Ver lo esencial

Por J.C. Maraddón
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ilustra netflixVarias veces nos hemos referido aquí a los cambios de hábitos que se registran en el consumo de cultura, sobre todo a partir de las innovaciones tecnológicas. Sin ánimo moralizante, la idea es dar cuenta de esos fenómenos a los efectos de discriminar en cuánto alteran esas variaciones la esencia de las expresiones artísticas tradicionales. O si surgen géneros nuevos, como el videominuto o el arte digital, en función de las posibilidades que se ofrecen ahora y que no existían antes.
En ese poco ortodoxo registro de novedades, una de las que muestra indudables signos de fortalecimiento es Netflix, la plataforma que permite visualizar películas y series on line. Gracias a sus 32 millones de usuarios en todo el mundo, la compañía lidera su segmento dentro del mercado y ha conseguido ganarse un respecto entre los consumidores, del que no gozaba hasta hace un tiempo.
Y es que cuando uno presenta algo nuevo, utiliza referencias a cosas ya conocidas para describirlo, como forma de facilitar la comprensión. Entonces, en la divulgación de la prensa, Netflix fue presentado en su momento como una especie de videoclub online. Y convengamos en que, desde hace al menos una década, los videoclubes vienen en caída libre como proveedores de manufacturas audiovisuales; así que la comparación no favoreció a la empresa estadounidense en su desembarco en la web.
En medio de la caída de pools multinacionales como Blockbuster y de la expansión de Youtube, que de golpe apareciese un sitio para ver películas a cambio de una cuota mensual no sonaba muy revolucionario. Con ordenadores de la vieja guardia, a nadie le importaba demasiado el HD ni el doblaje en español castizo. La cuestión fundamental era acceder de manera gratuita a aquello por lo que otros cobraban.
Este maremágnum de descargas se encontró con por lo menos un par de inconvenientes dignos de mención. Por una parte, el peso de los archivos de video (aun de los comprimidos) es considerable, y su acumulación en un disco duro podía llevar una memoria al punto de saturación. Pero, además, por idéntico motivo estos archivos se resistían a su traslado y obligaban a ver la película solo en la PC donde se la hubo descargado.
Fue entonces cuando empezó a consolidarse el imperio de Netflix, que brindaba soluciones prácticas a cada uno de estos inconvenientes. Para acceder a sus contenidos, solo se requiere conectarse a internet. No hay archivos para descargar, ni pesados ni livianos. Y el usuario puede, con su contraseña, ingresar a su cuenta y elegir lo que va a ver desde cualquier dispositivo, incluyendo los móviles (tablets o teléfonos).
Todavía el catálogo de títulos disponibles dista mucho de ser completo. Por el contrario, apenas si supera las existencias de un videoclub de barrio, de esos que todavía sobreviven pese a los embates del mercado virtual. Pero se supone que su oferta irá en aumento, de manera proporcional a la aparición de competidores como GreenCine, Hulu, Redbox y el propio Youtube.
La pauta acerca del despegue de estas novedosas plataformas la brinda la grilla de candidatos a quedarse con algún premio Emmy, las estatuillas que distinguen a la producción televisiva en los Estados Unidos. Las producciones propias de Netflix han obtenido 14 nominaciones para la edición 2013, lo que muchos analistas señalan como la consagración definitiva de este experimento on line.
Entre sus aciertos figuran haber resucitado la vieja sitcom “Arrested Development” con una cuarta temporada, haber readaptado la antiquísima miniserie británica “House of Cards” y haber llevado al formato de tira la novela de terror “Hemlock Grove”. Con ese tridente, a Netflix le basta y sobra para amenazar con el quiebre del monopolio que sostenía la TV tradicional en cuanto a la producción de contenidos originales.
Como siempre, está reflexión finalizará con puntos suspensivos. O signos de interrogación. Porque después de sobresaltarnos con cientos de terremotos tecnológicos, hemos aprendido a aferrarnos a aquello que, sabemos, seguirá en pie. Ya sea a través de plataformas virtuales, de televisión digital, abierta o por cable, estaremos siempre atentos a aquello que nos sorprenda, que nos conmueva, que nos entretenga con las mejores armas. En el futuro, al igual que en el presente y el pasado, éstas serán las premisas que nos mantendrán expectantes.