Nuevos eran los de antes

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

ilustra viejo rockero[dc]M[/dc]ucho, muchísimo optimismo irradian aquellos movimientos culturales que incorporan en su denominación el calificativo de “nuevo”. Usar esa palabra los ubica en una atemporalidad incómoda: nadie puede ser eternamente novedoso sin caer en una contradicción inadmisible. Por eso, pasar a la historia con ese apelativo no deja de ser insólito.
En el rock, a comienzos de la década del ochenta ya se había popularizado a escala mundial el nombre de “new wave” para un estilo que suavizaba con arreglos pop aquellas escandalosas arengas que había ensayado el punk. Grupos como The Police, Dire Straits o Boomtown Rats ingresaron gustosos dentro de esa categoría, que durante unos pocos años sirvió como rótulo oportuno para las discográficas.
Traducido al español, lo que se escuchaba era la “nueva ola”, un título que ya en Francia había servido para englobar a los directores que reinventaron la forma de hacer cine en los sesenta. Y en la Argentina se le llamó así al despertar juvenil a la música en esa misma década. De hecho, anoticiado de la “new wave” que bajaba desde el Norte, el propio Charly García sumó al repertorio de su banda de entonces, Serú Girán, una canción en la que sentenciaba: “Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar”.
El paso del tiempo se ha ensañado con lo nuevo que traían esas olas, hasta dotarlo de un color amarillento que delata su antigüedad. Charly se reía de la sonrisa de Jolly Land, veinte años después de que ella llegara al estrellato. Ahora que han pasado más de 30 años de la “new wave”, que los discos de vinilo de The Police se han convertido en piezas de museo y que sus canciones son tarareadas por chicos que no habían nacido cuando fueron grabadas, cabe preguntarse hasta cuándo se extiende la cualidad de “nuevo”.
Se supone que la novedad es una condición efímera. Algo novedoso hoy dejará de serlo mañana, porque mañana probablemente aparecerá algo más nuevo que envejecerá indefectiblemente a las novedades de ayer. Es un proceso no exento de cierto fatalismo, en el cual unas olas suceden a otras, de la misma manera que pas con el oleaje de los mares.
En los años noventa, dentro de los cientos de subgéneros a los que dio lugar el heavy metal, surgió uno que recurrió al viejo truco de la novedad para darse a conocer. Un conglomerado de bandas que fusionaban el sonido heavy con impurezas como el hip hop o el grunge, conformaron un estilo distinto, el “nü metal”, que aspiraba a seducir a las jóvenes generaciones y que rápidamente encontraron su espacio en los medios masivos de difusión.
De ese big bang saltó a los escenarios Korn, un grupo que no ha perdido un ápice de su magnetismo, a pesar de que su disco debut data de 1994. Basta echar un vistazo a las remeras que se venden en las rockerías, para detectar indefectiblemente las que se exhiben con el logo de la banda, favoritas aún hoy entre las huestes juveniles (y no tanto).
Tras ese primer asalto, del que también participaron Deftones o System Of A Down, vino una segunda arremetida, en la que sobresalieron Limp Bizkit y Linkin Park, dos formaciones que supieron ganarse la alta rotación en los canales de video, gracias a estrategias que adecentaban la aspereza original del nü metal. En ese tropel estaba incluida Papa Roach, una banda que se dio a conocer ya en el siglo veintiuno y que respetaba los paradigmas del subgénero con un manifiesto acercamiento al rap.
Apenas 13 años después de ese deslumbramiento inicial, esta banda de la nueva ola metálica ha cedido al devenir todo viso de novedad, para refugiarse en el rincón donde se amontona lo que pronto será retro, aunque todavía no lo es. Y de esta forma resultan difíciles de encasillar, a esta altura de los acontecimientos, tanto su propuesta como el tipo de público que será permeable a sus interpretaciones.
Esta semana se canceló el concierto que Papa Roach tenía previsto ofrecer el lunes en el Luna Park. Se adujo como motivo un problema en la garganta que afectó al cantante Jacoby Shaddix. No se conoce, hasta el momento, que alguien haya leído la fecha de vencimiento del nü metal y haya presentado su queja.