Ocurren cosas raras

Por Gonzalo Neidal

DYN20.JPGLa situación es sumamente singular y, si no ha llegado todavía a escándalo, es quizá porque el hecho ha sido desplazado por la trágica implosión de un edificio en Rosario, con su secuela de muertos y heridos.
La historia se conoció el domingo pasado a través de una nota del periodista Horacio Verbitsky publicada en el diario oficialista Página 12. El candidato opositor Sergio Massa había sufrido un robo en su domicilio y había ocultado el hecho para que sus rivales en los comicios, especialmente el kirchnerista Insaurralde, no se beneficiara con la noticia.
El tono de la nota de Verbitsky, que siempre ostentó tener fácil acceso a información proveniente de organismos de seguridad y servicios de inteligencia, muestra a un Massa en situación desairada. El candidato opositor, que tanto dice preocuparse por la seguridad ciudadana y que desliza críticas al gobierno nacional en ese tema, había sufrido una tocadita de cola: le habían robado en su propio domicilio. Un ladrón entró como Pancho por su casa y se llevó dinero en efectivo.
Pero además de este hecho que denotaría un mal funcionamiento de la seguridad en Tigre, la nota de Verbitsky apunta a señalar que el intendente robado actuó con cierta picardía política al tratar de ocultar la situación, previendo que lo dejaría mal parado y sufriría un perjuicio al momento de contar los votos.
La reacción de Massa no se hizo esperar: el propio lunes apareció en conferencia de prensa junto a su mujer. Reconoció el hecho, aportó más datos e hizo público un vídeo en el que aparece un prefecto perpetrando el robo con una pistola con silenciador en la mano. Y ahí se desató la polémica. Lo que había sido pensado como una información favorable al gobierno en tanto era perjudicial para el candidato opositor mejor posicionado, se dio vuelta y comenzó a causar el efecto contrario.
Y en esto tuvo mucho que ver el secretario de seguridad de la Nación Sergio Berni. Para empezar dijo que el robo no existió sino que fue una escena montada por Massa para sacar provecho electoral. Dijo que el prefecto detenido no sólo es conocido de Massa sino que además es un puntero político suyo. Al tomar esta línea de ataque, Berni contradijo expresamente la tesis lanzada por Verbitsky. Si se trataba de una operación montada para sacar beneficio electoral, como dijo Berni, resulta ilógico ocultarla deliberadamente, como había dicho el periodista oficialista.
Estas explicaciones enfrentadas indican que algo salió mal. Organizado o no por el gobierno para desprestigiar a Massa a pocos días de las PASO, lo cierto es que la publicación de la noticia, que sí se hizo con la intención de perjudicar electoralmente a Massa, fue una operación mal calculada, a juzgar por los efectos que se están obteniendo. Massa quedó como una persona discreta que, ocultó el hecho para no sacar beneficio electoral de él. Y el gobierno, a través de la torpeza inconmensurable de Berni, se presenta atacando injustamente a quien actuó con discreción y pudor electoral.
Lo cierto es que, en la Argentina de los Kirchner, uno se va acostumbrando a que, en llegando la fecha de las elecciones, ocurran cosas raras de diversa índole. Denuncias contra los candidatos mejor posicionados.

Recordemos el caso de Enrique Olivera en 2005, quien fue denunciado por el radical Daniel Bravo, afín a Néstor Kirchner. En 2009, el propio Néstor instigó una denuncia contra Francisco De Narváez, por supuesta vinculación con el tráfico de efedrina. También Luis Juez fue objeto de una denuncia por la posesión de fondos en un paraíso fiscal. Todas ellas resultaron falsas pero fueron propaladas por la prensa oficialista como parte de campañas electorales.
Esta vez le tocó a Massa. Pero cada vez las denuncias y operaciones mediáticas contra los candidatos, tienen menos efectos electorales. Es como si la opinión pública, con el paso de los meses, hubiera ido desestimando estas maniobras políticas de baja creatividad. Pero nos vamos acostumbrando a que en la vecindad de fechas electorales clave, ocurran cosas raras. Los que contamos con algunos años más, no podemos dejar de vincular estas operaciones políticas pequeñas con un hecho mucho mayor pero de la misma índole, que tuvo como objetivo sacudir el tablero electoral para perjudicar a alguno de los candidatos.
En efecto, en enero de 1989 el diario Página 12 comenzó a difundir la inminencia de un golpe de estado contra la democracia. Durante varios días los denunciantes aparecieron en ese diario, haciendo la misma denuncia y convocando a salvar la democracia. A los pocos días, un grupo de terroristas tomó el cuartel de La Tablada, con consecuencias trágicas que no vale la pena detallar aquí.
No se nos escapa la abrumadora distancia entre aquel acontecimiento y estas travesuras electoralistas de quienes se sienten perdedores. Pero uno se pregunta qué hubiera pasado en la casa de Massa si el prefecto (que es un subordinado de Sergio Berni) hubiera encontrado alguien que lo reconociera. ¿Hubiera usado su pistola con silenciador?
Todo esto es raro, muy raro. Tiene todas las características de la chapucería que se adueña de quienes deben ir despidiéndose del poder, y no quieren hacerlo.