarse o molestarse.
La UCR experimentó una notable mejoría en los departamentos del interior, elevando en algunos casos hasta 10 p.p. su perfomance respecto a las PASO 2011, por ejemplo. Este dato fue motivo de celebración por los radicales, y el propio Aguad lo destacó en el escenario montado en el tradicional salón Macario Carrizo de la sede partidaria.
Pero el radicalismo perdió en la Capital provincial, aunque ajustadamente (1,6 p.p), en su debut electoral desde el inicio de la gestión de Ramón Mestre (comparado también con las PASO 2011 hay un punto más, pero podía esperarse una mejora clara al ocuparse el Palacio 6 de Julio, algo parecido a lo recogido en el triunfo municipal de hace dos años).
Aguad intentó rebajar el golpe señalando que la boleta de Confluencia, la suya, superó la del Movimiento de Unidad Peronista, la de Juan Schiaretti, pero al agregarse a éste los votos de Martín Llaryora, y a los del radical los de Miguel Abella y Dante Rossi se construye la diferencia de 1,6 p.p. a favor de Unión por Córdoba.
Queda para Aguad la posibilidad de que la suma de los votos de los grupos que perdieron las internas no sea automática, y si eso sucede es más probable que Abella y Rossi tengan menos fugas que Llaryora, quien parece alimentado por el tradicional votante peronista antidelasotista que siempre acompañó a Olga Riutort.
La derrota de la UCR en Capital es una sorpresa por ser el distrito de administración mestrista, y porque el intendente colocó su apellido, a través de su hermano Diego, en el tercer lugar de la lista.
Sin embargo, Ramón Mestre no tuvo demasiada participación en la campaña radical. Casi ninguna.
José Manuel de la Sota pareció tan candidato como Juan Schiaretti, Luis Juez copó la publicidad del Frente Progresista Cívico y Social en la última semana para levantar a Ernesto Martínez. Mestre, en cambio, no ocupó la pantalla, no generó espacios públicos al candidato y, en definitiva, hasta pareció prescindente de la interna.
Los mestristas aseguran que eso cambiará a partir de ahora, y probablemente lo haga el intendente tanto porque ésa pudo haber sido desde el inicio su extraña estrategia, como por la mirada que sentirá de los ansiosos radicales sobre sus movimientos.
La UCR habría estrechado la diferencia con Unión por Córdoba si el resultado en la ciudad de Córdoba no hubiera sido tan débil. Visto en sentido positivo, los radicales tienen terreno para crecer hacia las elecciones generales de octubre, cuando realmente se distribuyan las nueve bancas de diputados nacionales que le corresponden a Córdoba.
Las PASO significaron para los radicales, además, una verdadera interna, porque Aguad enfrentó a las listas de Abella y de Rossi. En este cálculo, Aguad obtuvo una previsible y rotunda victoria, con el 77,8 por ciento contra el 16,8 de Abella y el 5,3 de Rossi.
Los mestristas querían arrasar con la lista de Abella porque ésta era apoyada por el intendente de Río Cuarto, Juan Jure, y fue la causa principal de que no hubiera un acuerdo interno.
Jure no pudo construir una alternativa sólida frente a Mestre, aunque le ganó en Río Cuarto, consolidándose en su propio terreno. Ahora llegará el tiempo de los mensajes conciliadores para que esos votos radicales no se pierdan en las generales.